Melilla reivindica el valor de su legado histórico en el Día Internacional de los Monumentos y Sitios

La ciudad resalta la necesidad de proteger, conservar y difundir su patrimonio como elemento esencial de identidad colectiva y garantía de futuro

El pasado sábado 18 de abril se celebró el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, una jornada que invitó a reflexionar sobre la importancia de preservar el legado cultural y arquitectónico que define a las sociedades.

Bajo el lema “Patrimonio vivo y resiliente ante emergencias”, desde la Fundación Melilla Ciudad Monumental han reiterado su compromiso con la protección de un patrimonio que no solo remite al pasado, sino que constituye una manifestación activa de identidad, convivencia y proyección hacia el futuro.

Melilla, en sí misma, es un claro ejemplo de patrimonio en constante evolución. Sus recintos fortificados, la Melilla Vieja, y los Fuertes Exteriores —entre los que destacan construcciones de los siglos XVII y XIX—, junto con sus espacios históricos, museos, cuevas y aljibes, no solo representan vestigios materiales, sino también el reflejo de culturas, relatos y tradiciones que siguen teniendo presencia en la vida diaria de la ciudad.

La labor cotidiana, basada en la conservación, la investigación, la recuperación y la difusión de este legado, responde a una convicción firme: el patrimonio no se limita a heredarse, sino que debe ser comprendido, transmitido y vivido por la sociedad.

En un contexto global caracterizado por riesgos crecientes, conflictos y crisis naturales, proteger el patrimonio implica igualmente garantizar su transmisión a las generaciones venideras. Por ello, se trabaja desde una perspectiva integral que combina la dimensión material, vinculada a los bienes físicos, con la inmaterial, ligada a la memoria, las tradiciones y las prácticas culturales, en consonancia con los principales acuerdos internacionales en materia de conservación.

Además, Melilla ofrece una imagen especialmente significativa de este patrimonio en acción. La celebración de la carrera de La Legión, conocida como “La Africana”, constituye un claro ejemplo de cómo los espacios históricos, integrados en el entorno deportivo, la participación ciudadana y el turismo, se convierten en escenarios de convivencia colectiva. Este tipo de iniciativas contribuyen a proyectar la ciudad en su conjunto y refuerzan la conexión entre el patrimonio y la sociedad.

En este sentido, se recuerda la importancia de valorar cada muralla, cada puerta y cada espacio histórico como parte de una memoria compartida. La identidad colectiva y la responsabilidad común son elementos esenciales para garantizar la continuidad de este legado.

Proteger el patrimonio es, en definitiva, preservar aquello que define a la comunidad. Mantenerlo activo y cuidado constituye la mejor forma de asegurar su permanencia en el tiempo y su transmisión a las futuras generaciones.

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