MELILLA entró ayer en la fase 2 de la desescalada, que permite una mayor movilidad y que los comercios funcionen de una manera más cercana a la normalidad. Por ejemplo, los locales de hostelaría ya pueden acojer a clientes en su interior y aunque muchos melillenses prefirieron aprovechar las buenas temperaturas para quedarse en las terrazas de los locales, lo cierto es que poco a poco el sector eecupera parte de su actividad.
Aun es pronto para que las empresas puedan volver a funcionar al cien por cien y la crisis económica poscoronavirus va a golpear con dureza. Por eso es importante que se pueda paliar desde la Administración el impacto que tendrá sobre las empresas.
Para ello, Melilla necesita de que su Gobierno, sus partidos políticos y sus agentes sociales y económicos dejen de lado las posibles diferencias, hasta personales, que pudieran existir y que el bien común de la ciudad sea el único objetivo de todos ellos.
No nos queda más remedio porque todos los expertos insisten en que lo peor aún está por llegar y que a la crisis económica del COVID-19 se une la que ya arrastra Melilla desde el cierre de la aduana comercial y el fin del comercio atípico. Ahora, es momento de que todos aquellos con responsabilidades sean conscientes de que está en juego la supervivencia de nuestra ciudad. Todos están obligados a tender la mano porque nos nos queda otra opción.
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