El consumo de pan ha caído un 41 % en España en dos décadas. En La Royal, una de las panaderías de Melilla, aseguran que la barra blanca se vende menos, mientras crece la demanda de variedades integrales, espelta y malta. Los hábitos cambian y los bocadillos ya no ocupan el mismo lugar en la alimentación diaria. También ha cambiado la forma de comprar. Hay clientes que prefieren llevarse menos cantidad cada vez y otros que siguen aprovechando el comienzo de la semana para llenar el congelador.
En España, la tendencia está respaldada por los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Según las cifras citadas para julio de 2026, cada persona consumía dos kilos de pan al mes, un 41 % menos que en el mismo periodo de 2006. El volumen total comprado por los hogares también ha retrocedido un 36,9 % en esas dos décadas. Una evolución que refleja cómo este alimento, presente durante generaciones en las comidas de muchas familias, ha ido perdiendo peso en la cesta de la compra.
¿Ocurre lo mismo en Melilla? No hay una cifra pública específica que permita confirmar que la caída en la ciudad alcance ese mismo porcentaje. Sin embargo, la experiencia de los trabajadores de las panaderías apunta a un cambio en la forma de consumir este alimento. En La Royal, una de sus empleadas explica que la diferencia se aprecia especialmente en las ventas de pan blanco.
La trabajadora calcula que las ventas de este tipo de pan han bajado alrededor de un 40 %. En cambio, afirma que las variedades integrales han aumentado entre un 50 % y un 60 %.
"Es verdad que se consume menos, pero se consume de mejor calidad", explica. Los clientes ya no compran necesariamente grandes cantidades para varios días. Muchos prefieren llevarse pan con más frecuencia y elegir entre una oferta que va mucho más allá de la barra tradicional.
El integral, el de espelta, el elaborado con harina 100 % integral o el de malta figuran entre las opciones que menciona la trabajadora. Son productos que han ganado presencia en el mostrador, en parte porque hay consumidores que buscan alternativas que consideran más saludables y que se adapten mejor a sus preferencias alimentarias.
También han cambiado los hábitos de alimentación. Antes, el bocadillo era una opción habitual para desayunar, merendar o llevar al colegio. Servía para resolver una comida rápida y estaba presente en la rutina de muchas familias. Ahora comparte espacio con galletas, bollería industrial y otros productos preparados que compiten por hacerse un hueco en la alimentación diaria.
"Antes no había tantas cosas industrializadas como hay ahora. Era el bocadillo de esto, el bocadillo de lo otro. Ahora hay tanta cantidad de galletas y de bollería industrial que no todo el mundo consume tantos bocadillos", señala la trabajadora de La Royal.
La comodidad también influye. Hay quien opta por productos que no necesitan preparación y que puede consumir en cualquier momento. Las opciones disponibles son más numerosas que hace años y eso también se nota en la compra cotidiana. El pan sigue presente en muchas mesas, pero ya no tiene el mismo protagonismo en todas las comidas.
El precio también forma parte de esta transformación. La trabajadora recuerda que, cuando comenzó a trabajar en el sector, todavía se utilizaban las pesetas. Una barra costaba entonces alrededor de cinco duros, es decir, 25 pesetas, equivalentes a unos 15 céntimos al hacer la conversión oficial a euros. Hoy, según indica, la barra de La Royal se vende a 45 céntimos.
La subida de los precios forma parte del contexto en el que los consumidores deciden qué comprar y en qué cantidad. A ello se suman los costes que afrontan los negocios. Las panaderías tradicionales tienen que hacer frente al encarecimiento de materias primas y energía, además de las dificultades para encontrar trabajadores.
En este escenario, el sector busca adaptarse a los nuevos hábitos. El presidente de la Confederación Española de Panadería, Pastelería, Bollería y Afines, Félix Mestre, ha abordado la caída del consumo y la necesidad de que las panaderías respondan a las preferencias de los clientes mediante nuevas elaboraciones y productos artesanales. La variedad se convierte así en una de las vías para mantener el interés por un alimento cuyo consumo ha descendido en España durante las últimas dos décadas.
En La Royal hay una particularidad en el calendario semanal. Los lunes son los días de mayor venta, según explica la trabajadora. Muchos clientes aprovechan el comienzo de la semana para comprar varias piezas y congelarlas, con la idea de disponer de pan durante los días siguientes.
La barra de toda la vida no ha desaparecido pero ya no se compra ni se consume como antes. Comparte mostrador con nuevas variedades y compite con otras opciones para desayunar, merendar o acompañar las comidas.
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