Enero ha llegado a Melilla con la discreción de un invitado que nadie esperaba, pero con la contundencia de quien sabe que su visita durará todo el mes. La famosa “cuesta de enero” ya está aquí, y los melillenses la afrontan con una mezcla de resignación, ingenio y un toque de miedo que prefieren no nombrar demasiado alto. “De momento vamos tirando, pero no sabemos cómo vamos a llegar a fin de mes”, confiesa un vecino mientras ajusta mentalmente su presupuesto y piensa que la nevera todavía está llena de restos de las fiestas.
Lo que parece un tópico de todos los años no es menos real. Los salarios permanecen, casi por milagro, igual que en diciembre, pero todo lo demás se ha encarecido. Desde la cesta de la compra hasta el precio del transporte, pasando por la factura de la luz y los cafés matutinos.
“Es como si el dinero que antes nos llegaba para todo, ahora solo nos alcanza para lo imprescindible”. La frase resume un sentimiento compartido por casi todos los consultados. La cuesta no perdona y viene acompañada de una inflación silenciosa, que se nota en los pequeños detalles del día a día.
Curiosamente, la estrategia de los melillenses para sobrevivir a esta cuesta de enero tiene más de ingenio que de privación drástica. La primera víctima de los ajustes económicos suele ser el ocio. Comer fuera, planes de fin de semana y compras innecesarias pasan a un segundo plano, mientras que actividades gratuitas o de bajo coste se convierten en el salvavidas emocional del mes. “Pasear es gratis, así que hemos cambiado los restaurantes por salir a pasear”, asegura un joven mientras recorre el centro de Melilla. En efecto, las calles y los parques de la ciudad autónoma parecen ganar protagonismo en enero. Paseos al atardecer, cafés en casa con amigos, y algún que otro plan casero se imponen ante la tentación de gastar en actividades que implican desembolso inmediato.
El ingenio no se limita al ocio. Muchos vecinos ya han aprendido a gestionar la mensualidad con una mezcla de cálculo y estrategia. Priorizar lo imprescindible, revisar ofertas y descuentos, y posponer gastos no urgentes. “Si no llega el dinero, lo primero de lo que prescindimos son las compras que no necesitamos”, comenta una vecina que paseaba con sus hijos. Esta práctica, aunque simple, refleja una tendencia común. La gente ha interiorizado que la prudencia económica no es opcional, sino una regla de supervivencia.
A pesar de estas medidas, el sentimiento general no es alegre. Hay un temor silencioso a cómo se desarrollará el mes. Muchos admiten que prefieren no pensar demasiado en la segunda quincena de enero, como si mirar demasiado lejos pudiera agravar la ansiedad. “Miro la cuenta corriente y ya sé que voy a tener que apretar, pero no quiero calcular hasta el último euro”, confiesa una madre de familia. Esta actitud refleja la tensión que acompaña a la cuesta, una mezcla de precaución y ligera resignación, que marca la pauta de cómo se organiza la vida cotidiana en estos días.
No es nuevo, claro. Los melillenses coinciden en que la cuesta de enero viene llegando desde hace muchos años, y que, aunque los salarios se mantengan estables, la tendencia de los precios parece no detenerse. “No es solo este año, esto viene de atrás y parece que va a seguir subiendo”, comenta un jubilado. La sensación de que la inflación ha dejado de ser un fenómeno temporal y se ha convertido en una constante preocupa, pero también incentiva la creatividad a la hora de estirar el dinero.
Entre paseos gratuitos, comidas caseras y ajustes de último momento, los melillenses demuestran que la cuesta de enero no es un enemigo invencible.
Cada pequeño ahorro, cada decisión consciente de prescindir de lo innecesario, se convierte en un triunfo. Y aunque la incertidumbre sobre la segunda mitad del mes sigue presente, la mayoría prefiere mantener la cabeza ocupada en lo inmediato. Planear la semana, organizar los gastos imprescindibles y aprovechar lo gratuito que ofrece la ciudad.
Incluso en este contexto, la solidaridad también asoma como recurso frente a la cuesta. Vecinos que comparten consejos de compra, familias que organizan meriendas compartidas y amigos que buscan alternativas económicas para no renunciar al ocio muestran que, a pesar de todo, la comunidad melillense mantiene un ingenio práctico que convierte las dificultades en oportunidades de creatividad ya que no queda otra.
Así que, mientras enero avanza, los melillenses continúan su rutina con la prudencia de quien sabe que cada euro cuenta, pero con la frescura de quien descubre que no todo cuesta dinero. Paseos al aire libre, charlas con amigos, juegos en casa y planes simples se convierten en pequeños oasis de normalidad en un mes que parece largo y complicado.
Y aunque nadie puede garantizar cómo terminará la cuesta, sí se puede asegurar que, con ingenio y paciencia, los melillenses saben sacar el máximo provecho de cada euro y, sobre todo, de cada día.
Al final, la cuesta de enero es más que un fenómeno económico. Es una prueba de resiliencia y creatividad. Y en Melilla, entre paseos gratis y cafés caseros, los vecinos parecen dispuestos a superar cada pendiente, paso a paso.
Eso sí, toda esta resiliencia y buen humor podría ponerse a prueba cuando enero esté llegando a su fin. A finales de mes volveremos a salir a la calle, con el mismo micrófono y la misma curiosidad, para preguntar a los melillenses cómo han sobrevivido realmente a la cuesta, si las estrategias de paseo en vez de restaurante y de ocio casero han sido suficientes, y sobre todo, si el ánimo sigue intacto.
Porque la sensación de incertidumbre que acompaña al inicio del mes no desaparece mágicamente, el temor a que los gastos se acumulen y los precios sigan subiendo es algo que muchos sienten aunque intenten ignorarlo.
Será interesante comprobar si la prudencia y el ingenio que ahora muestran con tanto entusiasmo se mantienen o si el cansancio económico ha empezado a pasar factura, cambiando las sonrisas por gestos de preocupación y los planes caseros por la añoranza de una salida fuera que ahora parece lejana.
Seguramente, algunos vecinos ya habrán hecho malabares para estirar cada euro, mientras otros habrán tenido que prescindir de más de lo planeado. En cualquier caso, finales de enero nos permitirá medir si la creatividad y el humor melillense son más fuertes que la cuesta, o si, como muchos sospechan, habrá que esperar a febrero para recuperar la energía perdida.
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