Ceremonia del río 2025, donde las mujeres arrojan pétalos sobre la bandera, representando el río, y los hombres encienden velas. -El Faro-
Melilla vuelve a sumarse este 8 de abril a la conmemoración del Día Internacional del Pueblo Gitano con una programación organizada por la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor que combina actos institucionales y propuestas de sensibilización dirigidas a la ciudadanía. Esta fecha, que rememora el Primer Congreso Mundial romaní celebrado en Londres en 1971, pone en valor la historia, la identidad y las aportaciones del pueblo gitano, al tiempo que refuerza el compromiso con la igualdad y la convivencia intercultural.
El acto principal se desarrollará a las 19:00 horas en la Puerta del Palacio de la Asamblea y contará con la participación de la reconocida artista Esperanza Fernández. Durante el evento se interpretará el himno gitano “Gelem Gelem”, se celebrará la tradicional ceremonia del río y se dará lectura al manifiesto institucional. La jornada arrancará por la mañana, a las 11:00 horas, con una acción de visibilización en la Plaza Menéndez Pelayo, donde se instalará un espacio informativo destinado a acercar esta conmemoración a la ciudadanía y a difundir la trayectoria de su celebración en la ciudad.
Más allá del programa previsto, el 8 de abril encierra un profundo significado para el pueblo gitano a nivel global. El coordinador de las actividades y mediador de la asociación Gitanos del Siglo XXI, Manuel Heredia, incidió en que se trata de la fecha más relevante de su calendario, ya que simboliza la continuidad de un pueblo que ha logrado perdurar pese a siglos de persecución, prohibiciones y políticas destinadas a su desaparición. En sus palabras, esta jornada representa la celebración de la propia existencia, una afirmación colectiva tras una historia marcada por la resistencia.
Ese recorrido histórico incluye episodios especialmente duros. Heredia evocó, por ejemplo, la Gran Redada de 1749, un intento organizado en distintos territorios de la monarquía española para detener de forma masiva a la población gitana y fragmentar sus familias con el objetivo de impedir su continuidad generacional. Aquella operación, que finalmente no pudo ejecutarse en su totalidad por falta de medios, constituye uno de los intentos fallidos más significativos de exterminio del pueblo gitano, aunque dejó una huella profunda en su memoria histórica.
A esta persecución se suma el genocidio sufrido durante la Segunda Guerra Mundial bajo el régimen nazi, donde más de un millón de personas gitanas fueron asesinadas por motivos raciales. Como apuntó Heredia, este reconocimiento llegó décadas después, cuando ya muchos supervivientes habían fallecido, lo que añade una dimensión de injusticia histórica a este episodio. Estos acontecimientos marcaron un antes y un después y reforzaron la necesidad de unión y visibilización a nivel internacional.
En ese contexto, el congreso celebrado en Londres en 1971 supuso un punto de inflexión decisivo. Según explicó el coordinador, este encuentro permitió articular una identidad común entre comunidades dispersas geográficamente, consolidando símbolos compartidos como la bandera —verde y azul con una rueda roja—, el himno y la defensa de la lengua romaní. Este proceso de unificación dotó al pueblo gitano de una mayor capacidad de representación y reivindicación.
Uno de los elementos más representativos de esta identidad es el himno “Gelem Gelem”, que ocupa un lugar central en los actos conmemorativos. Tal y como detalló Heredia, esta composición recoge, en lengua romaní, el relato de las persecuciones sufridas a lo largo del tiempo, convirtiéndose en una expresión de memoria colectiva y en un símbolo de libertad y dignidad. Su interpretación, cargada de significado, conecta directamente con la historia del pueblo gitano.
Junto a este, la ceremonia del río adquiere una especial relevancia como gesto simbólico internacional. En Melilla, esta tradición se adaptará al entorno urbano mediante el depósito de pétalos sobre la bandera gitana, evocando el agua, y el encendido de velas en recuerdo de las víctimas. Según trasladó Heredia, este acto busca rendir homenaje a quienes padecieron la persecución, manteniendo viva su memoria y reforzando el vínculo entre generaciones.
El Día Internacional del Pueblo Gitano no solo tiene una dimensión conmemorativa, sino también reivindicativa. Tal y como puso de relieve el coordinador, la jornada invita a revisar el pasado para evitar que se repitan episodios de discriminación, al tiempo que plantea la necesidad de seguir avanzando en la eliminación de prejuicios y desigualdades. En este sentido, abogó por tender puentes y reducir las brechas sociales que aún persisten.
En el ámbito local, Melilla se presenta como un ejemplo de convivencia. Heredia destacó que el pueblo gitano forma parte activa de la vida social de la ciudad y mantiene una relación integrada con el resto de comunidades, una realidad que contrasta con otras zonas donde todavía se registran mayores dificultades. Este modelo, basado en la interacción cotidiana y el respeto mutuo, refuerza el carácter intercultural de la ciudad.
La programación de este año se ha visto reforzada con iniciativas complementarias, como la visita guiada celebrada el pasado 5 de abril en el Museo Etnográfico, en la que se abordó la historia del pueblo gitano desde sus orígenes en el noroeste de la India hasta la actualidad. Esta actividad permitió ofrecer una visión más cercana y contextualizada, construida desde la propia perspectiva gitana.
Además, en 2025 se puso en marcha la Oficina de Atención al Pueblo Gitano, un recurso destinado a mejorar el acceso a servicios, ofrecer orientación y acompañamiento, y reforzar la visibilidad del colectivo en la ciudad. Esta iniciativa se enmarca en una línea de trabajo orientada a consolidar la inclusión social y el reconocimiento institucional.
La proclamación oficial del Día Internacional del Pueblo Gitano tuvo lugar en 1990, durante el Congreso Mundial Romaní celebrado en Polonia, consolidando una fecha que hoy es referente a nivel internacional. En ella convergen memoria, identidad y reivindicación, elementos que también estarán presentes en la conmemoración prevista en Melilla.
Con esta jornada, la ciudad reafirma su compromiso con la diversidad cultural y el reconocimiento de un pueblo cuya historia forma parte del presente común. La invitación a participar en los actos se extiende a toda la ciudadanía, con el propósito de compartir un espacio de encuentro basado en el respeto, la memoria y la convivencia.
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