Con una sonrisa que desarma, una voz que emociona y un espíritu imparable, la cantante melillense María Mendoza está escribiendo su mejor capítulo artístico. 2024 ha sido su año más vertiginoso, de esos en los que no hay tiempo ni para pestañear… y en los que cada aplauso confirma que el esfuerzo ha valido la pena. Ahora, con la maleta llena de sueños (y trajes de escenario), pone la mirada más allá del mar: la península la espera.
María no se detiene. Este año ha sido una verdadera maratón de emociones, con conciertos vibrantes, una aparición estelar en el concierto de fin de año con Televisión Melilla, y el plato fuerte: “Dibulandia”, una producción teatral que la tuvo inmersa durante meses y que demostró su faceta más intensa y creativa.
Y como si no bastara, ha recorrido España con la compañía de tránsito, dejando huella en lugares como Cullera o Avernes (Valencia), donde el público no solo aplaudió, sino que cantó, bailó y vivió cada actuación como si no hubiera un mañana. María no solo canta: conecta.
Pero hay más: este verano, María también está girando por Andalucía con un espectáculo muy especial, un homenaje a la irrepetible María Jiménez, donde da rienda suelta a su alma más flamenca. En plazas, ferias y festivales, se sube al escenario con ese arte descarado y libre que tanto conectaba con la artista sevillana, y que Mendoza hace suyo con respeto y autenticidad.
“En Melilla he hecho muchas cosas, pero casi todo de forma privada: bodas, aniversarios…”, cuenta con esa mezcla de humildad y determinación que la define. Ahora quiere más. Madrid la recibe en agosto con dos fechas clave, el 8 y el 10, en las fiestas de Móstoles. Allí, en formato verbena, dará lo que mejor sabe: alegría, ritmo y autenticidad.
En cuanto a actuaciones en la feria de Melilla, Mendoza asegura que aún no tiene escenario. Y es que, tal y como se está evolucionando la feria, la caseta de Ceuta no montará tablas este año por la decisión de la juventud de elegir casetas discotecas. “No me van a poner en el escenario, porque la gente se va a las casetas de discotecas”, reflexiona la cantante. Sin embargo, no descarta actuar en alguna gala para el colectivo de mayores. Porque si algo tiene claro esta artista es que cualquier lugar es bueno si hay ganas de emocionar.
Entre los proyectos que más la ilusionan está “Dibulandia”, una producción que nació grande (con 45 personas) pero que ha tenido que adaptarse para poder girar por la península. ¿Lo bonito? Que a pesar de los ajustes, hay interés real por llevarla más lejos. Y eso es lo que cuenta: seguir creciendo sin perder la esencia.
María Mendoza es el reflejo de muchas mujeres: valientes, trabajadoras, apasionadas. De las que se caen, se levantan, y lo hacen con más fuerza. No es solo su voz la que deslumbra, sino su capacidad para reinventarse, para no dejarse arrastrar por lo cómodo y apostar por lo que le vibra por dentro.
Porque, al final, lo que María quiere (y consigue) es hacer arte desde el corazón y que ese corazón suene bien fuerte.
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