Melilla ha rendido homenaje este lunes 14 de julio a Miguel Ángel Blanco, el joven concejal de Ermua asesinado por ETA hace 28 años. El acto ha sido celebrado en el pasadizo entre el Casino Militar y el Banco de España, calle que homenajea y lleva el nombre del político. La ceremonia ha sido breve y ha estado marcada por la lectura del manifiesto elaborado por la Fundación Miguel Ángel Blanco, este año de la mano del escritor Primo Levi para “meditar sobre lo que pasó, porque es deber de todos”.
La lectura ha sido realizada por la portavoz del Gobierno de Melilla, Fadela Mohatar, en presencia del presidente de la Ciudad Autónoma y miembros del Ejecutivo autonómico. Entre ellos, ha destacado también la asistencia de Dunia Almansouri, portavoz de Coalición por Melilla (CpM), en un gesto que ha sido valorado como muestra de unidad institucional frente al terrorismo.
El acto ha concluido con un minuto de silencio en memoria de Miguel Ángel Blanco y de todas las víctimas del terrorismo, en un ambiente de respeto y recogimiento que ha dejado claro que el recuerdo sigue vivo y que el dolor compartido de aquellos días de julio de 1997 aún perdura en la memoria colectiva del país.
Miguel Ángel Blanco, concejal del Partido Popular en Ermua (Vizcaya), fue secuestrado por la banda terrorista ETA el 10 de julio de 1997. Tenía 29 años trabajaba como albañil y economista, y su única culpa fue "ser un ciudadano comprometido con los principios de libertad, pluralidad política y tolerancia". Los terroristas exigieron al Gobierno de entonces el acercamiento de todos los presos etarras al País Vasco bajo la amenaza de asesinarlo si no se cumplía su demanda en un plazo de 48 horas. La negativa a ceder ante el chantaje derivó en su ejecución. Miguel Ángel fue hallado en un descampado de Lasarte con dos disparos en la cabeza. Aunque fue trasladado con vida al hospital, falleció la madrugada del 13 de julio.
Aquellos días de angustia, movilización y dolor cambiaron para siempre la actitud de la sociedad española ante el terrorismo. Millones de ciudadanos se echaron a las calles en toda España (también en Euskadi) al grito de “¡Basta ya!”, “Sin pistolas no sois nada!”. Nacía entonces el llamado Espíritu de Ermua, un movimiento cívico que supuso un antes y un después en la lucha contra ETA y su entorno político.
En el manifiesto leído en Melilla (el mismo que se ha difundido en decenas de municipios de toda España durante estos días) se subraya que recordar a Miguel Ángel Blanco es también recordar “la esperanza frustrada, la indignación, la compasión ante la víctima y la repulsa al terrorismo que sentimos durante cuatro días que cambiaron la historia de la lucha contra ETA”.
“El asesinato de Miguel Ángel Blanco no fue solo un crimen, fue un intento de imponer por la violencia una ideología totalitaria frente a los valores democráticos que él representaba”, ha afirmado Fadela Mohatar. Se nombró también a los autores del crimen, cometido por los miembros del comando Donosti (Txapote, Irantzu Gallastegui y Jose Luis Geresta) como responsables de una de las acciones más crueles de la historia reciente de España.
El manifiesto advierte del peligro de la banalización del terrorismo y de los intentos de reescribir la historia mediante la legitimación política de sus herederos. “ETA ya no mata, pero su legado permanece”, declara el manifiesto en referencia al papel actual de EH Bildu. Formación política, que según dice el texto, “ha continuado la ideología de exclusión y odio a España por la que la banda mató, representa e integra a terroristas en sus listas electorales, no condena la violencia terrorista que vulneró los derechos humanos y cívicos de miles de españoles, legitima el terror en las calles del País Vasco y Navarra y sigue defendiendo los objetivos políticos por el que se mató y se persiguió a muchos inocentes”.
Además, el manifiesto pone en el punto de mira al Gobierno Nacional por la alianza de Pedro Sánchez con Bildu. “Los testaferros de ETA tienen más poder político que nunca porque el gobierno de España ha pactado con ellos para mantenerse en el poder y esta situación ética y políticamente insostenible es una anomalía democrática que revictimiza a las víctimas del terrorismo”.
Este homenaje ha apelado a valores universales como la justicia, la libertad y la convivencia. La portavoz del Ejecutivo, en nombre del Gobierno melillense, ha reiterado que “respetar el Espíritu de Ermua, respetar a Miguel Ángel Blanco, exige no claudicar ante la legitimación del terrorismo, ante su blanqueamiento, ante la impunidad que los terroristas y sus cómplices imponen día a día.” Asimismo, ha recordado el papel de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y de las miles de víctimas que han sufrido las consecuencias del terrorismo en España durante más de medio siglo.
El manifiesto hace una defensa firme del recuerdo como ejercicio de dignidad colectiva. “Miguel Ángel Blanco se ha convertido en un héroe, a su pesar, en un símbolo de convivencia y unidad que representa lo mejor que hemos sabido construir socialmente como nación que lucha contra sus enemigos”, declara el texto.
También advierte de los peligros de ceder al olvido o de aceptar la impunidad de quienes participaron directa o indirectamente en la violencia. “Los asesinos de Miguel Ángel Blanco deben cumplir sus condenas, sin atajos, sin alegalidades, por justicia”, insiste el documento.
La Fundación Miguel Ángel Blanco ha querido que este aniversario sirva también para alertar a las nuevas generaciones sobre lo ocurrido, y para recordar que los derechos y libertades de hoy son el resultado de una lucha colectiva que costó muchas vidas. “Es nuestro deber compartir la Memoria de las víctimas y aprender de lo vivido y sufrido, transmitirla a los jóvenes que tienen derecho a conocer esta parte de la historia de su país.”
Con actos como el celebrado en Melilla, la memoria de Miguel Ángel Blanco se mantiene viva y se reafirma el compromiso de las instituciones y la ciudadanía con los valores democráticos. A 28 años de su asesinato, su figura sigue representando el coraje cívico frente al miedo, la dignidad frente a la barbarie y la unidad frente a la violencia.
La ciudad de Melilla, como tantas otras en España, ha querido decir hoy, una vez más, que no olvida. Que la memoria de Miguel Ángel Blanco no se desvanece y que su sacrificio no fue en vano. Como recuerda el manifiesto: “Gracias a los miles de ciudadanos y decenas de municipios que están conmemorando estos días a Miguel Ángel Blanco. Estamos convencidos de que la fuerza de su Memoria nos ayuda a seguir luchando contra el olvido y la impunidad.”
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