Mujer, de entre 45 y 54 años y con estudios de Secundaria, el perfil del parado en Melilla

Más del 70% de los desempleados melillenses se encuentran atrapados en una situación prolongada de inactividad laboral

Hay distintos informes oficiales para analizar el impacto del paro en un determinado territorio, como es el caso de Melilla. Por un lado, están las estadísticas del Ministerio de Trabajo, que cada mes ofrece las cifras en cuanto a desempleados, su variación con el mes anterior y anual o el número de contratos que se han rubricado, entre otros campos.

Además, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publica trimestralmente la Encuesta de Población Activa (EPA), una investigación continua que viene realizándose desde 1964. Su finalidad principal es obtener datos de la población en relación con el mercado de trabajo en cuanto a ocupados, activos, parados e inactivos.

La EPA se realiza sobre una muestra de 55.000 familias españolas al trimestre o, lo que es lo mismo, unas 130.000 personas. Con estos informes es posible hacer un perfil del demandante de empleo de cada provincia o comunidad autónoma.

En Melilla, la última EPA vuelve a poner de manifiesto un mercado laboral muy condicionado por el desempleo de larga duración. El número total de personas sin trabajo se sitúa en 8.400, de las que 4.700 son mujeres y 3.700 hombres. Aunque la brecha de género es menos acusada que en otras regiones, las mujeres siguen concentrando la mayor parte del paro, representando más de la mitad del total.

Edad con más demandantes

Uno de los rasgos más preocupantes es la cronificación del desempleo. Hasta 3.800 personas llevan más de dos años buscando trabajo, a las que se suman otras 2.200 que encadenan entre uno y dos años en paro. En conjunto, más del 70% de los desempleados melillenses se encuentran atrapados en una situación prolongada de inactividad laboral y enquistamiento, un indicador claro de dificultades estructurales para generar empleo estable.

El análisis por edades muestra un patrón distinto al de otros territorios. El tramo con mayor peso en el desempleo es el de 45 a 54 años, con 2.700 personas sin un puesto de trabajo, lo que supone el 31,8% del total. Este grupo está especialmente feminizado, ya que entre las mujeres alcanza el 37,4%, frente al 24,6% en el caso de los hombres. Se trata de un colectivo que suele combinar experiencia laboral con crecientes obstáculos para la reincorporación al mercado de trabajo.

Le sigue el grupo de 25 a 34 años, con 2.000 desempleados, el 23,6% del total. Aquí las diferencias por sexo son más moderadas, aunque las mujeres vuelven a registrar un mayor peso relativo (24,7%) que los hombres (22,1%). Por su parte, los parados de entre 35 y 44 años suman 1.000 personas, el 12,3%, un tramo donde el desempleo femenino multiplica al masculino.

Situación de los jóvenes

El paro juvenil presenta una doble lectura. Los menores de 19 años demandantes de un puesto de trabajo apenas suman 100, el 1,6% del total, aunque con mayor incidencia entre los hombres. Sin embargo, la situación cambia de forma abrupta en el tramo de 20 a 24 años, donde se contabilizan 1.500 parados, el 18,4% del total. En este grupo destaca especialmente el desempleo masculino, que alcanza el 25,9%, frente al 12,5% de las mujeres, lo que apunta a dificultades específicas de inserción laboral tras la etapa formativa.

Entre los mayores de 55 años, el paro vuelve a ganar peso. Las 1.000 personas desempleadas de esta franja suponen el 12,3% del global melillense, con una clara diferencia por sexo, hasta el punto de que casi uno de cada cinco parados hombres tiene más de 55 años, frente a un 6,5% en el caso de las mujeres.

El nivel educativo refuerza la imagen de un desempleo muy ligado a la baja y media cualificación. El 35,3% de los parados cuenta con estudios de primera etapa de Secundaria, mientras que el 20,7% solo ha completado la Educación Primaria y un 11,2% ni siquiera la ha finalizado. Aunque el porcentaje de personas con segunda etapa de Secundaria es relevante (23,9%), solo un 7,8% de los desempleados tiene estudios superiores, una de las cifras más bajas del conjunto nacional.

Con estos datos, el perfil del parado en Melilla se define con nitidez: mujer, de mediana edad, con estudios básicos o medios y con una elevada probabilidad de llevar años buscando empleo. Un retrato que vuelve a plantear preguntas sobre la capacidad del modelo económico local para ofrecer salidas laborales reales en una ciudad donde el desempleo parece haberse instalado como un fenómeno estructural más que coyuntural.

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