Los melillenses han cumplido con su palabra. Llevaban semanas anunciando que acudirían a la visita oficial de Sus Majestades los Reyes cerrando los negocios si era necesario. Encajaba con la sugerencia de las autoridades y del tejido asociativo de la Ciudad Autónoma. Algo así como “es una cita histórica, todo el mundo a la calle”. Para muchos, era la primera vez que veían tan de cerca a Don Felipe y Doña Letizia. Otros tenían muy presentes a Don Juan Carlos y Doña Sofía, hace ya 19 años.
Antes de su llegada, les era imposible disimular los nervios, la emoción y las ganas. Pero también la impaciencia. El programa ha ido según lo previsto. Serían las 11:00 horas cuando aterrizaron en Melilla, y tras un recorrido de escasos minutos en los vehículos oficiales, alcanzaron por fin su destino. Una visita que tiene una importante carga simbólica en un año que, tal y como confirman los melillenses, no ha sido nada fácil para ellos.
Con más motivo, la cercanía que han mostrado Sus Majestades con los vecinos y vecinas, ha sido el apoyo y el empujón que necesitaban tras meses de cuestionarse la españolidad de las ciudades autónomas. Retrocediendo algunas horas, los primeros en llegar lo hicieron sobre las nueve de la mañana. Los más madrugadores, antes de las siete. Unos antes y otros después, esta ventaja les permitió ocupar los puestos en primera fila y tener un cara a cara con los Reyes.
“La mañana va a ser apoteósica, estupenda, inolvidable”, anticipaba una de las vecinas. Alzaban la voz y repetían “¡Felipe, Felipe!” y “¡Letizia, Letizia!”. Cada cierto tiempo, empezaban a gritar si percibían movimiento: “¡Qué viene, qué viene!”. Algunos improvisaron y pusieron música a la espera. Sonó un clásico del país, “Paquito el Chocolatero” de King África. Ya se habían repartido todas las banderas y pulseras, que pasarán a ser un recuerdo de este día inolvidable, y no había nadie en la plaza que no llevase los colores nacionales.
Camisetas rojas y amarillas, o rojas y luego amarillas. Del Mundial que ganó España este verano. Carteles de colegios, y justo en frente, en la zona del Real Club Marítimo de Melilla, otra aglomeración de gente que quiso ver de cerca (y a la sombra) la entrada de los Reyes en la Plaza de España. Subidos a las fachadas de los edificios, ondeando las banderas, con pancartas que habían preparado en casa con mucho cariño. Los niños habían escrito cartas y dedicado dibujos a Sus Majestades.
Y algunos pudieron entregarlas. El presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, cruzó el espacio hasta colocarse junto al nuevo Monumento al Socorro. Pero antes, se paró junto a los vecinos, quienes le hicieron una fuerte ovación al grito de “¡presidente, presidente!”. La delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh, no tuvo el mismo recibimiento. A su llegada, fue el blanco de algunos abucheos en la plaza. Pero el “mal rollo” se disipó con el cántico “¡qué alegría, qué alegría, ha llegado la monarquía!”.
Había letras de todo tipo, entonadas y cantadas, con una oración que ha sido la más exitosa en la mañana: “¡Que viva España!”. Cuando el coche oficial accedió al recinto perimetrado, estallaron los aplausos. El nerviosismo no hizo más que crecer. Ha sido, en pocas palabras, “emocionante”. “Súper guay”, decían las nuevas generaciones. Y entonces se han sucedido las fotos, los apretones de mano, los autógrafos, y una primera conclusión: la espera ha valido la pena.
“¿Qué le diría a los Reyes?”, ha preguntado este periódico al público apiñado frente al Palacio de la Asamblea. “Que no nos abandonen y que estén siempre con nosotros. Que se acuerden que nos sentimos muy españoles”. La última visita de los Reyes de España tiene un hueco especial en la memoria de muchos melillenses. “Muy contenta, muy feliz de que hubiesen venido a Melilla. Que también nos lo merecemos. Es un rinconcito, pero un rinconcito español”.
Los del final de la plaza temían que la visita no los alcanzase. Pero no fue el caso: tras entrar al Palacio, saludar desde el balcón a los más de 3.500 melillenses y proceder a todos los actos institucionales previstos para el día de hoy, los Reyes reanudaron su marcha y completaron el recorrido. Y les han puesto deberes: regresar lo antes posible. Que no pasen otras dos décadas. Que no se olviden de Ceuta y Melilla. Los ciudadanos, sobre todo, les dan las gracias “por todo lo que ha hecho, por venir a Melilla”.
La visita, indudablemente, ha servido para “levantar un poquito la moral, que falta nos hacía”, expresaba una vecina. Ceuta y Melilla son dos ciudades que abren los brazos a todo aquel que tenga la suerte de cruzarse con ellas. Sean las circunstancias que sean. Trabajo, familia, ocio. No le cierran la puerta a nadie. Al contrario, son ejemplo de convivencia, un punto de encuentro de comunidades y religiones. No sorprende que un gaditano de cuna que vive en Melilla diga que se siente muy melillense.
Seguridad. Confianza. “Melilla es de España”. Ha tardado 19 años en llegar, pero lo ha hecho. Un acontecimiento histórico que marcará para siempre a los más jóvenes, y que será un dulce recuerdo para el resto. Es un buen modo de resumir este inolvidable 14 de octubre.
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