Llenar el depósito vuelve a ser una preocupación para muchos conductores. En apenas unas semanas, el precio del combustible ha vuelto a escalar y ya son pocos los que no miran el cartel de la gasolinera antes de acercar la manguera al coche.
En Melilla, este 6 de agosto, el litro de gasóleo A se sitúa en 1,41 euros, la gasolina sin plomo 95 en 1,43 euros y el V-Power Diésel alcanza los 1,45 euros. Son cifras que siguen estando por debajo de la media nacional (entre 1,70 y 1,80), pero que no evitan el malestar entre quienes dependen del coche para ir a trabajar, llevar a los niños al colegio o simplemente moverse por la ciudad.
La sensación es casi unánime. Cada vez cuesta más llenar el depósito. Y aunque algunos visitantes consultados reconocen que intentan ahorrar buscando estaciones de servicio más baratas, la mayoría coincide en que el precio ya ha llegado a un punto difícil de asumir.
"¿Cuánto me duele llenar hoy el depósito del coche? Más que un dolor de tripas. Es que está carísimo", resume una melillense sin rodeos.
Su queja va más allá del precio. También apunta a la sensación de agravio respecto al resto del país. "Que piensen un poquito en las familias, porque tampoco se entiende que viviendo en Melilla tengamos casi el mismo precio que la península. ¿Y las bonificaciones dónde están?", lamenta.
Es una reflexión que se escucha con frecuencia entre los conductores. Muchos esperaban que la diferencia fiscal de la ciudad autónoma se tradujera en un combustible bastante más económico. Sin embargo, esa ventaja se ha ido reduciendo con el paso de los años.
Entre los peninsulares que se encuentran en Melilla aseguran que intentan esquivar la subida cambiando de hábitos. "Yo suelo utilizar estaciones low cost. Entonces no noto mucho la subida del carburante", explica otro conductor.
Pero incluso él reconoce que los precios actuales son elevados. "Sí, los precios son excesivos. Es algo coyuntural, motivado por la guerra en Irán".
A pesar de todo, asegura que no ha cambiado su forma de conducir ni ha reducido los desplazamientos.
No todos pueden decir lo mismo. En otras ciudades españolas ya empieza a notarse un descenso en los viajes de ocio durante el verano, especialmente entre quienes recorren largas distancias por carretera.
También hay quien observa el problema desde fuera. "Yo voy en bicicleta, pero sí, ha subido mucho. Me lo cuentan mis amigos. Me dicen que ya no pueden ir a ningún lado", comenta otro vecino.
Su propuesta pasa por una mayor intervención pública. "Podrían hacer como con la luz, fijar un precio razonable y que el resto se encargue el Estado hasta que vuelva a su precio".
Detrás de estas opiniones hay una preocupación compartida. El combustible afecta prácticamente a todo. Si subir el depósito cuesta más, también aumenta el coste del transporte de mercancías. Y eso termina repercutiendo en la cesta de la compra, en los servicios y, en definitiva, en el bolsillo de cualquier familia.
Los expertos apuntan a varios factores. El primero es el contexto internacional. La tensión en Oriente Medio ha provocado fuertes movimientos en el mercado del petróleo durante los últimos meses. Aunque el precio del barril ha mostrado cierta estabilización recientemente, los efectos llegan con retraso a las estaciones de servicio.
A eso se suma la retirada progresiva de algunas ayudas fiscales aplicadas al combustible durante los últimos meses. Desde el 1 de agosto se ha reducido parte de esa bonificación, lo que también ha contribuido al incremento del precio final que pagan los consumidores.
Los datos reflejan la tendencia. En España, la gasolina encadena ya cinco semanas consecutivas de subidas y se acerca a los precios más altos del año, mientras el diésel también continúa al alza.
Los responsables de estaciones de servicio prefieren ser prudentes cuando se les pregunta por el futuro inmediato.
Explican que el precio depende de factores internacionales imposibles de controlar desde una gasolinera. El coste del petróleo, la evolución de los mercados, los impuestos o cualquier cambio geopolítico pueden modificar el precio prácticamente de una semana para otra.
La sensación del sector es que todavía existe mucha incertidumbre. Si continúan las tensiones internacionales o siguen desapareciendo las ayudas fiscales, el combustible podría mantenerse en niveles elevados durante las próximas semanas.
En Melilla, donde las distancias son cortas, podría pensarse que el combustible tiene menos impacto que en otras ciudades. Pero basta hablar unos minutos con los conductores para comprobar que no es así. Cada céntimo importa.
Hay quien llena el depósito con menos frecuencia. Otros aprovechan cualquier recado para hacer varios desplazamientos de una sola vez. Algunos comparan precios antes de repostar. Y muchos, simplemente, asumen que el coche se ha convertido en otro gasto que no deja de crecer.
Porque el problema no es solo cuánto cuesta hoy llenar el depósito. Es la incertidumbre de no saber cuánto costará la próxima vez.
Y esa, más que el propio precio, es la preocupación que se respira estos días en las gasolineras de Melilla.
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