La Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza impulsa un documento que se redactará en seis meses y que busca mejorar la prevención
La Ciudad quiere reforzar su capacidad para hacer frente a episodios extremos relacionados con el cambio climático, especialmente las olas de calor y los incendios que puedan producirse en zonas próximas a áreas urbanas de Melilla. Para ello, la Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza ha puesto en marcha la elaboración del denominado Plan Pima Eventos Adversos, un proyecto que cuenta con un presupuesto previsto de 123.000 euros y un plazo de ejecución de seis meses.
El objetivo del documento es establecer una hoja de ruta para que Melilla pueda anticiparse mejor a este tipo de situaciones, informar a la población sobre los riesgos y mejorar su capacidad de actuación cuando se produzca una emergencia. El plan prestará una atención especial a las personas y colectivos que puedan encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad y planteará mecanismos para reforzar la coordinación entre las administraciones y los servicios implicados.
El Plan Pima Eventos Adversos forma parte de un marco de ámbito estatal, coordinado con las comunidades autónomas, que busca incrementar la capacidad de adaptación de las instituciones ante determinados riesgos asociados al cambio climático. En el caso de Melilla, el proyecto se centrará principalmente en las consecuencias de las temperaturas extremas y los incendios en las denominadas zonas de interfaz urbano-forestal, es decir, aquellos espacios en los que las áreas habitadas están próximas a zonas con vegetación susceptibles de sufrir un fuego.
Más allá del documento técnico, la iniciativa pretende que la población disponga de herramientas concretas para saber qué hacer antes, durante y después de una situación de emergencia. Para ello, el proyecto contempla actuaciones de información, sensibilización, formación, participación ciudadana y evaluación de los resultados.
Uno de los aspectos centrales será mejorar la comunicación de las alertas. El plan estudiará cómo facilitar que la población reciba información con suficiente antelación cuando exista un riesgo y, sobre todo, que pueda entenderla y sepa cómo actuar. Para ello se plantea integrar los sistemas de alerta con la plataforma de ciudad inteligente de Melilla y desarrollar nuevos canales y herramientas de comunicación.
También se contempla la puesta en marcha de un plan específico de comunicación y sensibilización para explicar a los ciudadanos cuáles son los principales riesgos, qué medidas de prevención pueden adoptar y cuáles son los canales oficiales a los que deben acudir cuando se produzca una emergencia.
La iniciativa tendrá además una vertiente formativa. Entre las actuaciones previstas figuran simulacros y actividades dirigidas a grupos de población especialmente expuestos o vulnerables, así como talleres para mejorar los protocolos de actuación ante emergencias climáticas. Estas acciones podrían dirigirse a barrios, centros educativos, centros de trabajo o colectivos concretos.
Así, identifica entre los grupos que requieren una atención especial a los menores, las personas mayores, los trabajadores que desarrollan su actividad al aire libre y otros colectivos que, por sus circunstancias, puedan presentar una mayor exposición a las altas temperaturas o a los efectos de un incendio.
La participación ciudadana será otro de los elementos del plan. La intención es organizar talleres y procesos participativos en los que los propios colectivos expuestos puedan aportar propuestas para mejorar las respuestas ante una emergencia y contempla igualmente mecanismos para comprobar si las medidas adoptadas funcionan. Para ello podrán realizarse encuestas, entrevistas, investigaciones y otras evaluaciones que permitan conocer cómo responde la población ante situaciones extraordinarias y detectar posibles mejoras en los protocolos existentes.
Una de las apuestas del proyecto será el uso de nuevas tecnologías para mejorar la gestión de las emergencias climáticas. La documentación de la Consejería plantea aprovechar datos meteorológicos, sensores, sistemas de vigilancia y herramientas de inteligencia artificial para detectar situaciones de riesgo y facilitar la toma de decisiones.
La información obtenida podría integrarse en una plataforma de ciudad inteligente, acompañada de un cuadro de mandos que permita disponer de una visión conjunta de los distintos indicadores relacionados con el medio ambiente y las posibles emergencias.
El proyecto también plantea utilizar sistemas de geolocalización, cámaras y otros dispositivos para conocer la evolución de una situación de riesgo y facilitar la movilización de los recursos necesarios. En el caso de una emergencia, estas herramientas podrían contribuir a mejorar la coordinación de los equipos y a adaptar la respuesta en función de cómo evolucione el episodio.
La inteligencia artificial aparece igualmente entre las tecnologías que se pretenden estudiar, fundamentalmente para analizar grandes cantidades de datos y ayudar a identificar patrones que permitan anticipar determinados riesgos. La finalidad no sería sustituir la intervención de los servicios de emergencia, sino proporcionarles más información para mejorar la prevención y la respuesta.
El Plan Pima Eventos Adversos pretende que Melilla esté mejor preparada ante episodios de calor extremo e incendios, combinando prevención, información a los ciudadanos, formación, participación y tecnología.
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