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Los negocios de alimentación del Rastro reviven por Ramadán

Los ciudadanos hacen cola de forma paciente y separados en las aceras

El barrio del Rastro no ha recuperado la vida que tenía antes de la crisis sanitaria por el COVID-19 ni puede debido a las medidas de confinamiento. Tampoco tiene el mismo aspecto que en Ramadán del pasado año, cuando se podían ver decenas de puestos de dulces, panes, frutas y pescados por sus calles. Pero de alguna forma, hoy, en vísperas de que comience el Mes Sagrado para la comunidad musulmana, este barrio ha revivido respecto a otros días de este confinamiento que los ciudadanos guardamos desde hace semanas.

Las compras por Ramadán han provocado que haya colas por todos lados, incluso en la fuente del Bombillo para coger agua. Los melillenses han aprendido a que hay que guardar unos metros de distancia y, como pueden, porque las aceras no son muy anchas en la zona, dejan ese espacio entre ellos. Se piden la vez y guardan con paciencia a que llegue su turno en las numerosas carnicerías de este barrio, así como en las panaderías, donde se compra chubaquía, o en las fruterías, de donde se requieren dátiles para la ruptura de ayuno.

No hay caos, aunque se escuche alguna discusión sobre quién llegó antes o no a un establecimiento de alimentación. Los ciudadanos acuden no solo con esas mascarillas y guantes a hacer sus colas, sino también con altas dosis de paciencia porque hay quien intenta llevarse una gran compra de carne para evitar salir lo menos posible de casa y congelar la que no se use. No se puede hacer lo mismo con la fruta y verdura. No se pueden comprar en grandes cantidades porque se estropean en pocos días.

Pero había personas que no solo hacían las compras para ellas, sino también para sus vecinos o familiares con edades avanzadas. Si Ramadán es un mes para ser solidario, aún más en estos días que un virus ha paralizado la vida de todos y está dejando a muchas familias sin ingresos.

Sí que ha habido mucho ajetreo esta mañana en Rastro, pero era ordenado con colas frente a los comercios y es que el coronavirus ha cambiado no solo la forma de hacer la compra, sino también la esencia de este barrio caracterizado por su bullicio.

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