Unos alumnos asisten a su primer día de clase en un colegio público de Bilbao. EFE/Luis Tejido
El verano ha dotado a los alumnos y alumnas, así como a las familias, de cierto consenso sobre la relajación respecto a horarios y rutinas. La conocida vuelta al cole, llega después del periodo vacacional donde no sólo el coste de los viajes de aquellos que hayan optado por salir de la ciudad ha mermado la economía familiar y se ha llevado parte de los ahorros, si existieran, sino que los diferentes esfuerzos de conciliación durante esta etapa estival también suponen un agregado, así como el gasto en ocio y salidas con los más pequeños. En el caso de Melilla, además, septiembre empieza festivo, pero también, complejo -económicamente hablando- tras las celebraciones patronales de la ciudad. Unos festejos que muchos melillenses han querido disfrutar otro año más, pero que propician un dispendio notable para muchas de las familias locales.
No obstante, comenzar el nuevo curso supone el inicio de una nueva etapa para los más pequeños. Cambios de curso y, en algunos casos, profesores e incluso de instalaciones para aquellos que se aventuran a la Secundaria. También, reencuentros con amigos y amigas a los que relatar las aventuras veraniegas y nuevos retos que enfrentar en el currículum académico. Para Giulia Sensini el regreso del año lectivo “se vincula mucho a nuevas emociones”, unas sensaciones repletas de “miedos, posibilidades y expectativas”. Además, Sensini sostiene que se trata del final “de una etapa importante que es más de esparcimiento que es el verano. Es un cierre y un comienzo al mismo tiempo”, relata.
Para muchos padres, a pesar de las discordias mañaneras que puedan ocasionar los madrugones, sobre todo los primeros días de adaptación, que sus hijos e hijas regresen al colegio o al instituto se transforma en un alivio a la hora de manejar la conciliación laboral. Cierto es, que los horarios ahora comienzan a remarcar los minutos y los segundos para llegar a tiempo a los centros escolares, a las actividades extraescolares, etc. Una situación de necesidad del control del tiempo que el verano ha ayudado a apaciguar y que ahora vuelve a inundar los hogares. “A mí septiembre me deprime un poquito la vuelta al cole, el fin del verano, el cambio de rutina; cambia todo muchísimo. Me encantan los días largos del verano, la vida lenta. Ahora ya empiezan las prisas, los agobios, las extraescolares… todo el follón. Y las tareas, que lo voy a notar bastante”, describe Mariví Castilla, madre de una niña de 5 años que comienza una nueva etapa en Primaria y siente cierto temor al cambio que acontece. Sensini comparte este temor y añade que “las familias se tienen que adaptar mucho más a las escuelas”, a las tareas, a las actividades extraescolares… y lamenta que muchas veces los esfuerzos de conciliación “siguen recayendo en las mujeres que tienen que hacer malabares”.
Khaoula Bouraba es madre de dos hijos, para ella el inicio del cole también se relaciona con unos horarios diferentes a los de la época estival. “Los niños vuelven a la rutina de dormir temprano y despertar temprano y eso nos cuesta un pelín”, sostiene Bouraba. Ella empezó a anticiparse a la preparación de la vuelta al cole motivando pequeñas tareas y momentos de lectura que les ayudase a no dejar a un lado todo lo aprendido el pasado año, además del tiempo de esparcimiento. Los horarios, las rutinas, las actividades, la conciliación, las tareas… volvemos a visionar un nuevo curso y adaptarnos, una vez más, como ya se hizo en junio con el fin de la etapa escolar.
Entre los preparativos de esta nueva etapa, nos encontramos con los gastos derivados de la misma, es decir, uniformes, libros, material escolar, zapatillas y zapatos, ropa, mochilas, matrículas de academias etc.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) señala en su última encuesta elaborada que los gastos escolares durante el curso 2025-2026 ascenderán a una media de 2,390 euros anuales por hijo, variando según el tipo de colegio, es decir, si los menores están matriculados en un centro público, concertado o privado. La entidad sostiene que el desembolso inicial durante el mes de septiembre superará los 500 euros de gastos fijos para afrontar el nuevo curso. En función de la etapa académica, los libros suponen uno de los grandes desembolsos que acontecen para las familias, sosteniéndose en una media de 203 euros. Si bien existen ayudas públicas para sufragar este desembolso, a las familias, cada septiembre, les toca hacer cuentas del gasto por cada miembro en edad escolar, para así afrontar una de las cuestas más complejas a nivel económico que el año nos tiene preparado.
Sensini sostiene que “son unos gastos muy importantes, nosotros solo tenemos uno, pero quien tiene más, cómo hacen”. Castillo asume que el tema económico “es un palazo” y al igual que Sensini se pregunta cómo lo hacen el resto de familias que tienen más hijos, “porque es un gasto importante: libros, material escolar, ropa, uniformes…”. Todo un desembolso que hay que ir preparando con anterioridad para lograr que el primer mes de curso los niños y las niñas puedan acudir a la escuela y comenzar su nueva aventura educativa. Unas circunstancias que para muchas familias supone un coste económico que no pueden asumir y es que, entre los costes iniciales y las condiciones materiales de las familias, la vuelta al cole puede suponer un gran problema para muchas familias, y en especial aquellas más vulnerables impidiendo que sus hijos acudan con todo lo necesario para el inicio de la vuelta al cole.
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