La artista ibicenca Marga Juan expone por primera vez en Melilla dentro de la muestra colectiva Miradas de Mujer -Miradas de Dona-, organizada por la Fundación Balearia en la sala de exposiciones del Real Club Marítimo. Su obra, profundamente conectada con la naturaleza y el mar, destaca por su delicado manejo de la acuarela y su particular forma de entender el arte como experiencia, intuición y comunidad.
“Nunca habría pensado exponer en Melilla y fue un placer”, dice Marga Juan con la naturalidad de quien sigue asombrándose con cada paso de su trayectoria artística. Nacida en Ibiza en 1960, esta creadora autodidacta lleva 25 años trabajando con la acuarela como medio de expresión principal, una técnica que –aunque exigente– ha hecho completamente suya. Aunque ha probado otras técnicas como el óleo o el acrílico, siempre termina volviendo a esa fluidez impredecible de la acuarela, a partir de la cual trabaja la luz, el contraste y el movimiento. A diferencia de otras técnicas donde el error se puede corregir, la acuarela exige aceptar lo que ocurre en el papel o empezar de nuevo. “Quizás lo esencial es intentar no controlarla”, asegura la artista que destaca la espontaneidad de esta técnica plástica. Esa falta de control absoluto, esa libertad de la mancha fluyendo en el lienzo, es también lo que permite que emerja la emoción en su obra, donde la abstracción y lo figurativo se entremezclan.
Su entorno isleño es una de sus mayores fuentes de inspiración. “Lo que más me inspira siempre es la naturaleza, desde la hojita más pequeña hasta el paisaje, el mar, que me gusta mucho”, comenta Marga Juan. Una relación íntima con el agua que se traduce en fondos marinos donde se permite al observador contemplar corales, peces, luces sumergidas y sombras profundas que se deslizan en sus composiciones. “El primer fondo marino me salió de casualidad. Hice unas manchas que al mirarlas vi que podían ser eso, y a partir de ahí empecé a trabajarlos más y más”, relata. Así es su proceso creativo: parte de la intuición, de la observación de manchas y transparencias, y luego construye desde ahí, sin perder nunca de vista aquello que le llamó la atención en primer lugar, algo que le ayuda a precisar la intencionalidad de aquello que quiere representar en sus obras.
Gracias a su participación en el grupo Art amb B y la colaboración con la Fundació Baleària, Marga Juan ha podido llevar su obra fuera de las Islas Baleares y compartirla con otros públicos. “Yo estoy en Ibiza trabajando en mi taller… nunca habría podido exponer en Melilla por mí misma, si no hubiera sido a través de Baleària y de todo el grupo que hay detrás”, cuenta con gratitud. Para ella, estos encuentros artísticos son también espacios de crecimiento humano. “Te enriquece en todos los sentidos; en el humano, porque contactas con otros artistas, te cuentan lo que han hecho, ves cómo se expresan… Es un punto de encuentro muy bonito”. La exposición en el Club Marítimo de Melilla no solo ha sido una oportunidad para mostrar su trabajo, sino también para compartir espacio con otras mujeres artistas de orígenes y trayectorias diversas, en una sala que, según sus palabras, “era muy bonita” y un grupo humano que la hizo sentir acogida.
Además de las acuarelas en formato tradicional, Marga también participa en proyectos artísticos que buscan romper los límites del lienzo y acercar el arte al espacio público. Ha intervenido objetos como paraguas o persianas —cortinas exteriores pintadas— muchas veces a propuesta del comisario Antoni Torres. “Es como sacarte de tu zona de confort. También suma. Es una experiencia, un bagaje”, reconoce. Una de estas intervenciones más llamativas fue pintar persianas en Denia, una iniciativa que reúne a artistas de distintos lugares para convertir las calles en galerías al aire libre. Es una forma de democratizar el arte, de hacerlo presente en la vida cotidiana de quienes quizá no visitan museos o salas de exposiciones.
Uno de los sellos personales de Marga Juan es su manera de trabajar el color: paletas que evocan el fondo marino con azules profundos, verdes líquidos, y a veces contrastes en amarillo o tonos tierra. Todo parte de la mancha inicial, del gesto espontáneo que se convierte en dirección. “Cuando vas trabajando buscas una armonía que yo siento que me gusta”, explica. Es una búsqueda casi orgánica, como si el cuadro le fuera diciendo qué necesita a cada paso. Otro rasgo que atraviesa toda su obra es la sensación de movimiento. “Intento captar el movimiento, que no es fácil porque el papel está quieto, pero juego con la luz, el contraste… Y a la vez tengo que simplificar porque si no es un caos. La naturaleza haga lo que haga, puede ser un caos, pero es armónica”, reflexiona.
La trayectoria de Marga Juan es la de una artista que ha hecho del arte una forma de explorarse a sí misma y de conectar con los demás. A través de la acuarela, ha construido un lenguaje propio lleno de matices, transparencias y emociones que hoy cruza el mar para llegar a lugares como Melilla, sumándose a una exposición colectiva que celebra el talento femenino y el intercambio cultural. “Es un lujo poder dedicarte a esto”, dice. Y esa gratitud se nota en cada palabra, en cada mancha, en cada obra que deja sobre el papel su particular mirada: la de una mujer isleña, que transforma el agua en arte y lo comparte allá donde la vida la lleva.
La exposición Miradas de Mujer nace con el propósito de reconocer, visibilizar y dar voz al arte hecho por mujeres, reivindicando su lugar en el mundo cultural y promoviendo la igualdad de género. Organizada por la Fundació Baleària y la Asociación Art amb B, en colaboración con Els Magazinos, la muestra reúne a 14 artistas procedentes de distintos puntos del Mediterráneo —como Baleares, Comunidad Valenciana y Ceuta— y abarca técnicas diversas como la pintura, escultura, fotografía, cerámica o arte textil. Esta pluralidad artística y geográfica refleja la riqueza de miradas, experiencias y trayectorias personales, con obras que abordan temas como la identidad, el cuerpo, la memoria, la conexión con la naturaleza y el empoderamiento femenino. En conjunto, la exposición apuesta por una cultura más inclusiva y diversa, donde todas las miradas tengan cabida. En Melilla, permanecerá abierta hasta el próximo 7 de diciembre en el Real Club Marítimo.
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