La extrema sensibilidad tras los sucesos fronterizos del pasado verano nos puede llevar a sacar las cosas del tiesto y convertir en un conflicto lo que no ha sido tal. El cruce entre una patrullera marroquí y el barco rápido el pasado miércoles está desatando una nueva polémica cuando en realidad no parece que el suceso tenga mayor relevancia pues todo indica que fue más casual que causal.
Ayer, el delegado del Gobierno hablaba de “hecho puntual” sin consecuencias. Efectivamente, no las tuvo y es posible que se esté extremando lo sucedido cuando se reclama por ello explicaciones al Gobierno de España y al de Marruecos.
En lo tocante a las relaciones con el vecino país tan malo es minimizar las agresiones hacia Melilla por la parte marroquí como desbordarlas más allá de su auténtica dimensión. Debemos ser férreos en la defensa de nuestros intereses pero también fieles a nuestra vocación de mantener unas buenas relaciones con el país vecino.
Añadir además al asunto tintes de confrontación política entre partidos, acusando al PP de manipular informaciones para alarmar a la población, es igualmente grave. Sería conveniente por todas las partes evitar el extremismo y moderar un poco más las declaraciones públicas que al respecto vienen haciendo los distintos partidos.
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