La creación de la Consejería de Fomento Universitario e Investigación consolida una política iniciada en 2023
Hay políticas que se anuncian y otras que se notan. La apuesta universitaria del Gobierno de Juan José Imbroda pertenece, cada vez con más claridad, al segundo grupo. Iniciada en 2023, con la llegada del actual Ejecutivo, ha ido ganando peso hasta que el presidente decidió darle una consejería propia, la de Fomento Universitario e Investigación, y ponerla en manos de Jesús Romero. No fue un gesto simbólico: fue la constatación de que la universidad había dejado de ser un asunto secundario para convertirse en una prioridad de ciudad.
Los hechos lo avalan. El campus de la UGR ha ampliado su catálogo de titulaciones, con Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial en este curso 2026-2027 y Podología prevista para el 2027-2028. Han comenzado las obras del antiguo edificio de Correos, que albergará las futuras instalaciones universitarias; se han licitado los terrenos para una segunda residencia de estudiantes y se ha adecuado el local 33 del puerto para sumar aulas. La oferta de másteres ha crecido de forma notable, y con ella la llegada de alumnos de otros puntos de España y de otros países.
A esa transformación física y académica se suma otra menos visible, pero igual de relevante, como es situar a Melilla en el mapa universitario nacional a través de jornadas, encuentros, etc. Esta misma semana la ciudad ha acogido las II Jornadas Nacionales de Campus Periféricos, con 60 participantes de 20 universidades, que concluyeron con el compromiso de elaborar un documento de propuestas sobre financiación, profesorado y titulaciones. Y del 30 de junio al 2 de julio de 2027 recibirá la XXV Jornada de los Servicios Universitarios de Empleo, con unos 200 representantes de universidades de toda España y el respaldo de la CRUE. No son citas menores: cada una exige competir con otras candidaturas y convencer a quienes deciden.
Queda camino por recorrer, y conviene no perderlo de vista. La financiación estructural del Estado, la estabilidad del profesorado y la captación de investigadores siguen siendo asignaturas pendientes que no dependen solo de la Ciudad Autónoma. Las propias jornadas de campus periféricos lo dejaron claro: la distancia tiene costes, y alguien debe asumirlos.
Pero el rumbo es el correcto. Una Melilla con más universidad es una Melilla donde los jóvenes no tienen que marcharse para formarse, donde llegan estudiantes de fuera y donde el conocimiento se convierte en motor económico. Esa es la apuesta, y los pasos dados hasta ahora demuestran que va muy en serio.
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