Las jugueterías de Melilla concentran el 80% de sus ventas anuales durante la campaña navideña

Los comerciantes prevén que los juguetes estrella de este año sean los relacionados con la Patrulla Canina, Barbies, LEGO y los Bitzee de Disney (tamagotchi modernos)

Aunque aún falten semanas para que Papá Noel y los Reyes Magos empiecen su ruta, en Melilla ya se respira ambiente navideño entre cajas de colores, catálogos doblados y el "equipo logístico del Polo Norte" buscando juguetes “que estén bien, pero que no sean muy caros”. Y no es de extrañar ya que en esta época las jugueterías de la ciudad autónoma se juegan hasta el 80% de sus ventas anuales. Un sprint comercial donde cada juguete cuenta.

Este año, según coinciden los comerciantes locales, la carta a los Reyes viene con nombres propios y sin grandes sorpresas. La Patrulla Canina continúa siendo la apuesta segura para los más pequeños, un fenómeno que parece que ha venido para quedarse durante mucho tiempo. En paralelo, el universo Barbie vuelve a captar la atención, reforzado por las versiones clásicas y las líneas fantásticas que también arrastran a las muñecas Monster High.

La fascinación por construir mundos propios sigue creciendo, y LEGO se beneficia de ello. Los comerciantes insisten en que sus sets han ido ganando presencia y ya no son un mero complemento, sino una de las grandes elecciones de los "Reyes de Oriente" que buscan juguetes duraderos, creativos y, en muchos casos, compartidos —porque pocos adultos logran resistirse a ayudar con la primera torre o la nave espacial recién sacada de la caja—.

Por otro lado la nostalgia digital vuelve a hacer de las suyas. Los Bitzee de Disney, reinterpretación moderna del tamagotchi, se presentan como una de las sorpresas del año. Estos pequeños seres virtuales, cuidados desde una diminuta pantalla, han conseguido enganchar a niños y despertar memorias en adultos que vivieron aquella primera fiebre digital noventera. Una mezcla explosiva para los listados navideños.

Siguiendo la tendencia del año pasado los elfos navideños vuelven a tomar posiciones en las estanterías. Algunos modelos, incluso se enganchan en el hombro para acompañar a los pequeños en sus paseos, formando una especie de guardia mágica callejera que arranca sonrisas tanto a padres como a curiosos. Además, el interés por juguetes educativos se mantiene. Los productos de Vtech como los globos terráqueos interactivos, prismáticos infantiles o pequeños microscopios ganan un hueco cada vez mayor.

Los vehículos teledirigidos también se afianzan como regalo estrella, y entre ellos destacan los modelos anfibios capaces de navegar entre tierra y agua. El éxito del año anterior en este segmento ha elevado las expectativas para esta campaña.

En cuanto a los hábitos de compra, Melilla vive un equilibrio entre tradición y modernidad. Aunque "los que tienen línea directa con Oriente y el Polo Norte" siguen prefiriendo la experiencia física —la visita a la tienda, el consejo del dependiente, la inspección del embalaje— el comercio online gana terreno. Las plataformas digitales y las compras por mensajería han reducido la afluencia previa a la Navidad.

El comportamiento de "los responsables de que la magia llegue a cada salón" también revela un interesante fenómeno en Melilla. Aunque los jugueteros aseguran que la previsión sigue siendo un rasgo melillense —esa costumbre de comprar con tiempo para evitar quedarse sin el juguete estrella— las nuevas generaciones "de ayudantes mágicos" tienden a esperar a los descuentos previos, especialmente el Black Friday. La búsqueda de ahorro convive así con el miedo a la falta de stock, generando un delicado equilibrio de nervios que solo se resuelve cuando el regalo está asegurado.

Sobre el gasto por niño, la percepción varía según quién responda. Las tiendas hablan de presupuestos medios moderados, en torno a los 60 o 100 euros, adaptados a la economía "de los elfos" y a compras fraccionadas. Sin embargo, el termómetro real está en la calle. "Los agentes especiales de Papá Noel" reconocen que la cifra suele escalar, con límites que se mueven entre los 200 euros por niño.

A pocas semanas de las fiestas, la consigna es clara. Planificar, comparar y no confiar demasiado en la suerte. Porque en Melilla, la Navidad es una carrera alegre pero intensa, donde cada juguete es una historia y cada sonrisa infantil, un premio. Y aunque las estanterías se vacíen y los repartidores no den abasto, hay algo que permanece inalterable. La magia, ese pequeño milagro que llega cada 24 diciembre y 6 de enero cuando los niños despiertan, abren sus regalos y el esfuerzo de todos los "seres mágicos" cobra sentido en un segundo.

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