La ciudad autónoma de Melilla ya tiene definido el cartel de su Feria taurina de 2025, una cita que este año se presenta como una reivindicación de la tradición, del valor y también de la diversidad en el mundo del toreo. El próximo 3 de septiembre, a las 18:30 horas, el coso melillense acogerá una corrida de toros que reunirá a Morante de la Puebla, Juan Ortega y la novillera Olga Casado.
El anuncio se ha realizado hoy a las 20:00 horas en la propia plaza de toros, en un acto conducido por el presidente de la Fundación Melilla Ciudad Monumental, Francisco Díaz. Además, han intervenido el presidente de la plaza, Justo Sancho Miñano, y el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda. Todos ellos defendieron con entusiasmo y no pocas dosis de nostalgia la continuidad de los festejos taurinos en Melilla, a pesar de los cambios de sensibilidad que afectan hoy al conjunto del país.
En el ruedo se lidiarán cuatro toros de la ganadería de Tornay, destinados a los matadores Morante y Ortega, y dos novillos del hierro de Antonio Rubio “Macandro” para Olga Casado, una de las pocas mujeres que ha conseguido ganarse un sitio en carteles de esta categoría.
“El cartel de este año es único”, afirmó Paco Díaz durante su intervención, insistiendo en que “traer a figuras como estas, a los precios que se ven en Melilla, no ocurre en ninguna otra plaza del mundo”. El presidente de la Fundación también quiso destacar el esfuerzo que se realiza desde el Gobierno para “dignificar cada año esta fiesta” y convertirla en un evento accesible y culturalmente relevante para toda la ciudadanía. “No hacemos esto para cuatro, sino para todos los melillenses”, subrayó.
Uno de los momentos más aplaudidos de la presentación fue la intervención de Juan José Imbroda, que no solo ratificó su respaldo a la tauromaquia como parte de la identidad cultural de Melilla, sino que también reivindicó el derecho de los aficionados a seguir celebrando esta tradición. “Yo sé que habrá gente que no entiende los toros, y lo respeto. Pero también pido el mismo respeto para la gente a la que le gusta”, dijo el presidente.
Imbroda recordó que fue él mismo quien, años atrás, prometió públicamente que mientras fuera presidente habría toros en la ciudad. “Lo dije en un momento de fervor patriótico, y lo mantengo porque creo que Melilla, con la única plaza activa en África, merece seguir teniendo toros”, declaró.
El presidente no escatimó anécdotas personales para ilustrar su defensa de la fiesta. Habló de la última visita de Morante de la Puebla a la ciudad, hace más de una década, y de cómo el diestro sevillano quedó fascinado por la estética del recinto. “Me decía que era una plaza preciosa. Él es muy artista, muy sensible. Me pedía que pusiéramos unas cenefas en la andanada para hacerla aún más bonita. Al final no las pusimos, pero la plaza sigue siendo una joya”.
También sorprendió con su sinceridad al admitir que inicialmente no vio con buenos ojos la inclusión de una mujer en el cartel. “Yo soy antiguo, no lo voy a negar. Me chocaba ver a una novillera junto a dos figuras. Pero Paco Díaz y su equipo insistieron, y al final tanto Morante como Ortega dijeron que sí encantados. Hoy reconozco que me equivoqué”.
El cartel anunciado para el 3 de septiembre representa, sin duda, una combinación poco frecuente. En él se reúnen tres perfiles distintos, cada uno con un modo propio de entender el toreo.
Morante de la Puebla, a quien muchos consideran el torero más influyente de la última década, atraviesa una etapa de plena madurez artística. Conocido por su toreo barroco y su capacidad para emocionar desde lo estético, ha logrado conectar con públicos más allá de los círculos estrictamente aficionados. “Es un fuera de serie que ha logrado dominar sus propios demonios”, recordó Imbroda en relación a una conversación que tuvo con el preparador físico del torero. “Hoy torea con una autoconfianza descomunal”.
Juan Ortega, por su parte, representa el clasicismo puro. Sevillano también, se ha ganado el respeto del público por su temple y su capacidad para ralentizar el tiempo con el capote. “Torea a cámara lenta”, lo definió Justo Sancho Miñano, presidente de la plaza, que confesó tener una especial debilidad por él: “Aunque lo veas en bañador, sabes que es torero. Tiene eso que no se puede enseñar”.
Y Olga Casado, la tercera en discordia, llega como la novedad y la promesa. La joven novillera ha llamado la atención por su valor, pero también por su discurso firme y coherente en defensa de la tauromaquia. “Tiene mucho que decir dentro y fuera del ruedo”, dijo Sancho Miñano, destacando su carácter y compromiso con la tradición.
La plaza de toros de Melilla, construida en 1947, ha sido a lo largo de los años un referente cultural en la ciudad, aunque su actividad se ha ido reduciendo hasta quedar casi circunscrita a las celebraciones feriales. Es, no obstante, la única plaza de toros en activo del continente africano, un dato que Imbroda no se cansa de repetir para subrayar su singularidad.
En los años 50 y 60, Melilla llegó a acoger a las grandes figuras del toreo español. “No la inauguró Manolete porque murió una semana antes”, recordó el presidente. Desde entonces, la plaza ha conocido ciclos de esplendor y decadencia, aunque ha conseguido resistir a los vaivenes políticos y económicos.
En este contexto, la corrida del 3 de septiembre se presenta no solo como un espectáculo taurino, sino como un gesto de afirmación cultural. En una ciudad marcada por su pluralidad y sus tensiones identitarias, la continuidad de esta tradición se interpreta como un vínculo con un pasado común y con un país del que, en ocasiones, se siente geográficamente distante.
El cartel, además, responde a una estrategia que busca revitalizar el festejo melillense, muy condicionado en años anteriores por las limitaciones presupuestarias y la falta de proyección exterior. Los organizadores esperan que la inclusión de figuras de primera fila y una joven promesa sirvan para atraer tanto a los aficionados de siempre como a un público nuevo.
La Fundación Melilla Ciudad Monumental ha apostado también por mantener los precios populares, un elemento que considera esencial para garantizar la afluencia de público. “Lo que cuesta ver a Morante y a Ortega aquí, no se paga en ningún otro sitio”, insistió Francisco Díaz.
"Que Dios reparta suerte", cerró Imbroda. En Melilla, el paseíllo está servido.
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