Melilla destaca por sus elevadas cifras en el consumo de sustancias adictivas, según el último informe publicado por la Universidad de Santiago de Compostela en colaboración con el Ministerio de Sanidad. El estudio, titulado Conductas adictivas en España. Variaciones temporales y geográficas, ofrece una radiografía precisa del uso de drogas y otras conductas adictivas en todo el país entre 2005 y 2024, con un enfoque territorial que permite conocer la realidad concreta de cada comunidad y ciudad autónoma.
Los datos analizados proceden de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES), el principal instrumento epidemiológico estatal en esta materia, y evidencian que Melilla se encuentra por encima de la media nacional en la prevalencia del consumo de tabaco y cigarrillos electrónicos en los últimos 30 días, uno de los indicadores más relevantes a la hora de medir los hábitos adictivos recientes.
En el caso del tabaco, Melilla presenta en 2024 una de las tasas más altas de consumo diario entre la población de 15 a 64 años. Aunque el informe no publica cifras absolutas por ciudad autónoma, sí posiciona a Melilla en el grupo de regiones con mayores prevalencias. La media nacional en consumo diario de tabaco se sitúa en el 25,8%, pero en Melilla la cifra es sensiblemente superior.
El análisis por sexo y edad refleja diferencias relevantes: los hombres entre 35 y 64 años son el grupo más afectado, con tasas elevadas y persistentes desde los primeros años del estudio. En el caso de las mujeres, si bien la prevalencia histórica era menor, se ha producido un aumento sostenido entre las de 35 a 44 años, lo que refleja un cambio de patrón preocupante.
Además, el perfil del fumador habitual en Melilla se ajusta al descrito para el conjunto de España: hombre joven-adulto, sin estudios superiores, nacido en el país y sin convivencia en pareja, lo que refuerza la necesidad de intervenciones dirigidas a colectivos vulnerables.
Otra tendencia que preocupa especialmente a los expertos es la expansión del uso de cigarrillos electrónicos, una conducta que se ha disparado en los últimos años, especialmente entre la población joven.
El informe revela que el 4,6% de los españoles de entre 15 y 64 años usaron cigarrillos electrónicos en los últimos 30 días, con tasas similares entre hombres y mujeres, lo que supone un cambio respecto a años anteriores, donde el uso era predominantemente masculino. En Melilla, la prevalencia está por encima de la media nacional, con especial incidencia en el grupo de edad de 15 a 34 años.
El documento advierte sobre la percepción errónea de inocuidad que muchos jóvenes tienen sobre estos dispositivos, cuando en realidad generan un aerosol con más de 200 sustancias tóxicas, varias de ellas cancerígenas.
Según los investigadores, los cigarrillos electrónicos no están sirviendo como herramienta de abandono del tabaco, sino que, en muchos casos, se utilizan en paralelo o incluso como vía de inicio al tabaquismo convencional.
En cuanto al consumo de cannabis, la ciudad autónoma se sitúa en valores similares a la media española, con un 10,5% de prevalencia en los últimos 30 días a nivel nacional. En Melilla, se observan ligeros aumentos en el consumo femenino joven, especialmente en el grupo de edad de 15 a 34 años. Esta tendencia está en línea con lo registrado en otras comunidades del sur del país.
Respecto al alcohol, las cifras no sitúan a Melilla entre las regiones con mayor incidencia de borracheras o atracones (binge drinking), aunque los datos revelan un patrón consistente en edades jóvenes. La práctica de atracón, definida como el consumo de cinco o más bebidas alcohólicas en una sola ocasión (cuatro o más en el caso de mujeres), preocupa por su potencial impacto sobre la salud y su vinculación con situaciones de riesgo.
El informe señala que las políticas públicas deben adaptarse a las realidades concretas de cada territorio. En el caso de Melilla, los expertos recomiendan reforzar las campañas de prevención y sensibilización dirigidas a los jóvenes, tanto en el ámbito educativo como en el comunitario.
Además, proponen vigilar el papel de las nuevas tecnologías en la difusión de hábitos adictivos, especialmente a través de redes sociales, donde los cigarrillos electrónicos y otros productos similares gozan de amplia promoción entre los más jóvenes.
Los datos presentados buscan ofrecer una base sólida para la planificación de estrategias sanitarias eficaces. El informe forma parte de un proyecto nacional de vigilancia financiado por el Ministerio de Sanidad y coordinado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.
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