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Los huesos de santo ya no endulzan el Día de Todos los Santos como antes

Las nuevas generaciones melillenses muestran menos interés por el mazapán y buscan opciones diferentes, como los buñuelos o las galletas de Halloween, para celebrar el 1 de noviembre

El 1 de noviembre tiene sus propios sabores. Durante años, los huesos de santo han ocupado un lugar destacado en las pastelerías de Melilla cuando se acerca el Día de Todos los Santos. Su forma alargada, su cubierta de mazapán y su relleno dulce forman parte de una tradición ligada a estas fechas. Pero los gustos cambian. Este año, el clásico ya no despierta el mismo interés entre los más jóvenes, que se decantan por otras opciones, como los buñuelos y las galletas de Halloween.

No significa que los huesos de santo hayan desaparecido de los mostradores. Siguen ahí, aunque comparten protagonismo con otros dulces. La diferencia está en los sabores que se ofrecen y en lo que busca cada generación. Mientras el mazapán conserva su vínculo con la celebración, los rellenos más modernos y los productos temáticos amplían las opciones.

 

Mazapán

El aspecto de los huesos de santo apenas necesita presentación. Son piezas alargadas que recuerdan a pequeños huesos y que, tradicionalmente, se elaboran con mazapán y se rellenan de dulce de yema. Su nombre y su presencia en las pastelerías están asociados a la festividad de Todos los Santos, una fecha en la que la gastronomía también sirve para mantener vivas las costumbres familiares.

La receta clásica, sin embargo, convive ahora con una variedad mucho más amplia. En las pastelerías melillenses se pueden encontrar huesos de santo de yema, pero también de Kinder, Nutella, dulce de leche y fresa. Una oferta que busca adaptarse a paladares distintos sin renunciar a la forma característica del dulce.

El precio se sitúa este año entre los 30 y los 40 euros el kilo. No es una compra pequeña, especialmente si se compara con otras alternativas que se venden por unidades. Aun así, estos dulces siguen formando parte de la oferta de temporada, aunque ya no sean la elección preferida de los clientes.

La transformación también tiene que ver con la edad. Los consumidores más jóvenes parecen mostrar menos interés por el mazapán y se inclinan por productos que conocen de otras celebraciones o que ofrecen sabores más próximos a sus preferencias. Halloween ha ganado presencia en estas fechas y las galletas decoradas con motivos de la festividad compiten con los dulces tradicionales por un hueco en la mesa.

Los buñuelos

Entre las alternativas destacan los buñuelos, otro de los productos habituales de estas fechas. Su textura ligera y sus rellenos los convierten en una opción diferente para quienes no son especialmente aficionados al mazapán.

En Melilla se ofrecen de chocolate, nata y crema, tres variedades que permiten elegir entre sabores conocidos. Además, se venden a un euro la unidad, un precio que facilita comprarlos por separado y probar varios sin necesidad de llevarse una caja entera.

La diferencia con los huesos de santo es evidente. Frente al mazapán, que tiene un sabor y una textura muy particulares, los buñuelos ofrecen una masa más esponjosa y admiten rellenos cremosos. Para quienes no disfrutan del dulce tradicional, pueden ser una alternativa más atractiva.

Su presencia en los escaparates no es nueva. Los buñuelos llevan mucho tiempo asociados a la celebración de Todos los Santos y forman parte de la repostería típica de estas fechas en España. La tradición popular también los relaciona con el recuerdo de los difuntos, aunque las costumbres varían según los lugares.

Tradición que cambia

La costumbre de comer huesos de santo el 1 de noviembre tiene raíces antiguas. Estos dulces se popularizaron en torno a la festividad de Todos los Santos y se vinculan a la tradición de recordar a quienes han fallecido. Su elaboración con almendra y azúcar los convirtió en una preparación característica de esta época del año.

El nombre, la forma y el relleno contribuyeron a que se asociaran con la fecha. Con el tiempo, la receta se extendió y las pastelerías comenzaron a introducir variaciones, primero en los rellenos y después en los sabores, para adaptarse a nuevos gustos.

Al final, el 1 de noviembre mantiene su relación con la memoria y las costumbres familiares, pero la manera de celebrarlo no permanece intacta. Hay quien sigue buscando el sabor de la yema y el mazapán de toda la vida. Otros prefieren un buñuelo de chocolate o una galleta decorada.

Los huesos de santo continúan en las pastelerías melillenses, aunque ahora tengan que compartir escaparate y mesa. La tradición sigue presente, pero ya no es la única protagonista de una fecha en la que los gustos de los consumidores también están cambiando.

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