Melilla, la región con más "nini" de España con un 18%

Así lo establece un informe elaborado por el Injuve sobre la juventud en 2024

Melilla se sitúa como la comunidad autónoma con el porcentaje más alto de jóvenes que ni estudian ni trabajan, conocidos como “ninis” o NEET, con una tasa del 18%, muy por encima de la media nacional, que se sitúa en el 12,3%. Así lo revela el Informe Juventud en España 2024, publicado recientemente por el Instituto de la Juventud (Injuve), que pone el foco en la precariedad y los retos estructurales que enfrenta la juventud en nuestro país.

Este dato coloca a Melilla como el territorio con mayor exclusión juvenil del país en términos de educación y empleo. Le siguen Andalucía (15,4%) y otras comunidades del sur, mientras que las cifras más bajas se registran en el País Vasco (8%) y Cantabria (8,4%). La diferencia entre territorios refleja profundas desigualdades estructurales que afectan de forma distinta a la población joven, dependiendo del lugar donde resida.

El término NEET engloba a aquellas personas de entre 15 y 29 años que no están integradas ni en el sistema educativo ni en el mercado laboral. El informe destaca que, aunque la tasa nacional ha descendido significativamente desde el pico de 2013, cuando superaba el 22%, todavía persisten bolsas graves de exclusión en algunas regiones. Melilla, lejos de mejorar, lidera ahora esta clasificación negativa, lo que evidencia el fracaso de las políticas locales y estatales para ofrecer alternativas reales a su juventud.

Los motivos detrás de esta cifra son múltiples y complejos. El mercado laboral en Melilla es especialmente débil y dependiente de las administraciones públicas. Las oportunidades para el empleo privado son escasas, y la inestabilidad política y económica del entorno no favorece la inversión ni el desarrollo empresarial. A esto se suma una oferta educativa limitada, que empuja a muchos jóvenes a abandonar los estudios sin una alternativa clara, o a marcharse fuera si desean continuar su formación, generando una fuga constante de talento joven.

Además, las tasas de pobreza en Melilla están entre las más altas del país, lo que afecta de manera directa a las posibilidades de que los jóvenes puedan sostener un proceso educativo largo o prepararse adecuadamente para el mercado laboral. Muchos deben incorporarse prematuramente a trabajos informales o mal remunerados para apoyar a sus familias, lo que los coloca en una situación de vulnerabilidad crónica y les impide completar ciclos formativos esenciales.

El informe del Injuve también vincula la situación NEET con el nivel educativo de los progenitores, el entorno socioeconómico y la percepción de salud mental. No es casual que los jóvenes melillenses, criados en un entorno con menor capital cultural medio y con un sistema educativo que arrastra déficits históricos, tengan más posibilidades de quedar fuera del sistema. Tampoco lo es que los jóvenes que declaran una peor salud emocional o que se sienten solos, como reflejan otras partes del mismo estudio, presenten mayor riesgo de convertirse en NEET.

Otro elemento de preocupación es que, en muchas ocasiones, estos jóvenes quedan completamente fuera del radar institucional. No estudian, no trabajan y no están inscritos en programas de formación o de búsqueda activa de empleo. Su desconexión con el sistema es total. En ciudades como Melilla, donde la estructura social es frágil y los recursos públicos limitados, esta situación se agrava por la falta de seguimiento individualizado o de planes específicos que atiendan sus necesidades.

La comparación con otras comunidades deja claro que el problema no es únicamente individual, sino sistémico. El País Vasco o Cantabria, con tasas muy por debajo, cuentan con políticas activas de empleo juvenil mejor financiadas, sistemas educativos más inclusivos y mercados laborales más dinámicos. En cambio, Melilla sigue atrapada en una espiral de dependencia institucional, escasez de oportunidades y falta de inversión en juventud.

El dato del 18% no puede interpretarse como una simple estadística. Detrás de él hay miles de jóvenes melillenses que viven sin perspectivas reales de futuro, atrapados entre un sistema educativo que no les ofrece salidas y un mercado laboral que no les da la bienvenida. Es un síntoma de una enfermedad estructural que no se resuelve con medidas puntuales o campañas simbólicas.

Frente a este panorama, las administraciones deben pasar de las declaraciones a los hechos. Se requieren inversiones sostenidas en formación profesional, políticas de orientación laboral, acceso a vivienda y apoyo psicológico. También es urgente mejorar la conexión entre la educación y el mundo del trabajo, con especial atención a sectores estratégicos en los que Melilla podría desarrollar ventajas competitivas, como el comercio transfronterizo, la economía digital o la logística.

Que Melilla lidere el ranking de jóvenes sin futuro no es una casualidad, sino el resultado de años de abandono. Reconocerlo no es suficiente: es hora de actuar.

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