Álvaro Sola, creador y coordinador del taller 'Iluminar el modernismo', durante un taller artístico dirigido a los más pequeños en el interior del Museo Etnográfico de Melilla.
El Museo Etnográfico volverá a abrir sus puertas a la experimentación artística este 21 de febrero con el taller ‘Iluminar el Modernismo’, una propuesta creada y coordinada por Álvaro Sola y dirigida a niños y niñas de entre 9 y 12 años. La actividad, gratuita y con las plazas completadas en menos de 24 horas, se desarrollará de 10:30 a 12:30 horas y convertirá el espacio museístico en un punto de encuentro entre patrimonio, paseo y creación.
No es la primera vez que el Patio Inglés del Museo Etnográfico acoge una iniciativa gratuita impulsada por Sola, Museos de Melilla y la Consejería de Cultura. En anteriores ocasiones, ese rincón casi secreto ha servido como laboratorio donde las dimensiones y los paradigmas plásticos se transforman, abriendo espacio a herramientas y objetos cotidianos con los que el artista propone nuevas formas de crear. Esta vez, el punto de partida será el modernismo melillense.
El taller no se plantea como una manualidad puntual, sino como una experiencia artística con vocación de permanencia. Sola quiere que los compis —así es como llama a los niños y niñas que participan en sus talleres; una forma de aplanar jerarquías y horizontalizar la interacción con los más pequeños— se lleven a casa una obra que puedan conservar, incluso enmarcar, como recuerdo de algo vivido y comprendido.
El taller propone trabajar sobre cartulinas azul oscuro con tizas blancas. Sobre ese soporte nocturno aparecerán impresas en línea fachadas modernistas reconocibles de la ciudad, como la Casa de los Cristales, la Plaza del Sagrado Corazón o estampas de la Avenida principal de la urbe. Edificios que acostumbramos a ver cada día, casi de forma interiorizada, pero que rara vez nos detenemos a observar y reconocer como parte de un patrimonio singular.
En lugar de dibujar sobre fondo claro y añadir sombras y colores, los niños y las niñas sacarán la luz desde la oscuridad. Con la tiza —un material asociado al uso funcional del aula— iluminarán ventanas, encenderán lunas y salpicarán estrellas, construyendo escenas oníricas donde la arquitectura modernista se transforma bajo un nuevo prisma. El ejercicio del claro-oscuro se convierte así en un cambio de paradigma: no se trata de añadir sombra, sino de descubrir la luz.
Para Sola, esa inversión es también mental. Romper la norma, cuestionar lo establecido, demostrar que el arte no siempre responde a un esquema fijo. El artista, nacido en Málaga, ciudad bañada por el mar, explica que cruzar al otro lado le hizo sentirse dentro de la misma cultura, y que en Melilla ha encontrado un lugar al que se siente profundamente vinculado. Esa mirada híbrida, de quien ama el mar y la ciudad que lo acoge, atraviesa su forma de entender la creación.
En su ideación e inspiración aparece con frecuencia la idea del paseo. Pasear sin prisas, mirar con ojos de turista aunque se lleven años viviendo aquí, detenerse ante una fachada que normalmente se cruza a paso acelerado entre obligaciones y horarios. El taller nace de ese deseo de recuperar la contemplación y trasladarla a los más pequeños, para que aprendan a valorar y reconocer lo que tienen delante.
Melilla, recuerda, es la segunda ciudad del mundo con más modernismo gracias al legado de Enrique Nieto, entre otros arquitectos. Sin embargo, esa singularidad muchas veces pasa desapercibida en la rutina diaria. ‘Iluminar el Modernismo’ propone precisamente eso: volver a mirar, reconocer y poner en valor lo que forma parte del paisaje cotidiano, pero hacerlo desde la práctica artística, accesible y experimental.
El trabajo no se limita al trazo. Sola acompaña la realización de la obra con un relato, un storytelling que aportará contexto y ampliará la experiencia más allá del dibujo. No hay errores, insiste en todas sus actividades como expresión pedagógica hacia sus compis; cada gesto, cada detalle, cada improvisación o enfoque diferente suma. Esa horizontalidad en la relación, en la que él se define más como compañero que como figura jerárquica, forma parte del clima creativo que busca generar.
Hay una imagen que resume su intención pedagógica: no colocar piedras en el camino, sino adoquines. Pequeñas piezas que, sin imponerse, van construyendo un recorrido. Cada taller es uno de esos adoquines que los niños y niñas incorporan a su propio trayecto vital. Quizá el día de mañana recuerden aquella cartulina azul oscuro y vuelvan a experimentar en casa. Quizá miren una fachada con otros ojos. Quizá comprendan que lo cotidiano puede transformarse en obra.
El programa previsto para 2026 recoge precisamente esa idea de recorrido visual de la ciudad desde la práctica artística. Comenzar por el modernismo es solo el primer capítulo. En futuras sesiones, el itinerario incorporará otros elementos identitarios como el mar, los azulejos hidráulicos de las viviendas de la Avenida o los atardeceres de Melilla la Vieja, entre otras propuestas. Cada taller funcionará como una pieza dentro de un conjunto mayor, de modo que quienes repitan puedan construir, obra tras obra, su propio mapa artístico de la ciudad.
El Museo Etnográfico se convierte así en un espacio de diálogo entre culturas y tiempos. Mientras en sus salas conviven objetos, trajes y piezas que narran la diversidad melillense, en el patio o bajo sus bóvedas se abre paso una experimentación que conecta pasado y presente. Si el tiempo lo permite, el taller se desarrollará en el exterior, en ese Patio Inglés que rara vez se visita y que, por unas horas, se transforma en comunidad creativa.
La rápida respuesta a la convocatoria confirma el interés que despiertan estas propuestas. Las inscripciones, gestionadas por correo electrónico, se completaron en menos de un día. Para Sola, este respaldo es también una responsabilidad para seguir ofreciendo experiencias que desbloqueen moldes, que atrapen a los más pequeños, que demuestren que una tiza puede dejar de ser únicamente una herramienta funcional para convertirse en vehículo creativo. Unos talleres que además, permiten que los niños y las niñas se acerquen al interior de la historia de Melilla y de las culturas que la conforman. Permitiendo que el arte sea también un vehículo que invite a recorrer las instalaciones de los museos.
Con ‘Iluminar el Modernismo’, el Museo Etnográfico no solo acoge un taller. Propone un paseo distinto por la ciudad, un ejercicio de observación y una invitación a construir, adoquín a adoquín, una relación más consciente con el patrimonio que nos rodea.
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