El verano no siempre es sinónimo de descanso. Para algunas parejas, las vacaciones se convierten en el momento en el que salen a la luz problemas que llevaban meses, o incluso años, escondidos bajo la rutina diaria. Más tiempo juntos. Más gastos. Más dificultades para organizarse. Y, en muchos casos, una convivencia que termina pasando factura.
El Instituto de Política Social (IPSE) ha lanzado una advertencia sobre la evolución de las rupturas familiares durante los próximos meses. Según sus previsiones, entre la última semana de julio y el final de septiembre de 2026 podrían registrarse entre 22.500 y 23.000 divorcios, separaciones legales y nulidades en España.
Una cifra que supone una media cercana a las 350 rupturas diarias durante este periodo. El organismo calcula, además, que las primeras semanas de septiembre concentrarán el mayor número de demandas. Hasta un 40% más que la media del resto de trimestres, según sus estimaciones.
El verano, en realidad, no rompe por sí solo una relación. Pero sí puede convertirse en el detonante. Durante el año, el trabajo, los horarios y las obligaciones dejan poco espacio para hablar. Para discutir. También para darse cuenta de que algo no funciona.
Con la llegada de las vacaciones, la situación cambia de golpe. La pareja pasa de verse unas horas al día a compartir prácticamente todo el tiempo. Y ahí pueden aparecer problemas que estaban aparcados.
El IPSE habla de una combinación de factores que puede poner contra las cuerdas a muchos hogares. Uno de ellos es precisamente esa convivencia continua. Sin las válvulas de escape de la rutina, las diferencias pueden hacerse más visibles. Y los conflictos, más difíciles de evitar.
A esto se suma el dinero. Viajar, alojarse, comer fuera o simplemente mantener el ritmo de gasto de las vacaciones no resulta sencillo para muchas familias. El aumento del coste de la vida y la necesidad de recurrir, en algunos casos, al endeudamiento pueden generar una presión añadida.
Las discusiones por las cuentas de casa no son nuevas. Pero cuando llegan después de meses de esfuerzo económico, el verano puede convertirse en el último empujón para una relación que ya venía debilitada.
También está el cansancio. Las parejas llegan a las vacaciones después de meses de trabajo y de hacer auténticos malabarismos para cuidar a los hijos. Y cuando llegan las vacaciones escolares, la carga no desaparece. Cambia de forma.
Los niños están en casa durante más tiempo. Hay que organizar horarios, actividades y cuidados. Muchas familias no tienen recursos para contratar ayuda ni una red de apoyo suficiente. Así que el supuesto descanso se convierte, para muchos padres, en otra etapa de agotamiento.
El IPSE apunta también a un cambio social. Su presidente, Pablo Hertfelder García-Conde, considera que la sociedad actual ha normalizado la ruptura como una solución rápida ante las dificultades.
«Asistimos a una desertización familiar consentida por el Estado; mientras el Gobierno gasta millones en propaganda y división social, abandona a las parejas a la asfixia económica y la falta de apoyo institucional», afirma.
En otra de sus declaraciones, Hertfelder sostiene que «el divorcio no es un éxito de libertad, es un fracaso del sistema». Y reclama más apoyo para las parejas antes de que los conflictos terminen en los tribunales.
«Es insostenible que en España se rompa un matrimonio cada cinco minutos y las instituciones miren hacia otro lado», señala. En su opinión, muchas familias no cuentan con recursos gratuitos de orientación y mediación cuando empiezan los problemas.
El instituto considera que las consecuencias van más allá de la propia pareja. Las rupturas afectan también a los hijos y a la economía de los hogares. Y, según su presidente, pueden agravar problemas como el descenso de la natalidad o el estrés familiar.
«Cuando un hogar se rompe por falta de apoyo o por estrés financiero, el Estado ha fallado», afirma Hertfelder García-Conde.
Ante esta situación, el IPSE reclama medidas concretas. Entre ellas, una Red Nacional de Orientación y Mediación Familiar Gratuita para que las parejas puedan recibir ayuda antes de acudir a los tribunales.
También propone incentivos fiscales para los matrimonios estables y una prestación universal por hijo a cargo que ayude a reducir la presión económica de las familias.
La organización pide, además, introducir en las aulas formación sobre gestión emocional, resolución de conflictos y relaciones afectivas.
La previsión del IPSE sitúa así el final del verano como un periodo especialmente complicado para muchas parejas. Pero detrás de cada cifra hay una historia distinta. Una discusión que se repite. Un problema económico. El cansancio de meses. O una relación que llevaba tiempo rota por dentro.
Las vacaciones no crean todos esos problemas. A veces, simplemente dejan más tiempo para verlos.








