Melilla rinde homenaje a sus marineros con una procesión en honor a la Virgen del Carmen

Tras la misa en la iglesia castrense, las damas de la ULOG han llevado la imagen hasta la Plaza de los Pescadores donde los melillenses han dejado sus claveles y sus deseos

La tarde del 15 de julio Melilla se ha vuelto a vestir de sentimiento, fe y memoria. La ciudad autónoma, que históricamente ha vivido de cara al mar, ha rendido este martes un sentido homenaje a quienes dedicaron su vida a las aguas del Mediterráneo. En vísperas del Día de la Virgen del Carmen, patrona del mar y de los marineros, la comunidad melillense ha vuelto a encontrarse en una de sus tradiciones más íntimas y emotivas.

El componente religioso y espiritual se ha hecho visible desde las siete de la tarde, cuando ha dado comienzo una misa solemne en la iglesia castrense. Un acto presidido por el Pater David Sevilla, que desde el primer momento ha apelado a la emoción de los presentes y a la profundidad del mensaje de la jornada.

“¿Por qué hay que ser valiente para alzarse en el mar?”, preguntaba en su homilía, “porque lo desconocemos igual que otras muchas cuestiones. Quien trabaja en el mar sabe que significa confiar. Sabe lo que es tener a un compañero leal”. Sus palabras, intensas y poéticas, recordaron que los héroes del mar no llevan capa, sino redes, manos agrietadas y jornadas sin garantías. Sevilla ha insistido también en que el mar es libertad, pero también riesgo, y que quien se entrega a él lo hace con una fe que muchas veces se aprende en silencio y en comunidad.

Al término de la eucaristía, la imagen de la Virgen del Carmen (de pequeño formato, sencilla pero profundamente simbólica) ha sido portada en procesión hasta la Plaza de los Pescadores. La llevaron sobre sus hombros las Damas del Carmen de la Unidad Logística (ULOG), entre aplausos, rezos y un respetuoso silencio que acompañó cada paso por las calles del casco histórico, solamente roto por el tambor que las acompañaba.

El destino final ha sido la renovada Plaza de los Pescadores, un espacio que la ciudad ha querido convertir en santuario público para quienes dejaron su vida en el mar. Allí, frente al monumento del barco con los nombres de embarcaciones históricas de Melilla, se ha realizado una emotiva ofrenda floral. A cada asistente se le ha entregado un clavel blanco, que, en un gesto cargado de simbolismo, ha sido arrojado frente al barco como deseo, plegaria y recuerdo.

Durante el acto, se ha recitado la Salve Marinera, oración tradicional de la Armada Española, y se ha escuchado el Himno Nacional, cerrando así un momento de emoción. Entre los asistentes, muchos descendientes de marineros, rostros curtidos por la vida y voces emocionadas que recordaban a padres, hermanos o esposos perdidos en la mar.

Una de las intervenciones más conmovedoras fue la de una vecina, hija de pescador, que leyó un poema:
“Soy hija de pescador, tengo a mi padre en la mar, mi madre en casa guardando lo que el mar les quiera dar… El mar es bello y bonito, pero ay, cuando se enfada, cuánto nos hace temblar.” Sus versos fueron recibidos con lágrimas y aplausos, en un reconocimiento no solo al esfuerzo de los hombres en alta mar, sino también al de las mujeres que esperaban en tierra.

El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, ha tomado la palabra para recordar los orígenes del homenaje. “Melilla, en los años 70, fue una potencia en el mar”, ha explicado. “Fuimos la tercera plaza en capturas de todo el Mediterráneo español. Había fábricas de salazones, conservas, redes… un barrio entero, el del Mantelete, que bullía de actividad”.

Imbroda ha hecho memoria de las viviendas conocidas como Corea, construidas para acoger a las familias de los trabajadores del mar. “Allí estuvo durante décadas una imagen de la Virgen del Carmen, que hoy sigue presente en el barrio actual. Y esta plaza pretende ser un lugar donde se conserve esa memoria viva. Donde los melillenses puedan venir y decir: aquí están los nombres de nuestros barcos, de nuestros hombres, de nuestra historia”.

La jornada ha tenido también un componente de unidad civil y militar. Como ha destacado el Pater Sevilla, “hoy se aúna la devoción particular con la universal, la tradición militar con la civil. Todos salimos a las calles sin distinción para rendir homenaje a nuestra Santa Virgen del Carmen”.

En su oración final, el sacerdote ha pedido por quienes hoy siguen en el mar: pescadores, marinos, soldados desplegados en misiones internacionales. “Que regresen a casa con bien. Que la Virgen del Carmen los proteja. Que su escapulario no sea adorno, sino escudo”.

La devoción a la Virgen del Carmen en Melilla no es solo tradición. Es identidad. Es agradecimiento. Es memoria. Porque esta ciudad, como dice su himno, es "marinera entre piedras", y en cada piedra hay un nombre, una red, un recuerdo.

Y cuando la plaza ha quedado en silencio, cubierta de claveles, ha quedado clara una cosa. En Melilla, el mar no es solo paisaje. Es familia, es historia y es fe.

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