Melilla llora La Sentencia de Jesús

El Lunes Santo melillense volvió a reunir a miles de personas en torno a la Hermandad del Nazareno, en una jornada en la que el protagonismo recayó en el trabajo de los costaleros, el acompañamiento musical y el respeto de un público que vivió la procesión en absoluto silencio

Por toda Melilla se vieron ayer nazarenos con túnicas blancas, y capas de color rojo al igual que el capirote, sobre las 20:30 horas. Eran los penitentes de La Sentencia, camino de la Plaza de Toros, a la hora de iniciar una estación de penitencia que, en su salida, siempre llena la Plaza Velázquez.

El cornetín de órdenes dio la bienvenida a la salida del trono de este Lunes Santo. La marcha real, como marca el protocolo, rindió honores al trono del Santísimo Cristo de la Sentencia bajo los aplausos de cientos de melillenses.

Arropaban así el esfuerzo de la cuadrilla de costaleros, que para poder sacar el trono de paso sevillano a la calle, debe superar una cuesta muy pronunciada.

Y es que el inicio de la Real Cofradía y Hermandad Franciscana de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores es uno de los puntos fuertes de la corporación. Desde el lateral de la popularmente conocida como ‘Mezquita del Toreo’, los costaleros de Nuestro Padre Jesús ante Pilatos, dirigidos por el capataz Daniel Reguera, salieron esplendorosos para encarar la calle Maestro Ángel García y desde ahí caminar hacia Luis de Sotomayor, General Marina y Sidi Abdelkader para acceder a la carrera oficial en la Avenida Juan Carlos I a las 21:40 horas.

La sentencia completó su estación de penitencia acompañada por la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Nazareno en su dulce nombre, que puso música a las impresionantes 'chicotás'. Una perfecta y coordinada danza en la que la música y el paso al estilo sevillano se unen para dar a la noche del Lunes Santo un sabor singular. 

Con estos bailes la cuadrilla de La Sentencia vino a demostrar, con el ritmo de sus pasos, los meses de ensayo y el compromiso de estos jóvenes por seguir apoyando la Semana Santa melillense. 

Y es que según el ritmo de los tambores y cornetas, o los fuertes y pianos de cada composición musical, ellos o suavizaban su andar y mecían al Señor, o le ponían más garra haciendo que el paso pareciera que andaba solo. 

El público, ante ese caminar, se encontró con un Cristo maniatado que, primero titubeante y luego firme, avanzaba para afrontar su destino, que no era otro que el juicio de los hombres.

La Cofradía del Nazareno, con la sabiduría que le otorgan sus años de historia, siguió ayer con la tradición cofrade de dedicar las "levantás" del trono a personas queridas para la hermandad. Entre ellas una a la madre fallecida de un hermano de la cofradía. Tampoco se han olvidado de las guerras, las enfermedades y “todas las cosas malas que pasan” y pidieron que “el señor traiga paz”. 

Detrás de la majestuosa talla del Cristo, la banda del Nazareno enriqueciendo la triste velada con su buen hacer y sus temas como La Sentencia de Cristo o Consuelo Gitano.

Delante, sereno y orgulloso, el hermano mayor, Antonio José Guerrero, rezaba porque todo siguiese desarrollándose a la perfección, como premio al trabajo de todos los hombres y mujeres que forman parte de la cofradía. 

También delante los penitentes que alumbraron el camino de La Sentencia con las luces de decenas de cirios.  Las mantillas, de riguroso negro y con peinas altas, marchaban en silencio, reflejando el luto de Melilla que acompaña a Jesús en su condena.

Un cortejo compuesto por casi 100 hermanos, algunos de ellos niños que llevaban el incienso.

Tras abandonar la carrera oficial, ofrecieron una imagen de recogimiento en la calle O’Donnell. Desde allí caminaron de nuevo hacia casa, pasando por Castillejos, Luis de Sotomayor, Querol y Millán Astray hacia la Plaza de Toros, donde de nuevo una marea cofrade esperaba la complicada entrada del paso.

Los costaleros bajaron el trono con mimo, mientras desde el fondo del cortejo un joven gritó: “¡Esta levantá por los que ya no están!” Y todos respondieron al unísono: “¡Al cielo con Él!”.

Y de esta forma concluyó, una vez más, La Sentencia. 

Ayer, Melilla lloró La Sentencia de Jesús en este Lunes Santo. Un pueblo que en silencio acompañó al inocente, a Cristo, tras ser condenado a morir en la cruz.

 

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