En Melilla las esculturas no están en un museo cerrado. Están en la calle, en rotondas, en parques y en plazas donde la gente pasa con prisas. Y quizá por eso muchas veces se ven sin mirar. Pero cada una tiene su historia, su momento y su razón de estar ahí.
En el Parque Hernández se encuentra el Monumento a Félix Rodríguez de la Fuente, una escultura de bronce situada entre zonas verdes, obra de Vicente Moreira, inaugurada en 1983. Se instaló como homenaje al divulgador ambiental español y se ha convertido en uno de los puntos más fotografiados del parque. El entorno no es casual. Naturaleza para un defensor de la naturaleza.
En la zona amurallada de Melilla la Vieja se concentra buena parte del relato histórico de la ciudad.
El Monumento a Pedro de Estopiñán está ubicado en la plaza que lleva su nombre. Estopiñán fue el militar castellano que lideró la ocupación de la ciudad en 1497. Realizado por Restituto Martín Gamo fue inaugurado en 1970 en la víspera de la primera visita de Don Juan Carlos y Doña Sofia, siendo príncipes de España. La escultura se colocó como homenaje fundacional y ha sido restaurada en varias ocasiones debido a su exposición al clima. En 2012 el brazo que empuñaba la espada fue amputado. En un principio estuvo ubicado en Yamin Benarroch pero en 1996, para que estuviera en un lugar adecuado para la celebración del V Centenario de la ciudad, fue trasladada a su actual ubicación.
En la Plaza de la Avanzadilla se encuentran los Lanceros de Estopiñán instalados en el año 2011. Se trata de una composición que recuerda a las tropas vinculadas a los primeros momentos de presencia española en la ciudad.
También destaca el Busto de Carlos V, inaugurado en 2018, situado en el primer recinto amurallado de la ciudad. Es obra del escultor Jesús García-ligero. Un busto para honrar a una figura que constituye un asegurador de la labor emprendida por los Reyes Católicos en el afianzamiento de Melilla como ciudad española.
También destaca la Escultura Rusadir, ubicada en la Plaza de Armas, obra de Jose María Sánchez. Es una obra contemporánea inaugurada recientemente (el pasado marzo de 2026) se suma a un proyecto artístico que busca resaltar la historia antigua de Melilla a través de un conjunto de esculturas que conectan la ciudad actual con su pasado fenicio y romano.
En el centro urbano, el Ensanche modernista mezcla edificios históricos con esculturas contemporáneas.
El Monumento a Enrique Nieto está dedicado al arquitecto que diseñó buena parte del modernismo melillense. Es una escultura inaugurada en 2008, situada en la Avenida Juan Carlos I, obra de Mustafa Arruf. Representa la figura del arquitecto como creador de ciudad. La imagen está representada con unos planos entre las manos y mirando a una de sus obras culmen.
Muy cerca, en la Plaza Menéndez Pelayo se encuentra el Monumento a Miguel de Cervantes y Don Quijote, una composición literaria que introduce a los personajes más universales de la literatura española en pleno espacio público. La obra fue realizada por el escultor Juan Carlos Martínez y fue colocada en el año 2009.
En varias zonas de la ciudad aparecen piezas de carácter más simbólico.
La Estatua del dios Crono, situada en una rotonda casi al final de la avenida Duquesa de la Victoria introduce la mitología clásica en el paisaje urbano. Fue encargada por la ciudad autónoma de Melilla al artista José María Sánchez Martínez y representa el tiempo como elemento universal, una idea poco habitual en esculturas de carácter local. Inaugurada en 2014.
En ese plano también aparece la Estatua Diosa Rusadir, inaugurada en 2006. Se encuentra en los Jardines del Agua y es una de sus fuentes más destacadas. Se trata de una escultura de una mujer mitad humana y mitad sirena.
Por otro lado parece la escultura de la Duquesa de la Victoria, una figura histórica vinculada a la labor social y sanitaria durante la Guerra de Melilla. También obra del escultor melillense José María Sánchez situada en la rotonda que da paso a la avenida que también sustenta su nombre.
La ciudad también ha reservado espacio para la cultura.
El Monumento al poeta Miguel Fernández está situado en el Parque Hernández y recuerda a uno de los autores más representativos de la ciudad. Es un punto de referencia para actos culturales y homenajes. Fue inaugurada en 1994, obra de Mustafa Arruf.
El homenaje a Fernando Arrabal se encuentra en Cándido Lobera desde 1994. Sobre un alto pedestal de hierro emerge la imagen, tratada en el bronce con la misma inquietud que sugiere la propia personalidad del dramaturgo.
La presencia militar es constante en el paisaje escultórico de Melilla.
El Monumento a los Héroes de España se encuentra en el Ensanche Modernista de la ciudad. Fue erigido para homenajear al "Glorioso Ejército Español", especialmente la guarnición de Melilla. Construido en 1941 según diseño del escultor Vicente Maeso Cayuela, obligado.
También destacan el Monumento a los Héroes de Taxdirt en 1909 y el Monumento a la Legión, repartidos en diferentes puntos estratégicos de la ciudad.
En el Paseo Marítimo aparece la serie escultórica de la mujer de Mustafa Arruf, donde destaca la iconografía femenina en bronce. Estas piezas forman parte de una línea artística más moderna, centrada en la figura humana y su simbolismo.
También es relevante la escultura ‘Nuevo Mundo’, situada en la Plaza de las Culturas. El escultor ceutí de proyección internacional Ginés Serrán firma esta obra que representa a cuatro jóvenes sosteniendo el mundo como símbolo de la convivencia, la paz y el futuro compartido entre culturas. Fue inaugurada el pasado 17 de abril.
El Monolito a la Constitución Española está en una zona institucional y recuerda el marco democrático del país. Fernando Moreno fue su autor en 1983.
El Memorial a Yamín Benarroch y el Monolito en memoria de Carlos Huelin son ejemplos de esculturas más íntimas, dedicadas a figuras locales.
En otra línea, la Locomotora Henschel se ha convertido en pieza patrimonial industrial, expuesta como testimonio del pasado ferroviario. Se encuentra en el Cargadero de Mineral y fue cedida por Defensa.
Recorrer Melilla a través de sus esculturas es entender que aquí la historia no está encerrada. Está en la calle, mezclada con el tráfico, con los paseos y con la rutina diaria.
Algunas esculturas explican el pasado. Otras lo interpretan. Y otras simplemente están ahí, esperando que alguien se detenga un segundo a mirarlas de verdad.
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