El cementerio de mascotas en Melilla sigue siendo una promesa que, aunque real y con respaldo político, avanza al ritmo lento que imponen los procedimientos administrativos. Años después de que se presentaran los primeros proyectos, y tras un parón provocado por el ciberataque a la administración local, el Gobierno de Melilla asegura estar retomando la iniciativa con más fuerza que nunca.
Desde la Consejería de Medio Ambiente, su titular, Daniel Ventura, reconoce que el ciberataque sufrido hace un mes ha dejado secuelas profundas en muchos departamentos, y especialmente en aquellos que manejaban expedientes de infraestructuras y contratos públicos.
"Desde el ciberataque llevamos un retraso importante. Estamos reactivando todo lo que quedó perdido por el camino", señala Ventura, quien asegura que se están retomando conversaciones internas para avanzar cuanto antes. "Vamos a tener una reunión con la funcionaria que lleva el tema, hemos estado hablando sobre ello y la idea es montarlo cuanto antes", añade.
El proyecto, tal como lo concibe la Consejería de Medio Ambiente, no solo contempla un cementerio convencional para mascotas, sino también un columbario donde puedan depositarse las cenizas de los animales incinerados, tras su paso por la futura incineradora.
Esta parte, según Ventura, también forma parte del plan que está pendiente de ejecución.
Uno de los primeros pasos, explica Ventura, es reactivar el contrato de compra de los elementos necesarios para poner en marcha las instalaciones. "Primero hay que reactivar el contrato de compra, luego montarlo en la granja y paralelamente, hacer el columbario para mascotas", detalla.
En paralelo a este proceso, se están revisando los procedimientos que habían quedado congelados. Aunque la voluntad política existe, la administración no se mueve a la velocidad deseada: los plazos de licitación, adjudicación y ejecución ralentizan los proyectos, sobre todo cuando implican contratos de gran envergadura.
Julio Montero, experto en bienestar animal y uno de los impulsores originales de este proyecto, recuerda que fue en 2017 cuando comenzó a elaborar y presentar un plan integral para la Ciudad Autónoma de Melilla. "No solo hablamos de cementerios e incineradoras, también incluimos nuevos parques caninos y áreas de esparcimiento para animales", afirma Montero, que sigue colaborando con el Gobierno en que los aspectos técnicos del proyecto.
Montero insiste en que, desde el principio, se ha trabajado en coordinación con las distintas áreas del Gobierno. "Todo se ha tramitado desde el primer momento, pero tenéis que entender que hay que encontrar espacios que cumplan las normativas de los técnicos medioambientales del Gobierno , que dependen de la Delegación", explica.
Una vez superado este escollo, el proyecto entra en una segunda fase no menos compleja: la adecuación de las instalaciones, que debe realizarse a través de contratos públicos. "Hay que sacar a licitación pública todo lo necesario: desde las obras para habilitar el espacio hasta la maquinaria necesaria para incinerar a los animales", recalca Montero.
Más allá de las trabas administrativas, existe una realidad legal y medioambiental que impide la creación de un cementerio de mascotas tal como muchos melillenses imaginan: con espacios para enterrar directamente a los animales tras su fallecimiento.
"En Melilla es muy complicado que se autorice un cementerio de mascotas como tal, donde se puedan enterrar animales recién fallecidos sin incinerar", advierte Montero, quien aclara que el problema no es de la Ciudad Autónoma, sino de la legislación estatal y los criterios de los técnicos medioambientales que dependen del Gobierno central.
La razón es clara: los cuerpos en descomposición emiten gases tóxicos - entre ellos, metano - y sus fluidos pueden filtrarse al suelo. "Cuando llueve, estos restos pueden acabar en los sistemas de pluviales y contaminar las aguas recogidas, lo que supone un riesgo sanitario", explica.
Esta realidad ha provocado incluso que se desautorizada un cementerio de mascotas en Melilla en el pasado, y explica también por qué apenas existen instalaciones en España. "Los cementerios que hay actualmente son para depositar urnas, es decir, los restos cremados de los animales, y no para entierros como los que se hacen en humanos", añade.
Por este motivo, se descarta abrir completamente un cementerio para enterramientos antes de disponer de una incineradora en condiciones. "Es inviable legalmente y supondría una sanción grave. Por eso primero hay que adquirir y poner en marcha la incineradora, y luego desarrollar el columbario", subraya Montero.
Uno de los elementos clave del proyecto es precisamente la adquisición de una incineradora adecuada. No cualquier aparato puede ser instalado; debe cumplir con la normativa medioambiental y de emisiones. Para ello, se debe redactar un pliego técnico detallado que establezca las condiciones para que las empresas especializadas puedan presentar sus ofertas.
"Estos trámites no solo son necesarios, son obligatorios por la ley", indica Montero. "Cada contrato debe ser mayor, por el importe, y eso implica que hay que redactar los pliegos técnicos, sacar la oferta económica, esperar los plazos de adjudicación, etc".
A pesar de todo, insiste en que el proyecto no está ni parado ni olvidado, sino que se encuentra en una fase lenta, pero activa. "La administración es muy lenta, eso es verdad, pero la voluntad política está", asegura, destacando el papel tanto de Daniel Ventura como del vicepresidente primero, Miguel Marín.
"Puedo garantizar que tanto Ventura como Marín y Randa Mohamed, han mostrado mucho interés por sacar esto adelante", concluye.
Entre los ciudadanos, la demanda de este tipo de infraestructuras no es solo creciente, sino que está cargada de emoción y urgencia. Una joven reflexiona sobre lo que supondría perder a su perro: "Mi perro tiene diez años. De pensar que se pueda ir y tenga que ser tratado como un residuo, como una basura, me parece absolutamente injusto. No entienden que las mascotas son un miembro más de la familia, hay que tratarlos como tal. En mi caso, que vivo sola, mi perro es mi compañero de vida. No puedo concebir que muera y que no pueda tener sus cenizas con dignidad en un crematorio. Es imprescindible. Se tiene que priorizar desde Medio Ambiente. Es básico, y si hay que escribirlo en el cielo, que se escriba, pero hay que darle prioridad absoluta. Las mascotas merecen dignidad también al morir".
Otra joven coincide en que se trata de un servicio necesario, aunque plantea su propio enfoque: "Estoy de acuerdo con que haya un cementerio para quien quiera enterrar allí a su mascota, pero en mi opinión, yo quiero hacerlo donde me apetezca. Con la nueva ley de bienestar animal, creo que si tu mascota muere, tienes que llevarla al veterinario, y allí la incineran o no sé. Pero yo, cuando muera la mía, quiero enterrarla donde la pueda tener cerca, en mi patio, por ejemplo".
Una tercera joven también se muestra favorable al proyecto: "Si, es necesario un cementerio de mascotas. Yo tengo un perro y es parte de mi familia. Al igual que los humanos son enterrados, las mascotas también lo merecen".
La ciudad, en definitiva, espera. Espera que la administración gane la batalla contra la burocracia, supere las secuelas del ciberataque y convierta esta deuda emocional en una infraestructura real.
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