Melilla revive su legado sefardí con una ruta por la historia y la cultura hebrea

Decenas de personas recorrieron la ciudadela, el museo, el cementerio y la sinagoga guiadas por la historiadora María Elena Fernández y el presidente de Mem Guímel, Mordejay Guahnich

Durante la mañana de domingo, el Museo Etnográfico de las Culturas Amazigh, Gitana y Sefardí, se convertía en un punto de encuentro para decenas de personas que se unían a la la ruta sefardí. Un camino guiado por la ciudadela, el museo, el cementerio y la sinagoga que pretende acercar la historia y la simbología cultural y religiosa de una de las comunidades de Melilla.

El recorrido ha ido de la mano de la docente e historiadora María Elena Fernández Días y del presidente de la Asociación Cultural Mem Guímel, Mordejay Guahnich. Una vez todos los asistentes se encontraban, Fernández hizo un primer recorrido basado en el pasado histórico y de asentamiento de la población de origen sefardí proveniente principalmente de ciudades del norte de África y de las cábilas cercanas a Melilla, tras ser expulsados de la Península en el siglo XV. Durante su explicación, los interesados han recorrido diferentes calles y puntos estratégicos que recogen los primeros asentamientos y construcciones de lugares de culto de la población hebrea que, poco a poco, fueron llegando a Melilla. Además, la historiadora ha comentado los primeros encuentros entre la población española que llegó a la ciudad y los residentes norteños que preservaban la lengua del Sefarad, el ladino, pero, tal y como apuntó Guahnich, posteriormente, una lengua que se mezcló con terminaciones principalmente árabes, durante los siglos pasados, dando lugar a la Haquetía. Con la llegada de los peninsulares con Pedro Estopiñán a la cabeza, en el siglo XVI, comenta Fernández,  en ese primer encuentro se detiene una frase "hay unos que hablan como nosotros". Un primer contacto que se iría desarrollando con los años, hasta que los conflictos que alteran la zona, llevan a parte de esta población a pedir refugio en Melilla, materializándose en 1864 una orden por la que se permitía su entrada y residencia.

Principalmente se trataba de comerciantes, o traficantes -como se definía en aquella época-. Entre las familias que llegan, se asientan y se desarrollan en la ciudad se encuentran la familia Salama, proveniente de Tetuán, quien incluye un familiar rabino. Comienzan a construirse también las primeras sinagogas en Melilla la Vieja, que llegaría a contar con tres lugares de culto hebreo y una iglesia, mientras que las mezquitas se mantuvieron a pie de la ciudadela. Según la historiadora, esta zona particular de Melilla adquiriría el nombre de "la pequeña Jerusalén". La historia de esta comunidad se mantiene hoy en pequeñas placas que localizan el pasado, situadas en los edificios. Allí se escribe una pequeña parte de la presencia y la historia de la ciudad. En algunas de estas placas puede leerse Tefilá, que -según explica Fernández- alude a una oración, pero en Melilla adquiere el significado de sinagoga, manteniendo hasta el presente esta definición entre la población de unos 1000 habitantes en la localidad.

Fernández explica, que muchas de las personas comenzaron a censarse en el Libro de la Ciudadanía de Melilla, tras haber pasado la documentación necesaria por la Gaceta en Madrid. En este sentido, las personas adquieren las "mismas obligaciones y los mismos derechos".  Otras familias que llegaron son, por ejemplo, Melul, quienes crearon el colegio judío privado, introdujeron la primera galería fotográfica de la ciudad, y constituyeron la primera empresa de cajas fúnebres para cristianos -ya que tanto judíos como musulmanes mantienen otro rito de enterramiento mediante lienzo-. "Donde está el negocio invierten, aunque no todos triunfan", sostiene Fernández, quien añade que existe una normativa específica para Ceuta y Melilla en relación al mantenimiento de las costumbres de enterramientos, únicas en España.

Posteriormente, tras este recorrido por las calles, la visita continúa en el Museo Etnográfico, donde el presidente de la Asociación Mem Guímel, ayudó a los participantes a comprender la simbología que envuelve a la cultura y las costumbres hebreas. Además, Guahnich comenzó su exposición aludiendo a que Melilla supone la primera ciudad donde se asientan los judíos después de la expulsión y haciendo un pequeño recorrido por las palabras y la historia de la llegada de la población israelita a la Península. "Se piensa que llegaron por el norte", entorno al s.I, pues navegaban junto a los fenicios. Tras su asentamiento en la península, se conformaría la lengua, y se interconectarían diferentes costumbres entre las diferentes poblaciones que la habitaban. Por ejemplo, la gastronomía. Aunque, durante el recorrido, el presidente muestra por ejemplo algunas de otras costumbres heredadas del Sefarad como los vestidos nupciales que son custodiados de novia en novia.

Guahnich explica además, que israelita, hebreo y judío son sinónimos heredados de los patriarcas, lo cual no hay que confundir con israelí que no define una religión. De la misma forma, el presidente ha ido esgrimiendo el significado simbólico de las tradiciones y los elementos que acompañan la cultura judía. Entre sus explicaciones, las diferencias y errores que a menudo se repiten, como la identificación de la ropa tradicional de lis hebreos ashkenazi, provenientes de Europa Central y Oriental, con la idea de ultraortodoxos. "Mantienen su ropa de vestir tradicional", apunta, señalando la condición climatológica y la diferencia de vestimenta respecto a la tradición sefardí. No obstante, el presidente ha explicado también las diferencias entre las diferentes ramas -ultraortodoxos, reformistas y ortodoxos-. Durante su exposición, con gran elocuencia y cercanía, ha prestado atención a las diferentes festividades, mayores y menores, y ayunos que mantienen la población a lo largo del año. Un año, marcado por 654 días, sostenidos en meses lunares, cuyo inicio comienza entre los meses de septiembre u octubre. Las costumbres de estos días, se mantienen con la celebración semanal del shabat, el descanso a través del cual se cumplen unos ritos donde las velas, las oraciones, las santificaciones y las bendiciones adquieren el protagonismo.

Ir avanzando por los libros sagrados, por los objetos litúrgicos, es ir adentrándose en el conocimiento de una de las culturas melillenses arraigadas, acercarse a su simbolismo y tradición. Una cultura que se ha ido adaptando a los distintos entornos, adquiriendo parte de las culturas y depositando parte de la suya. Dentro de esta interconexión, se vuelve imprescindible, revivir uno de los comentarios que ha dejado el presidente de Mem Guímel, y es que muchas costumbres e historias son comunes, se comparten entre diferentes culturas, tradiciones y religiones, más de lo que podamos pensar. En Melilla "nuestro gran valor es la multiculturalidad, la integración", resaltó al principio de la exposición. La ruta continuó por el cementerio y la sinagoga.

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