El Real de la Feria de Melilla se prepara para vivir su última jornada, tras una semana marcada por la música, las atracciones, la gastronomía y el ambiente de reencuentro. La Feria 2025 ha ofrecido un programa diverso en el que miles de melillenses han encontrado espacio para la diversión, la convivencia y también la nostalgia de las tradiciones.
Los conciertos han sido uno de los grandes atractivos. Artistas como Antoñito Molina, Merche o Cano han llenado el escenario principal con actuaciones multitudinarias que conectaron con públicos de todas las edades. También hubo momentos para la memoria colectiva con los grupos de los años 90, como Cómplices, Amistades Peligrosas o Alejo Stivel, que hicieron cantar a varias generaciones.
Los más jóvenes tampoco se quedaron atrás: disfrutaron de propuestas más urbanas como la de Lucho RK, además de una variada programación de DJ locales que animaron las noches y convirtieron la Feria en una auténtica pista de baile al aire libre.
Para comprobar cómo afrontan los melillenses este último día, El Faro de Melilla ha recorrido el Real de la Feria y recogido las impresiones de vecinos que, entre luces, música y risas, se preparan para despedir la fiesta.
Fernando, que volvió a la ciudad expresamente de vacaciones, resume su experiencia con entusiasmo: “Pues, bueno, han sido muchos días de ajetreo, de bailes con los amigos, de reencuentros, porque he venido a Melilla expresamente de vacaciones para reencontrarme con los familiares y amigos, y me lo he pasado muy bien, la verdad. Y también no solo he estado en las casetas comiendo y cenando, sino también en los cacharros, tirando a los dardos”.
Carmen, otra vecina, afronta el cierre con determinación: “Pues la verdad es que espero el final de la Feria con muchas ganas de aprovecharlo al máximo. Ha sido una feria bastante movida, en la que he podido reencontrarme con mis amigos, que hacía mucho tiempo que no los veía. Para el último día lo que más me apetece es disfrutarlo con ellos, salir a bailar, dar una vuelta por las casetas y exprimir al máximo cada momento antes de que se acaben”.
Entre los paseantes, también encontramos a José Manuel, que vive la Feria de una forma más familiar: “Yo la disfruto sobre todo con mis hijos pequeños. Ellos esperan todo el año para montarse en los coches de choque y en el dragón. Para mí, verles felices ya lo compensa todo. El último día es especial porque sabemos que mañana toca volver a la rutina, al colegio y al trabajo, y eso da un poco de nostalgia”.
Hay quienes viven este cierre con un lema muy repetido entre los vecinos: “se acabó la Feria, se acabó el verano”. Para algunos, la despedida se asocia al regreso a la rutina, mientras que otros confiesan que todavía se quedan con ganas de más vacaciones.
Rocío, estudiante universitaria, lo cuenta entre risas: “Para mí la Feria es el broche del verano. Volvemos a clase en unos días y ya no habrá tantas ocasiones para ver a los amigos. Me da un poco de pena, pero también pienso que hay que empezar el curso con ganas”.
En cambio, para Antonio, trabajador autónomo, la vuelta a la normalidad es casi un alivio: “Está muy bien salir y divertirse, pero también se hace largo. Yo ya tengo ganas de retomar la rutina y descansar un poco del trasnoche. La Feria ha sido fantástica, pero todo tiene su final”.
La gastronomía ha sido uno de los ejes de la Feria de Melilla. Durante toda la semana, las casetas han ofrecido desde el tradicional pescaíto frito hasta tapas y raciones para compartir, acompañadas de vinos y cervezas.
Las comidas familiares, las cenas de amigos e incluso los encuentros laborales han convertido a la Feria en un auténtico punto de reunión social.
Más allá de la música y las atracciones, el ambiente en torno a la mesa ha reforzado la importancia de estas fiestas como un espacio de convivencia y tradición.
Las noches de Feria han estado marcadas por el protagonismo de los jóvenes, que han disfrutado especialmente de las actuaciones de los artistas urbanos y de los DJ locales. Para ellos, el último día será una oportunidad de cerrar con intensidad una semana de baile. Álvaro, de 19 años, lo cuenta con entusiasmo: “He salido casi todos los días. Lo mejor ha sido la música de los DJ, porque le ha dado un ambiente de festival a la Feria. Esta noche pienso quedarme hasta que apaguen las luces, porque hay que aprovechar”.
Para David, de 21 años, la Feria también ha supuesto un reencuentro con amigos y un desahogo tras el verano: “Muchos estamos estudiando fuera y aprovechamos esta semana para vernos. Las actuaciones han estado a tope, y lo que se vive por la noche en la zona joven no tiene comparación. Es como estar en una fiesta al aire libre con todos los tuyos”.
Lucía, de 18, destaca el buen ambiente: “Ha sido una pasada, la gente tenía ganas de pasarlo bien. Además, los DJ han sabido mezclar de todo: reguetón, electrónica, un poco de pop… y eso hace que no pares de bailar. Esta noche vamos con ganas de despedirnos por todo lo alto”.
El cierre de la Feria siempre deja un sabor agridulce: la emoción de un último baile se mezcla con la tristeza de despedir las fiestas. En el Real se respira esa mezcla de sentimientos: familias que planean dar una última vuelta en las atracciones, amigos que se citan para cenar juntos una vez más y grupos de jóvenes que se preparan para estirar la noche hasta el amanecer.
María, que acude cada año con sus padres, lo describe así: “El último día es el más bonito, porque aunque sabes que se acaba, lo vives todo con más intensidad. Cada paseo, cada canción y cada plato saben distinto. Yo pienso aprovecharlo hasta el final”.
La Feria de 2025 será recordada como una edición intensa, con propuestas musicales para distintas generaciones, un ambiente social marcado por los reencuentros y una asistencia que ha superado las expectativas. El Real se despide entre luces de colores, risas y nostalgia, con la vista puesta ya en la próxima edición.
La sensación general es unánime: ha sido una Feria completa, en la que Melilla ha mostrado su capacidad para vivir en comunidad, celebrar su identidad y compartir momentos que quedarán en la memoria colectiva.
Y mientras las últimas sevillanas suenan y los cacharros giran una vez más, los melillenses saben que hoy toca despedirse, pero también que la Feria volverá, fiel a su cita, con nuevas oportunidades para reencontrarse y celebrar la vida en común.
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