Melilla ha vuelto a vestirse de solemnidad con motivo de los actos conmemorativos del Día de la Fiesta Nacional, una jornada marcada por la emoción, el respeto y el orgullo compartido de ser español. En el Parque Hernández, lugar emblemático de la ciudad, se ha desarrollado una ceremonia en la que han participado autoridades civiles y militares, representantes institucionales, escolares y ciudadanos, rindiendo homenaje a los símbolos nacionales y a quienes dieron su vida por España.
El acto, organizado por la Comandancia General de Melilla (COMGEMEL), ha contado con una cuidada secuencia protocolaria que ha incluido el Canto a la Bandera, el Arriado de la Enseña Nacional, la Entrega de la Bandera al Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Melilla, y un emotivo homenaje a los caídos, antes de finalizar con el desfile de la Unidad de Honores.
Entre las personalidades presentes destacaron la Delegación del Gobierno y el Presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, cuya participación tendría un papel protagonista durante el homenaje.
La Unidad de Honores estuvo bajo el mando del Capitán Antonio Javier Fuentes Melián, perteneciente al Regimiento de Artillería Mixto nº 32, y se compuso de efectivos de distintas unidades, reflejando la diversidad y la cohesión de las Fuerzas Armadas en la ciudad.
La formación estuvo integrada por la Escuadra de Gastadores de la Compañía de Mar de la Unidad Logística 24, la Unidad de Música y Banda Mixta de la Comandancia General de Melilla, así como secciones representativas de la Compañía de Mar de la Unidad Logística nº 24, del Regimiento de Caballería “Alcántara” nº 10, del Regimiento de Artillería Mixto nº 32 y del Tercio “Gran Capitán” 1º de La Legión.
Uno de los momentos más emotivos del acto lo protagonizaron los más pequeños.
Los niños Ignacio Marín Berenguer y Raúl Palomino Moreno fueron los encargados de recitar el Canto Oficial a la Bandera de España, una composición escrita en 1906 por Sinesio Delgado García.
El canto, concebido para ser recitado o leído por los escolares como muestra de respeto y amor a la Patria, resonó en el recinto con fuerza y ternura, recordando la importancia de inculcar desde la infancia el valor del compromiso y la identidad nacional.
El público asistente acompañó este momento con un respetuoso silencio, y muchos de los presentes no pudieron evitar emocionarse al escuchar las voces infantiles invocar el nombre de España con orgullo.
Tras el canto, tuvo lugar el solemne Arriado de la Bandera Nacional, una de las ceremonias más significativas de la jornada.
La enseña fue arriada por tres marineros de la Compañía de Mar de Melilla, la unidad más antigua del Ejército de Tierra en la ciudad.
La bandera descendió lentamente mientras la banda interpretaba los acordes del himno nacional.
En ese instante, el ambiente se llenó de respeto, con todos los presentes firmes, en posición de saludo, y con el corazón puesto en los valores que representa el símbolo patrio. Una vez finalizado el arriado, miembros de tropa de las distintas unidades de la Comandancia General de Melilla, junto con efectivos de la Comandancia Naval, la Comandancia Militar del Aeropuerto y la Guardia Civil, recogieron y plegaron cuidadosamente la bandera, en un gesto de máxima solemnidad.
En el acto a los caídos han participado Guiones de las Unidades COMGEMEL, de la Unidad de Servicios de la Base Discontinua Teniente Flomesta y de la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla.
El acto continuó con la entrega oficial de la Bandera de España al Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Melilla, como parte de la secuencia de arriados que la Comandancia General de Melilla realiza para estrechar lazos con la sociedad civil.
La bandera, una vez plegada, fue entregada por el Comandante General de Melilla a Justo Sancho-Miñano Belmonte, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Melilla, en reconocimiento a la extraordinaria labor que desempeña la institución, especialmente destacada durante los últimos años.
Este gesto simbólico cobra especial relevancia al coincidir con la celebración del centenario fundacional del Colegio de Médicos de Melilla, una efeméride que subraya un siglo de compromiso, servicio y profesionalidad al cuidado de la salud de los melillenses.
La entrega de la enseña nacional se realizó “como un símbolo de aquello que nos une a todos los melillenses y a todos los españoles, por encima de nuestras diferencias: el trascendental orgullo de ser español”.
El punto culminante de la ceremonia fue el Homenaje a los Caídos, un acto de profunda carga emocional y simbólica. El Jefe de la Fuerza ordenó: “Guiones de las Unidades, rindan homenaje a los que dieron su vida por España”.
El sonido del cornetín marcó el inicio con la llamada “Entrada a paso ordinario”, mientras el capellán se aproximaba al lugar del relator para el rezo del responso. Los guiones, acompañantes y portacoronas avanzaron a paso lento al compás de la canción 'La muerte no es el final', hasta llegar al monolito dedicado a los héroes caídos.
En ese momento, el Presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, depositó una corona de laurel ante el monolito, en un gesto de respeto y gratitud hacia aquellos que entregaron su vida por la patria.
El silencio era absoluto mientras la corona se posaba a los pies del monumento, roto únicamente por el eco solemne del toque de oración.
Posteriormente, el capellán ofició una breve oración pluri-confesional, recordando la diversidad de creencias que conviven en la ciudad bajo un mismo sentimiento de unidad y hermandad.
Concluido el toque de Oración por parte de una Sección, una salva de fusilería rompió el aire, simbolizando el tributo militar a los que ya no están. Fue, sin duda, el momento más sobrecogedor de la tarde donde emoción, memoria y respeto se unieron en un mismo sentimiento compartido.
Tras el homenaje, los guiones y acompañantes regresaron a su ubicación original mientras el relator anunciaba el final del Arriado y Homenaje a los Caídos. La música volvió a sonar con fuerza, marcando el inicio del Desfile de la Unidad de Honores, que recorrió el espacio ante la atenta mirada de las autoridades y los asistentes.
La Compañía de Honores, que había participado activamente en todo el acto, ocupó su posición de espera para desfilar con impecable precisión.
Los presentes respondieron con aplausos y vítores al paso firme de los soldados, marineros y legionarios, quienes representaban el compromiso, la disciplina y el espíritu de servicio de las Fuerzas Armadas.
Cada unidad pasó ante la tribuna con paso marcado, luciendo sus uniformes y estandartes, en un despliegue de coordinación y respeto.
El sonido de los tambores y las cornetas, junto con el ondear de las banderas, puso el broche de oro a un acto que simboliza la unión entre las instituciones militares y la ciudadanía melillense.
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