La Unidad N.I.R de la Guardia Civil relata el rescate fatal en Boca del León: "El amigo nos indicó llorando que estaba en el fondo"

Advierten, además, sobre la falta de vigilancia en zonas frecuentadas del litoral melillense tras una tragedia que pudo evitarse

La tragedia ocurrida en Boca del León pone de manifiesto una realidad compleja del litoral melillense: la coexistencia de zonas muy frecuentadas por bañistas con la ausencia de vigilancia especializada. El último rescate fatal, relatado en exclusiva por miembros de la Unidad de Natación, Intervención y Rescate (NIR) de la Guardia Civil, trasciende la crónica de una operación de emergencia para convertirse en un caso de estudio sobre los desafíos que presenta la seguridad marítima en espacios de difícil cobertura.

La Boca del León, zona rocosa de gran afluencia estival, carece de vigilancia de socorrismo, lo que sitúa la responsabilidad de cualquier emergencia en los equipos especializados de rescate que, pese a su tiempo de respuesta de dos minutos, pueden encontrarse con situaciones ya irreversibles. Esta realidad plantea interrogantes sobre la gestión integral de la seguridad en un litoral extenso donde convergen el derecho al ocio marítimo y las limitaciones logísticas de cobertura total.

"El tema es que, claro, no tiene vigilancia de socorrismo. Entonces, si a alguien le ocurre cualquier incidente o tiene algún problema para salir del agua, tendría que ser a través de una llamada", explica Morad Ahmed, miembro de la Unidad NIR, describiendo la problemática que caracteriza a numerosos puntos del extenso litoral melillense.

La cronología del rescate, relatada con la precisión técnica que caracteriza a estos profesionales, muestra la dramática secuencia de una operación que, pese a su eficacia, llegó demasiado tarde. "A nosotros, desde que va a entrar la llamada a través de nuestra central, en aproximadamente minuto y medio, dos minutos estamos aquí, desde nuestra base. En este último caso fue un aviso de una persona que se estaba ahogando, estaba en grave riesgo", detalla Ahmed.

Cuando los agentes llegaron al punto indicado, la situación ya era desesperada. "Llegamos a la zona del aviso y vimos que la persona en cuestión ya no estaba en la superficie. A través de un amigo que tenía en la roca nos indicó que se encontraba ya en el fondo esta persona. Pues nos decidimos tirar, me tiré yo y después se tiró el compañero", relata el miembro de la NIR.

La operación de búsqueda submarina se desarrolló con precisión técnica. "Localizamos a esta persona en el fondo, más o menos a unos 15-20 metros de costa, boca abajo y totalmente tumbado. Se localizó a la persona en menos de un minuto, se recuperó el cuerpo que estaba a unos 5 metros de profundidad. Recuperamos el cuerpo, empezamos a hacer la reanimación ya en superficie", explica Ahmed.

El protocolo de emergencia funcionó como un mecanismo perfectamente engrasado: "Lo trasladamos a la embarcación, lo subimos con ayuda de todos los compañeros y nos dirigimos al puerto cuando ya se activó la ambulancia para su recuperación. Se intentó estabilizar, se estabilizó y ingresó en el hospital comarcal ya en estado grave, bastante grave. Y lamentablemente no pudo sobrevivir".

Para estos profesionales, cada intervención deja huella emocional. "La sensación de llegar aquí a socorrer a una persona y ver que no hay nadie y que el amigo me está haciendo indicaciones llorando de una manera desconsolada diciéndome que está en el fondo. Pues imagínese, en ese momento ya estaba equipado, empezamos a trabajar", reconoce Ahmed con la honestidad de quien ha vivido situaciones límite.

El dilema de los recursos limitados

Ante la inevitable pregunta sobre la necesidad de ampliar la vigilancia de socorrismo, los propios agentes reconocen las limitaciones logísticas del sistema actual. "El tema, claro, si hubiese en ese momento aquí un componente de vigilancia y socorrismo, evidentemente hubiese servido para intentar salvar a esa persona. Pero considero que tampoco es posible poner a un componente de socorrismo en cada esquina de seguridad", admite Ahmed.

Esta reflexión pone sobre la mesa una realidad compleja: la imposibilidad material de vigilar cada metro del extenso litoral melillense no puede ser excusa para no abordar soluciones integrales en las zonas de mayor afluencia pública.

Mensaje a los jóvenes

Por su parte, el sargento, Carío Embar, responsable del equipo, lanza un llamamiento directo que trasciende lo puramente operativo: "Yo, como digo siempre, quiero lanzar un mensaje a esos jóvenes que no consultan la previsión del tiempo, porque el tiempo cambia en cuestión de minutos y se lanzan desde el litoral de Melilla sin mucha experiencia o sin muchas técnicas de natación".

"Los animo a que consulten el tiempo y en un día en el que tengamos temporal que vayan a una playa a bañarse, a una zona segura donde haya socorristas para evitar este tipo de casos que, desgraciadamente, se nos está dando mucho en estos últimos meses", añade el sargento, convirtiendo su experiencia profesional en herramienta de prevención.

Cero víctimas

El objetivo declarado por estos profesionales —reducir a cero las intervenciones de emergencia el próximo año— no es solo una aspiración, sino un reto que interpela a toda la sociedad melillense. En el litoral de la ciudad autónoma, donde el mar puede cambiar en cuestión de minutos, la diferencia entre un día de playa y una tragedia puede estar, efectivamente, en una simple consulta meteorológica.

Sin embargo, esta responsabilidad no puede recaer únicamente en la concienciación ciudadana. La administración tiene la obligación de evaluar medidas estructurales: desde la mejora de la señalización en zonas de riesgo hasta la restricción de accesos en puntos especialmente peligrosos, pasando por la ampliación de servicios de socorrismo en las zonas de mayor afluencia.

La excelencia profesional de la Unidad NIR de la Guardia Civil no puede ser la única barrera entre los ciudadanos y las tragedias marítimas. Mientras no se aborde de manera integral la prevención, seguiremos dependiendo de que estos profesionales conviertan milagros en rutina, una responsabilidad que, por muy bien que la asuman, nunca debería ser exclusivamente suya.

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