Melilla salió este martes a la calle. Y lo hizo para acompañar a su patrona.
La Virgen de la Victoria volvió a recorrer el centro de la ciudad en su día grande. A las 19:00 horas, las puertas del Sagrado Corazón se abrieron y comenzó la Procesión de Alabanzas.
Había ganas de verla.
Vecinos, autoridades, representantes de distintas instituciones y miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad formaron parte del cortejo. Pero, sobre todo, estaban los melillenses. Los que siguieron a la Virgen durante todo el recorrido. Y los que esperaron su paso en las calles y desde los balcones.
También hubo flores. Muchas.
La procesión dejó varias petaladas a lo largo del recorrido. Una de ellas, frente a la Comandancia. Otra, en la calle López Moreno, donde el Ballet Colores, de Merche Hurtado, ofreció además una actuación a la patrona.
Y la música acompañó cada paso.
La Nuba del Grupo de Regulares de Melilla nº 52 abrió el cortejo. Detrás, la Virgen. Y cerrando la procesión la Asociación Banda de Música, Orquesta Sinfónica y Coro ‘Ciudad de Melilla’ (Asbanor).
Los Regulares tuvieron un papel especial. Son hermanos mayores honorarios de la Congregación. Por eso caminaron junto al trono y acompañaron a la Virgen con honores.
La Guardia Civil también estuvo presente como escolta del guion.
El cortejo contó con representantes de las distintas Juntas de Gobierno locales. También con seis ciriales y los enseres litúrgicos, que permanecieron cubiertos durante la salida.
Pero había algo que llamaba especialmente la atención.
La Virgen estrenaba trono.
Después de años de uso, el anterior había sufrido un importante deterioro. Tocaba cambiarlo.
El nuevo trono ha sido realizado por el orfebre cordobés Pedro Angulo. Es metálico, de acabado plateado y mucho más ligero que el anterior.
Pesa unos 500 kilos.
Son 300 menos que el antiguo trono de madera.
Una diferencia importante para los portadores. Para esta salida hicieron falta 60.
El nuevo trono también cambia por fuera. En el arco de la campana reproduce la fachada completa de la iglesia de la Purísima Concepción. La peana es de carrete y aérea. Está diseñada para garantizar la estabilidad y cuenta con un revestimiento antihumedad.
Las velas iluminaron la candelería, que incorpora cuatro arbotantes de siete brazos.
También hay una pequeña capilla. En ella se conserva una reliquia de San Francisco.
Y aparecen tres escudos: el de España, el de Melilla y el de Regulares 52.
La intención es que este trono acompañe a la Virgen durante muchos años. Décadas, si es posible.
La procesión tampoco siguió este año el recorrido habitual.
La Virgen salió del Sagrado Corazón y tomó la calle López Moreno en dirección a la Comandancia. Allí llegó la primera petalada.
Después, el cortejo bajó por el Parque Hernández hasta la Plaza de España. Cruzó la avenida Juan Carlos I y regresó de nuevo por López Moreno.
El recorrido duró alrededor de dos horas.
Fue un itinerario conocido. Ya se había utilizado en la procesión extraordinaria por el 75 aniversario de la Congregación. Esta vez, eso sí, se hizo en sentido inverso.
La elección tuvo además un motivo especial. El vicario episcopal había mostrado su agrado por este recorrido antes de su próxima despedida de Melilla.
Y hubo otro detalle que no pasó desapercibido.
El Arbotante de Honor lució un lazo negro y blanco. La Congregación explicó que era un símbolo de recuerdo, apoyo y oración hacia los hermanos caballas, que continúan atravesando momentos difíciles.
El lazo acompañó a la Virgen durante toda la tarde.
La jornada había comenzado horas antes. A las 12:00 se celebró la Función Solemne en honor a la Virgen de la Victoria.
Una celebración diferente. Dedicada únicamente a ella.
La Congregación quiso remarcar que la patrona pertenece a todos los melillenses, independientemente de la fe que profese cada persona.
Y la tarde volvió a demostrarlo.
La ciudad se llenó para verla pasar. Hubo uniformes. Peinetas. Flamencas. Instituciones. Familias. Vecinos asomados a los balcones.
Cada uno a su manera.
Unos caminaron detrás del trono durante todo el recorrido. Otros esperaron en una esquina. Algunos la vieron desde casa.
Pero todos compartieron la misma escena.
La Virgen avanzando despacio por las calles de Melilla. La música detrás. Las flores cayendo desde los balcones. Y cientos de personas acompañándola.
Este 8 de septiembre dejó además una imagen nueva para la historia de la Congregación: la patrona estrenando trono.
Más ligero. Más moderno. Con nuevos detalles.
Pero rodeado de la misma gente de siempre.
Porque cambió el trono. Cambió el sentido del recorrido. Llegaron nuevas sorpresas.
Lo que no cambió fue lo importante.
Melilla volvió a salir a la calle para acompañar a su Virgen.
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