Cultura y Tradiciones

Manuel Heredia: "Para conservar nuestra vida, tuvimos que perder nuestra lengua"

El Día Mundial de la Lengua Romaní reivindica la preservación y transmisión de una lengua con siglos de historia, diversidad y presencia en Melilla

Cada 5 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Lengua Romaní, una jornada proclamada por la UNESCO en 2015 con el objetivo de promover la preservación de esta lengua y de la cultura romaní, mejorar el bienestar del pueblo romaní y reconocer la importancia de todas las lenguas como expresión de la diversidad cultural. La fecha sirve también para poner el foco en una lengua vinculada a la historia, la identidad y el patrimonio de las comunidades gitanas y en los esfuerzos que, durante las últimas décadas, se han desarrollado para favorecer su reconocimiento, investigación, estandarización y transmisión.

La UNESCO señala que la lengua romaní cuenta con unas 33.000 palabras y que constituye una base importante para avanzar en su modernización y en su estandarización. Existen 17 dialectos, aunque los hablantes de variedades diferentes pueden entenderse entre sí. Esta diversidad es consecuencia de la propia historia de un pueblo que se ha asentado en distintos territorios y que ha desarrollado diferentes formas de hablar la lengua en función de sus contextos geográficos y culturales. La existencia de estas variedades no ha impedido el trabajo para establecer una forma común que facilite su enseñanza, escritura, investigación y difusión, aunque todavía queda camino por recorrer.

En España, la realidad lingüística presenta unas características particulares. Manuel Heredia, miembro del Consejo Asesor del Instituto de Cultura Gitana, explica que la historia de la lengua romaní en el país está marcada por un proceso de pérdida que comenzó siglos atrás y que estuvo relacionado con las medidas de persecución y prohibición que afectaron a las comunidades gitanas. "Cuando llegamos a España, en 1425, llegamos con el romané, que es nuestra lengua", explica Heredia. Sin embargo, las prohibiciones y la presión ejercida sobre quienes la hablaban hicieron que su utilización fuera reduciéndose progresivamente. "Para conservar nuestra vida tuvimos que perder nuestra lengua", resume.

La desaparición del romaní como lengua de uso general no significó, sin embargo, que su legado desapareciera por completo. Durante generaciones, determinadas palabras y expresiones continuaron utilizándose en el ámbito familiar y en círculos más reducidos, manteniendo parte de aquella herencia lingüística. En España se desarrolló así el caló, una variedad relacionada históricamente con el pueblo gitano que combina un importante componente léxico procedente del romaní con la estructura gramatical del castellano. Heredia explica que ese proceso permitió conservar una parte de la lengua original pese a la pérdida progresiva de su uso generalizado.

La huella del caló permanece todavía en el castellano cotidiano. Según Heredia, se utilizan aproximadamente un centenar de palabras procedentes de esta tradición lingüística sin que en muchos casos quienes las emplean conozcan su origen. Son términos incorporados al habla habitual que constituyen un ejemplo de cómo una lengua puede dejar una huella profunda incluso cuando su utilización como sistema lingüístico completo se ha reducido. "Me voy a sobar", expresión utilizada coloquialmente para anunciar que alguien se va a dormir, es uno de los ejemplos que pone sobre la mesa para explicar cómo determinadas palabras de origen caló forman parte de la comunicación cotidiana en castellano.

La historia del romaní no se limita, sin embargo, a su evolución en España. En el ámbito internacional, la lengua presenta una diversidad considerable y se articula en diferentes dialectos vinculados a los distintos grupos y territorios en los que se ha desarrollado. La necesidad de favorecer la comunicación entre hablantes de distintas variedades llevó a impulsar procesos de estandarización. Heredia recuerda en este sentido el congreso celebrado en Polonia en 1990, en el que se avanzó en la creación de una forma estandarizada del romaní. A partir de aquel encuentro se desarrollaron otros trabajos y congresos destinados a consolidar una lengua común que pudiera servir como referencia para las diferentes comunidades.

La estandarización constituye una herramienta relevante para la supervivencia y el desarrollo de una lengua, especialmente cuando esta ha tenido históricamente una fuerte tradición oral. En el caso del romaní, el proceso permitió avanzar también en su utilización escrita. Heredia destaca que actualmente existe una lengua romaní tanto oral como escrita y que dispone de un sistema de escritura propio. Su origen se encuentra en el subcontinente indio y está relacionado con las lenguas indoiranias, aunque el romaní es una lengua diferenciada. La referencia a su raíz sánscrita permite comprender parte de su recorrido histórico, pero no debe confundirse el origen de la lengua con el sistema lingüístico que utilizan actualmente sus hablantes.

El reconocimiento internacional alcanzó uno de sus principales hitos en 2015, cuando la UNESCO proclamó el 5 de noviembre como Día Mundial de la Lengua Romaní. La declaración permitió situar la lengua en el ámbito de la protección y la promoción de la diversidad lingüística y cultural y proporcionó una fecha específica para visibilizar su importancia. La UNESCO plantea esta jornada como una oportunidad para promover la preservación de la lengua y la cultura romaníes, impulsar su investigación y favorecer el diálogo intercultural. El objetivo se relaciona con una concepción de la diversidad lingüística como patrimonio compartido y como elemento de fortalecimiento de las sociedades.

En Melilla, esta conmemoración tiene también una dimensión vinculada a la educación y a la transmisión del conocimiento. La Consejería de Cultura, junto con el Instituto de Cultura Gitana, ha impulsado actividades destinadas a acercar la cultura y la lengua romaní a estudiantes de diferentes ámbitos. Entre ellas figuran unas jornadas previstas para los días 11 y 12 de noviembre en la Universidad de Granada, dirigidas a alumnado de los grados relacionados con Educación y Trabajo Social. También se ha programado un taller gastronómico en la Escuela de Hostelería de Melilla, destinado a los propios alumnos del centro.

El planteamiento educativo responde a una idea que Heredia considera fundamental: que el conocimiento de la cultura y la lengua gitanas entre quienes en el futuro ejercerán como docentes o educadores sociales puede contribuir a generar respeto y a mejorar el conocimiento de la realidad de esta comunidad. La presencia de estos contenidos en espacios universitarios permite acercar la diversidad cultural a futuros profesionales que tendrán contacto directo con niños, jóvenes y familias y que podrán desempeñar un papel relevante en la transmisión de una visión más amplia y plural de la sociedad.

En Melilla, según las estimaciones que maneja el Instituto, la población de origen gitano ronda el millar de personas. La dimensión local de la celebración permite observar cómo una lengua y una cultura con una trayectoria histórica internacional también forman parte de la realidad cotidiana de la ciudad. En este contexto, la educación aparece como una vía para reforzar el conocimiento de esa realidad y, al mismo tiempo, para favorecer que las nuevas generaciones conozcan el patrimonio lingüístico y cultural asociado al pueblo gitano.

La transmisión familiar continúa siendo otro de los elementos esenciales para mantener viva la lengua y sus expresiones. Heredia explica que en muchos hogares se siguen utilizando palabras, frases y vocabulario procedentes de esta tradición, aunque no necesariamente durante toda la comunicación cotidiana. La intensidad de ese uso puede variar de unas familias a otras, pero la transmisión entre generaciones permite conservar elementos lingüísticos que, de otro modo, podrían desaparecer. "La única forma para que se mantenga viva" es precisamente continuar utilizándola y transmitiéndola, señala.

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