El Parque Forestal es un lugar magnífico para caminar a primera hora de la mañana en verano, antes de que el sol comience a picar, pero tampoco se ve a tanta gente haciéndolo. Apenas una señora con prisa y un joven hablando por teléfono con los auriculares puestos. Muy al fondo se ve a un hombre y una mujer paseando juntos. También hay dos policías locales de la unidad canina (Grucan) adiestrando a uno de los perros.
Los niños juegan en los columpios. Este miércoles, dos campamentos.
El primero, de la Escuela de Gimnasia Rítmica, cuenta con seis niños, que están a cargo de Nayla Mohamed. Cuando son más, viene una segunda monitora. Algunos días han llegado a llevar entre 15 y 18 niños.
En este campamento, los miércoles suelen ir al Parque Forestal, donde permanecen un par de horas, desde las diez hasta el mediodía. Los niños aprovechan para jugar en los columpios y a veces también van a la granja o al parque del barco, y normalmente aprovechan para que los pequeños se mojen un poco con los aspersores para aliviar el calor. Nayla cuenta que “les encanta” y que siempre están deseando que los lleven al parque para jugar y refrescarse. Lo difícil luego es llevárselos de vuelta al pabellón Lázaro Fernández, adonde van caminando para su entrenamiento diario.
Junto a este grupo, otros 40 ó 50 niños en el campamento de la asociación Evolutio durante los meses de julio y agosto acuden con cuatro monitoras al Parque Forestal, donde permanecen entre las 9:30 y las 11 horas. Los lleva y los recoge la Cooperativa Ómnibus de Autobuses (COA) y a las 11 se marchan para hacer otro tipo de actividades, como manualidades, psicomotricidad y juegos.
Pero, en el parque, es donde mejor se lo pasan los niños, quienes disfrutan jugando al pañuelo o al ‘pillao’, aunque, según una de sus monitoras, lo que más les gusta es subirse a la tirolina y hacer baile. En el centro educativo, además, aprenden tecnología e inglés y usan las ‘tablets’. Aparte de los cuatro coordinadores, hay dos más de tecnología que les ponen vídeos.
Un niño llega de repente y le dice a la monitora: “que Felipe me ha pegado”. Ella: “Llama a Felipe. No se pega”.
Una niña dice que hace pulseras y que se lo pasan bomba en el campamento. Hay muchas risas en ese círculo. Como la monitora lleva una camiseta del Real Madrid, empiezan los piques Barça-Madrid, siempre en plan sano.
Los niños quieren salir en cámara. Uno de ellos recibe permiso de su padre por WhatsApp y presiona a la coordinadora, quien le explica que ella no puede autorizarlo, porque es una simple trabajadora. Y el coordinador del campamento ha dicho que no. Uno de los pequeños lo lamenta profundamente con una frase que da un poco de lástima: “Nos quitan la ilusión”.
Otra de las monitoras, Míriam Martín, profundiza un poco más en el asunto. Explica que, dentro de este campamento tecnológico y de inglés, por las mañanas hacen juego libre antes de ir a clase. Dependiendo del día, tienen actividades individuales o en grupo. Llevan aros, cuerdas, conos y pelotas. Algunos días tienen juego libre y entonces practican fútbol y otros las actividades son dirigidas y los monitores programan diferentes circuitos.
Míriam, quien explica que, a primera hora -después ya no tanto, con el calor- se ve a mucha gente con niños haciendo deporte o paseando al perro, indica que todas estas actividades sirven a los pequeños para salir de la rutina y de los juegos con el teléfono móvil o la ‘tablet’.
Son las 10:50 horas y el autobús ya está esperándolos a la entrada. Antes de marcharse, uno de los niños dice en broma al periodista “15 Champions”, como si quisiera chincharlo.
Al fondo del parque, junto al lago, hay dos chicas sentadas en un banco, bajo la sombra que regalan los árboles. Son dos trabajadoras de la Residencia de Mayores que aprovechan su descanso para ir allí, de 10:30 a 11:15 horas aproximadamente, durante la temporada de verano. Están almorzando un zumo y uvas. Son Ikram Bennasar y Salima López, a quienes les gusta ir allí, porque, como cuenta la segunda, “se está fresquito y el ambiente está muy bien”.
Durante estas fechas prefieren almorzar en el parque que en la cafetería de la residencia. De fondo, ven jugar a los niños de los campamentos.
En el caso de Salima, ella sí que va el resto del año, por las tardes, con sus padres. Llevan a su hermana a jugar o se sientan a merendar. Para ella, el Parque Forestal es un lugar para toda la vida.
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