Vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa en la puerta lateral de Roberto Cano.
El Año Jubilar tiene un origen milenario profundamente arraigado en la tradición bíblica. Su sentido nace en el Antiguo Testamento, cuando cada 100 años se establecía un tiempo especial para dejar reposar la tierra, confiar en la providencia divina y devolverlo todo a Dios. Con el paso del tiempo, esa celebración se fue adaptando y la Iglesia Católica instituyó un jubileo cada 50 años, hasta fijarse finalmente en un ciclo de 25 años, como sucede en la actualidad.
El vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa, explica que este periodo extraordinario de gracia tiene un significado central para los cristianos: “es un tiempo para fiarnos de la providencia de Dios, para recordar el acontecimiento salvador de la muerte y resurrección del Señor, y para vivir con esperanza”. El Año Jubilar es, en palabras del propio Jesús recogidas en el Evangelio al leer al profeta Isaías, un “año de gracia del Señor”.
La Iglesia ha celebrado este 2025 un nuevo Jubileo, convocado en su día por el Papa Francisco, con el lema “Peregrinos de esperanza”, y asumido ahora por el Papa León tras el fallecimiento de Francisco durante este mismo año. La muerte del Pontífice, ocurrida el pasado 15 de abril, sorprendió a toda la comunidad católica en medio de la celebración pascual. A pesar del duelo y el vacío que dejó, el nuevo Papa ha retomado con compromiso la senda del jubileo, que sigue su curso con actos y peregrinaciones en todo el mundo.
En este contexto universal, Melilla también se ha sumado a este año santo de manera muy especial. Gracias a la designación oficial de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús como templo jubilar, los fieles de la ciudad han podido vivir este tiempo con plenitud, sin necesidad de desplazarse hasta Roma o Jerusalén. “Por ser Melilla una ciudad especial, que pertenece a la diócesis de Málaga pero separada por el mar, se concedió esta gracia”, cuenta Eduardo Resa. De este modo, el Corazón de Jesús se ha convertido en el corazón espiritual de la ciudad durante todo el año jubilar.
A lo largo de estos meses, cientos de personas han peregrinado hasta el templo melillense. La entrada simbólica por la puerta lateral de Roberto Cano, convertida en puerta santa, ha sido uno de los ritos más significativos para los creyentes. El acto de peregrinación comenzaba en la iglesia o colegio de origen, con un tiempo de oración, seguido del camino hasta el templo, donde eran recibidos con agua bendita y la cruz jubilar. Posteriormente, se celebraban la Eucaristía o celebraciones de la Palabra en un ambiente de recogimiento y alegría.
La indulgencia plenaria, o gracia jubilar, se ha podido obtener cumpliendo las condiciones establecidas por la Iglesia: confesión dentro de los quince días antes o después de la visita, comunión, oración por las intenciones del Papa y una obra de caridad. En este sentido, la diócesis de Málaga ha promovido una colecta especial como signo jubilar diocesano, cuya recaudación se destinará previsiblemente a programas contra la trata de personas.
Además de las peregrinaciones, se han organizado en Melilla las doce vigilias prescritas por la diócesis, todas ellas con una gran participación de fieles. “Ha sido un año intenso, pero muy enriquecedor espiritualmente. Han participado parroquias, colegios religiosos, grupos parroquiales y religiosas de toda la ciudad. El balance no puede ser más positivo”, afirma Resa, satisfecho por el espíritu de unidad que ha despertado este acontecimiento en la comunidad melillense.
La importancia del Año Jubilar no solo se mide por sus actos litúrgicos, sino también por su carga simbólica. La apertura y clausura de las puertas santas en los templos jubilares, tanto en Roma como en otras diócesis del mundo, representan la entrada a un tiempo de gracia, renovación y perdón. Es un gesto que se repite cada 25 años y que sólo se realiza en los años santos. La puerta se abre para acoger y se cierra solemnemente al finalizar el jubileo, como un signo de clausura de ese tiempo excepcional.
El actual Año Jubilar no será el único de este milenio. Aunque el próximo jubileo ordinario será en 2050, ya está previsto un jubileo extraordinario en 2033, con motivo del 2000 aniversario de la muerte de Jesucristo, ocurrida en el año 33. También se celebran jubileos particulares en diócesis o comunidades religiosas, como el concedido este año a los franciscanos por el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís y de su célebre Cántico de las Criaturas. En la diócesis de Málaga, otro año jubilar ha sido concedido por el centenario del fallecimiento del beato padre Arnaiz, que se conmemora en 2026.
En Melilla, la clausura del Año Jubilar se ha llevado a cabo este domingo 28 de diciembre, coincidiendo con la fiesta de la Sagrada Familia. El acto solemne fue presidido por el obispo de la diócesis, José Antonio, en la Iglesia del Sagrado Corazón. “Recuperar la inocencia nos viene bien a todos, y ese día es perfecto para cerrar con alegría este tiempo de esperanza”, afirma el vicario episcopal. El deseo es que los fieles no solo hayan sido peregrinos de esperanza, sino que, a partir de ahora, se conviertan también en sembradores de esperanza en su día a día.
El jubileo no es solo un acontecimiento eclesial, sino también una oportunidad para reflexionar sobre el camino personal, el valor de la fe compartida y el anhelo de una humanidad más fraterna.
La diputada local de Coalición por Melilla (CpM), Dunia Almansouri, ha acusado al actual Gobierno…
Coalición por Melilla (CpM) ha expresado su apoyo a la regularización extraordinaria de personas migrantes…
El Comité de Empresa del Centro de Menores de La Purísima ha denunciado públicamente la…
El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) ha asegurado que Melilla cerró 2025 con indicadores…
A tan sólo un día de que la XII edición de la Carrera Africana de…
El sector aeroespacial europeo ha logrado en los últimos días un nuevo hito tecnológico con…