La venta de flores marchita

  • La crisis económica y la tendencia a incinerar a los seres queridos amenaza las ventas el día de Todos los Santos

Con motivo de la festividad de Todos los Santos muchos melillenses se acercaron ayer al cementerio para comenzar con la limpieza y el adorno de los nichos. Esta época del año solía ser bien acogida por los dependientes de las floristerías, pero la crisis y la tendencia a incinerar en lugar de enterrar a los seres queridos pesa entre los comerciantes en estas fechas.
“Hemos notado un claro descenso en los últimos años. Ahora vendemos tres veces menos”, apuntó Jesús Muñoz, de la Floristería Ángela. Reconoció que durante las fechas aumentan los precios, pero que el incremento estaba justificado: “Los invernaderos nos venden más caras las flores, no nos queda otra”, apuntó.
Una vendedora ambulante aseguraba que aún hay gente que no mira el precio y “simplemente coge lo que más le gusta”, pero que cada vez son más quienes preguntan en todas las casetas y dan varias vueltas hasta decidirse.

Tendencias
Los comerciantes consultados por el Faro aseguran que sólo las personas mayores sustentan el negocio. Éstas siguen adornando las  lápidas y nichos, sobre todo con claveles. “En Melilla siempre se ha demandado mucho el clavel blanco”, dijo Muñoz. Aunque explicó que también es posible ver anastasias, rosas, crisantemos y gladiolos en  todas las tonalidades, desde el rosa al amarillo. No obstante, según Muñoz, la gente se decanta por colores sobrios. Además, explicó que las flores de tela tampoco tienen muchos seguidores. “En la península se lleva, pero en Melilla nunca ha tenido mucho éxito, aunque las vendemos para aquellos que las deseen”, aseguró.
Una de las vendedoras de los puestos ambulantes explicó que no sólo las personas mayores salvan su negocio, sino también aquellas que buscan lucir flores más vistosas que el vecino. “A veces hay una pequeña rivalidad entre familiares y buscan colores llamativos y grandes cantidades de flores”, señaló.
La mesura la encarnan los que son conscientes de que la tradición no debe ser más que un pequeño detalle en recuerdo a los familiares muertos. “Me basta con dejar la tumba limpia y poner un par de flores”, dijo Carmen Giles, que enterró a su marido en el año 1997 y poco después a sus padres. “La tristeza se lleva en el corazón. Yo intento venir los días previos al día 1 de noviembre porque el cementerio se convierte en una fiesta”, apostilló.

Tumba del soldado
El próximo 1 de noviembre los socios de la Casa de Aragón se desplazarán junto a los sobrinos de “Benito el soldado de los Milagros” al cementerio para rendir culto al difunto.

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