Cultura y Tradiciones

Los cabezudos y la charanga regresan al barrio de El Real

Tras 34 años, el vecindario despertó este sábado con música y magia tras los famosos personajes que recorrieron las vías contiguas a la calle Coronel Cebollinos

La calle de la Legión mantenía desde primera hora el bullicio y el movimiento propios de un barrio vivo. Los vecinos aguardaban en las colas para comprar el pan, mientras las cafeterías permanecían con las mesas llenas. Cafés, zumos, tostadas, churros... La mañana se servía también en las terrazas, entre conversaciones y encuentros cotidianos.

Mientras tanto, en la calle Coronel Cebollinos, frente al CEIP Real y a la Asociación de Vecinos Casino del Real, la atmósfera comenzaba a transformarse para preparar la II Verbena de San Agustín. Grupos de familias, muchos de ellos con los más pequeños de la mano, se congregaban a la espera de la llegada del recorrido de los cabezudos, que regresaban a las calles después de 34 años y volvían a llenar el barrio de música, color y alegría.

El escenario iba cobrando forma gracias al trabajo incansable de técnicos y operarios. Las barras comenzaban a amontonarse a la espera de ser instaladas, mientras los camiones de bebida comenzaban a descargar. Los farolillos azules y banderines coloridos iban dibujando poco a poco el espacio festivo. Y, entre todo ello, el sonido de la charanga comenzaba a resonar por las calles aledañas.

Por las vías colindantes, los cabezudos anunciaban su llegada a vecinos y vecinas acompañados del ritmo de tambores y trompetas; su alegría, saludos y misterio tras las cabezas que visten sus rostros encontraban, de nuevo, su acogida en el barrio. Poco a poco, más personas se iban sumando al recorrido de la celebración durante el trayecto. Algunos bajaban a la calle para acompañarlos; otros saludaban desde las ventanas, cafeterías y negocios; algunos bailaban en cada parada y seguían la música con palmas. Otros, cámara o teléfono en mano, trataban de inmortalizar cada instante: desde la propia acera o desde los coches que también trataban de sostener el tiempo en la imagen.

El pasacalles despertaba la curiosidad y la alegría de los mayores y pequeños. El barrio amanecía así en esta mañana de sábado: entre música, color, risas, baile y vecindad. Una mañana en la que las arterias del vecindario volvían a convertirse en punto de encuentro y en la que la celebración, poco a poco, regresa a su lugar en el corazón del barrio.

 

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