Mientras gran parte de España se encuentra asfixiada por una nueva ola de calor, con temperaturas extremas y un riesgo de incendios forestales que mantiene en alerta máxima a comunidades como Andalucía, Castilla- La Mancha o Aragón, Melilla vive la situación con relativa calma.
La ciudad autónoma, acostumbrada a ver los episodios de grandes fuegos como algo ajeno, cuenta con una ventaja natural: su reducida extensión, apenas 12 kilómetros cuadrados, y su limitada masa forestal.
Sin embargo, eso no significa que el peligro sea inexistente. Desde el Parque de Bomberos, consultados por El Faro de Melilla, confirman que en la ciudad no se han activado medidas extraordinarias ante la ola de calor, pero reconocen que existen puntos especialmente vulnerables: el cauce seco del río de Oro, la vaguada situada entre la carretera del Polvorín y el Tiro Nacional, y otras pequeñas áreas con vegetación seca que, en caso de incendio, pueden suponer un reto para la extinción.
En la Península Ibérica, la combinación de altas temperaturas, vientos y extensas áreas boscosas ha convertido el verano en una temporada de alto riesgo. Incendios de cientos de hectáreas son, por desgracia, algo habitual en estas fechas. Melilla, por el contrario, tiene un entorno mucho más controlable.
"Nosotros no tenemos ninguna medida extraordinaria respecto a la campaña de verano o la ola de calor en materia de incendios forestales", explican desde Bomberos. "Aquí en Melilla hay muy poca masa forestal: los pinares de Rostro Gordo, algunos arroyos y vaguadas... poca cosa. Lo que vemos en la península es impensable que pueda pasar aquí".
La razón es simple: el tiempo de respuesta es mínimo. "En cuatro o cinco minutos podemos estar en cualquier punto de la ciudad. Cuando ha habido algún conato en Rostro Gordo, hemos llegado de inmediato y lo hemos controlado antes de que se descontrole. Esa es una gran ventaja".
Si bien los pinares apenas han registrado incidentes, el cauce seco del río de Oro sí ha si escenario de problemas hace algunos años. A partir de la Plaza Martín de Córdoba y en dirección hacia el puente de los Alemanes, los cañaverales representan un riesgo latente.
"No es una vegetación muy extensa en superficie, pero sí favorece mucho la propagación del fuego", explican desde Bomberos. El material seco de las cañas, sumado a las rachas de viento que en verano pueden ser intensas, puede hacer que un pequeño foco se convierta rápidamente en un frente difícil de controlar.
Algo similar ocurre en la vaguada situada entre la carretera del Polvorín y el Tiro Nacional. Allí la acumulación de hierbas secas y matorral bajo crea un combustible perfecto para que el fuego avance con rapidez si se dan las condiciones adecuadas. "En este tipo de zonas, si sopla el viento, el trabajo de extinción se complica mucho", apuntan los efectivos.
En contraste, hay barrios donde el riesgo de incendio es mínimo. Cabrerizas y Reina Regente, por ejemplo, cuentan con menos masa vegetal continua y, en general, carecen de extensiones de cañaveral o material denso. Eso reduce las posibilidades de que se inicie un fuego de magnitud, aunque desde Bomberos insisten en que "ningún lugar está completamente libre de riesgo si hay imprudencias humanas".
Uno de los mayores peligros en zonas como el río de Oro o la vaguada del Polvorín no es solo la rapidez de las llamas, sino su capacidad para generar nuevos focos. Cuando arden las partes superiores de las cañas, el calor provoca pequeñas explosiones que lanzan pavesas - fragmentos encendidos - a varios metros de distancia. "Ese microclima del incendio, con corrientes de aire caliente, puede llevar una pavesa a un punto alejado y crear otro foco antes de que hayamos controlado el primero", detallan.
En estos casos, si se dan condiciones de viento, los efectivos requieren un despliegue mayor, con personal extra (por ejemplo, los que están fuera de servicio) y todos los medios disponibles. Además, el humo que se genera en estos incendios puede afectar directamente las viviendas situadas junto al margen del río obligando a extremar precauciones para evitar intoxicaciones o daños en la salud.
Aun sin medidas extraordinarias por la ola de calor, la labor preventiva en Melilla existe y es constante. La vigilancia sobre zonas con vegetación seca y el control de posibles focos son parte del trabajo diario. En una ciudad donde cada minuto cuenta, la proximidad del parque de bomberos a las áreas de riesgo es un factor determinante para evitar que un incendio vaya a más.
Los vecinos, por su parte, también juegan un papel importante. Evitar arrojar colillas, no realizar quemas de restos de vegetales y avisar de inmediato al 112 ante cualquier columna de humo son recomendaciones que, aunque parezcan evidentes, siguen siendo necesarias.
Desde Bomberos recuerdan que la colaboración ciudadana es la herramienta más eficaz para revenir emergencias. Entre las recomendaciones destacan: evitar el uso de fuego en zonas de vegetación seca, ni barbacoas, ni quemas, aunque parezcan seguras; no arrojar colillas ni cerillas desde vehículos o al suelo, incluso en zonas urbanas; mantener limpios solares y parcelas privadas, eliminando hiervas secas y restos vegetales acumulados; avisar inmediatamente al 112 si se detecta humo o fuego, aunque parezca pequeño y por último, respetar las indicaciones de las autoridades en días de fuerte viento o altas temperaturas.
La ola de calor actual en España ha elevado el riesgo de incendios a niveles extremos en buena parte del país. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha activado avisos rojos y naranjas por temperaturas que en algunos puntos superan los 43 grados.
En Melilla, gracias a la influencia del mar, no alcanza esas cifras, pero los termómetros sí marcan valores altos para la ciudad, que pueden superar los 34 grados en jornadas puntuales.
Estas condiciones, unidas a la baja humedad relativa, pueden resecar aún más la vegetación de los cañaverales y favorecer un inicio de fuego. Por eso, aunque la amenaza sea menor que en zonas peninsulares, Bomberos insiste en que "no hay que confiarse".
La lección que deja esta ola de calor para la ciudad autónoma es clara: aunque el riesgo general sea bajo, las zonas vulnerables como el cauce del río de Oro o la vaguada del Polvorín deben vigilarse con especial atención, sobre todo en los días de viento y calor extremo. Y, por encima de todo, la prevención ciudadana sigue siendo la mejor herramienta para evitar que un conato se convierta en noticia.
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