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Melilla inicia el primer estudio de la tortuga mora

El grupo local de la Asociación Herpetológica Española impulsa este trabajo científico con la participación de voluntarios

Los días 7 y 8 de marzo Melilla dio un paso importante en el conocimiento de su fauna terrestre con la realización del primer censo de tortuga mora (Testudo graeca). Durante dos jornadas de trabajo de campo, personal técnico y un grupo de voluntarios realizaron transectos para sacar datos sobre esta especie protegida, cuya presencia en la ciudad era conocida desde hace tiempo, pero sobre la que hasta ahora existe muy poca información local.

La tortuga mora es una especie terrestre y longeva. A pesar de su capacidad de adaptación se encuentra amenazada por diversos factores, como la pérdida de hábitat, la fragmentación del territorio o la captura ilegal de ejemplares en libertad.

En el caso de nuestra ciudad, la presencia de tortuga es bien conocida por los melillenses. Sin embargo, hasta ahora no existía un proyecto de seguimiento que permitiera conocer con mayor precisión cuántos ejemplares hay, cómo se distribuyen, dónde crían o qué zonas resultan más importantes para su conservación. El censo realizado este mes de marzo marca precisamente el inicio de ese proyecto a largo

plazo.

¿Cómo y dónde ha sido el censo?

Se marcaron dos jornadas de muestreo y se organizaron diferentes equipos en cada jornada que recorrieron una zona de la Red Natura 2000, concretamente una pequeña parte de la ZEC del Barranco del Nano. Los participantes realizaron recorridos metodológicos, buscando ejemplares activos entre la vegetación. A cada tortuga localizada se le tomaron datos biométricos y algunas fueron marcadas por el Servicio de Marcaje de Especies de Melilla.

La presencia de tortugas en este espacio protegido refuerza la importancia de estos enclaves como refugio para la biodiversidad y pone de manifiesto la necesidad de mantener y gestionar adecuadamente estos hábitats naturales.

Más allá de los resultados, uno de los aspectos más destacados ha sido la buena acogida que ha tenido entre la ciudadanía. La convocatoria despertó un notable interés y varias personas se unieron como voluntarias para colaborar en el trabajo de campo, a pesar de que el número de plazas era limitado. Durante las dos jornadas los participantes recibieron información básica los transectos, cómo detectar tortugas y para qué sirven los datos recogidos.

La participación ciudadana ha sido, por tanto, una pieza clave en el desarrollo de este primer censo. Muchas de las personas que participaron en el censo tuvieron la oportunidad de observar de cerca una especie que, a pesar de estar en Melilla, puede pasar desapercibida para gran parte de la población.

Esto constituye únicamente el punto de partida de un proyecto mucho más amplio. La intención es que este censo no sea una actividad puntual, sino el comienzo de un programa de seguimiento a largo plazo que permita generar una serie de datos continuada en el tiempo.

Melilla consigue aportar datos importantes de fauna nuevamente a la comunidad científica Este censo se desarrolla además en un momento especialmente relevante para la conservación de la especie a escala nacional. Actualmente se está poniendo en marcha la elaboración de la Estrategia Nacional de Conservación de la Tortuga Mora (Testudo graeca). Esta iniciativa se lidera desde la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, con la financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología(FECYT) y en colaboración con la Subdirección General de Biodiversidad Terrestre y Marina del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).

En este contexto, la semana pasada el grupo local de Melilla de la Asociación Herpetológica Española mantuvimos una reunión con el equipo de la UMH para trasladar la situación de la especie en nuestra ciudad. Aunque aún no existen datos científicos precisos sobre el estado poblacional, sí fue posible compartir algunos de los principales problemas de conservación que se observan en Melilla.

Uno de los que más destaca es el mascotismo. Durante los trabajos de campo del Servicio de Marcaje de Especies, llevado a cabo por la coordinación del grupo local, se han detectado algunos ejemplares con posibles signos físicos que podrían estar asociados a la cautividad, lo que sugiere la captura de tortugas para mantenerlas como mascota y su posterior abandono.

Recordamos que está prohibido por la legislación vigente, constituyendo un delito contra la fauna silvestre y está castigado penalmente.

A este problema se suma la presión antrópica. Melilla tiene una alta densidad poblacional en un espacio geográfico muy reducido, lo que provoca que muchas de las zonas naturales se conviertan también en zonas de ocio. Esta interacción entre personas y fauna silvestre puede generar ciertos problemas, especialmente si se tiene en cuenta la presencia de basura en las zonas naturales o el uso de vehículos de motor en espacios protegidos.

La falta de conocimiento es un problema para la conservación Este trabajo pone también de manifiesto una realidad: en Melilla todavía sabemos muy poco sobre la fauna que tenemos. El camaleón común (Chamaeleo chamaeleon) nos sirve como ejemplo. Se trata de una especie bien conocida por los melillenses, pero apenas existen datos de cómo está la población en la ciudad.

Aún se desconocen aspectos básicos como la localización de sus zonas de cría, su distribución o las causas de la aparente disminución de ejemplares observados en los últimos años. El caso de la tortuga mora vuelve a evidenciar este problema. Durante 2025 se han encontrado crías en distintos momentos del año en el cauce del río de Oro, lo que podría indicar la existencia de varias zonas de reproducción. Sin embargo, en ese mismo espacio continúan realizándose intervenciones con maquinaria pesada para la limpieza de vegetación, así como otras modificaciones del terreno.

Este tipo de actuaciones pueden afectar directamente a las áreas de cría de tortuga mora, camaleón común e incluso galápago leproso, tres especies protegidas presentes en nuestra ciudad. Remover el suelo o alterar el hábitat sin un conocimiento previo puede destruir zonas de hibernación o de puesta de huevos pudiendo no ser conscientes de ello.

También debería requerir personal técnico cualificado, conocimiento y aval científico y programas de seguimiento continuados que permitan comprender qué está ocurriendo realmente en Melilla. Toda esta falta de información recalca la importancia de invertir en políticas medioambientales de conservación.

Conocer mejor la biodiversidad local no es solo una cuestión científica, sino también una herramienta imprescindible para tomar decisiones políticas de gestión adecuadas. En territorios pequeños y densamente poblados como Melilla, cada pequeño gesto cuenta cuando se trata de proteger los espacios naturales y las especies que dependen de ellos.

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