La Rifa de la Caridad dedica octubre a Mensajeros de la Paz dentro de su campaña “12 meses, 12 compromisos”

El Centro Asistencial de Melilla reconoce este mes la labor la asociación fundada por el Padre Ángel, a través de una campaña que combina arte, solidaridad y conciencia social

La Rifa de la Caridad, una de las tradiciones solidarias sostenidas por la ciudadanía melillense, dedica el mes de octubre a la organización Mensajeros de la Paz, en el marco de su campaña “12 meses, 12 compromisos”, impulsada por el Centro Asistencial de Melilla. Esta iniciativa busca, cada mes, poner en valor una causa social distinta, y en esta ocasión se reconoce el trabajo de la entidad fundada por el Padre Ángel, conocida por su entrega a la infancia, las personas mayores y las familias más vulnerables.

Lejos de ser solo un sorteo, la Rifa de la Caridad se ha consolidado como una herramienta de movilización ciudadana. Participar en ella no es solo una forma de optar a premios, sino una manera directa de contribuir al mantenimiento de los servicios del Centro Asistencial de Melilla, y con esta campaña, respaldar causas sociales concretas, como la que protagoniza este mes por Mensajeros de la Paz. Una organización, con presencia en todo el país y también en el ámbito internacional, que desarrolla programas en defensa de los derechos de los más desfavorecidos.

12 meses de caridad con arte

El Centro Asistencial no solo rinde homenaje a una trayectoria solidaria, bajo el lema “12 meses, 12 compromisos”, la campaña busca ir más allá de la recaudación económica, y convertirse en un calendario de sensibilización, donde cada mes esté marcado por una causa y por un mensaje social que movilice a la ciudadanía.

Esta iniciativa consiste en una serie de boletos especiales de la Rifa de la Caridad, uno por cada mes, ilustrados por alumnado de la Escuela de Arte Miguel Marmolejo y dedicados a diferentes entidades sociales. El proyecto comenzó en abril con un diseño general creado por Andrea Rodríguez García, y ha ido avanzando mes a mes con ilustraciones temáticas dedicadas a organizaciones como Aspanies, Cáritas, Proyecto Alfa, Voluntariado Gota de Leche o la Asociación de Alzheimer, entre otras. Bajo el lema “12 meses, 12 compromisos”, la campaña busca ir más allá de la recaudación económica, y convertirse en un calendario de sensibilización, donde cada mes esté marcado por una causa y por un mensaje social.

Este mes de octubre está dedicado a Mensajeros de la Paz, con la ilustración de Cony Heredia Néstar, alumno de Bachillerato Artístico, un diseño que “simboliza el poder transformador de la comunicación y la solidaridad. La paloma, emergiendo de un sobre, representa un mensaje de esperanza y unión, valores fundamentales de Mensajeros de la Paz”, resaltan desde la red social de la Escuela de Arte de Miguel Marmolejo. Los próximos meses también se rendirá homenaje gráfico al Banco de Alimentos, Manos Unidas, la Asociación de Enfermedades Raras, la Asociación Contra el Cáncer, Virgen de la Luz, TEAMA y, como cierre en mayo de 2026, a la propia Escuela de Arte y su profesorado, en agradecimiento por su implicación.

La inclusión de jóvenes diseñadores como Cony Heredia añade un valor especial, pues su participación refuerza el vínculo entre el mundo educativo y los proyectos sociales, y demuestra que el arte también puede ser un canal poderoso para la solidaridad. La Escuela de Arte Miguel Marmolejo se suma así a esta tradición centenaria, aportando creatividad, frescura y compromiso, como otros artistas hicieran anteriormente, resaltando figuras como Carlos Baeza o Eduardo Morillas.

Mensajeros por la Paz

Mensajeros de la Paz nació en octubre de 1962 en la ciudad de Oviedo (Asturias), bajo el nombre original de Cruz de los Ángeles. Detrás de esta iniciativa estaban dos jóvenes sacerdotes recién ordenados: el Padre Ángel García Rodríguez y el Padre Ángel Silva, quienes, movidos por una profunda sensibilidad social, decidieron actuar frente a la dura realidad de la infancia y juventud marginadas de la época.

Desde el principio, la asociación estuvo formada por un colectivo comprometido con la atención y cuidado de niños desamparados, sin hogar ni familia, a quienes no solo se ofrecía cobijo, sino también la oportunidad de crecer en un entorno familiar que favoreciera su desarrollo emocional, educativo y social. Su propósito era claro: evitar la institucionalización, prevenir la exclusión y dotar a estos menores de herramientas para que pudieran integrarse plenamente en la sociedad, siendo autónomos y capaces de construir su propio futuro. La primera casa-familia abrió sus puertas en Oviedo, acogiendo a unos doce menores, pero también a jóvenes e incluso adultos que vivían en la calle. A diferencia de otros modelos de asistencia, se trataba de un hogar sin barreras de edad ni requisitos, donde todos encontraban techo, cama, comida y compañía. Era un espacio de acogida real, cálido y humano, que rompía con los esquemas rígidos de la beneficencia tradicional.

A lo largo de los años 70, la iniciativa fue creciendo y extendiéndose por toda España. Fue entonces cuando adoptó el nombre con el que hoy se la conoce: Mensajeros de la Paz. Con el tiempo, la organización amplió su mirada y comenzó a atender otras necesidades sociales, como el cuidado de personas mayores, la inclusión de personas con discapacidad o la atención a personas sin hogar. Uno de sus proyectos más conocidos es el Teléfono Dorado, creado en 1995 para acompañar a personas mayores que se sienten solas. Al año siguiente nació Edad Dorada Mensajeros de la Paz, dedicada a ofrecer residencias, centros de día y pisos tutelados para quienes necesitan apoyo en esta etapa de la vida. La organización gestiona comedores sociales, residencias, centros de acogida y múltiples recursos destinados a proteger la dignidad de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

En 1998, la fundación amplió su acción al ámbito internacional, impulsando proyectos de cooperación, desarrollo y ayuda humanitaria. Hoy en día, Mensajeros de la Paz trabaja en más de 50 países, y también en todas las comunidades autónomas de España. Detrás de esta gran red de apoyo está siempre la misma idea: proteger la dignidad humana. Desde su nacimiento, Mensajeros de la Paz ha sido sinónimo de compromiso, cercanía y solidaridad con los más vulnerables, convirtiéndose en un verdadero referente en la acción social tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Boletos con historia

La Rifa de Caridad del Centro Asistencial de Melilla, instaurada en 1923, fue durante casi un siglo una de las principales fuentes de financiación de esta institución benéfica y un emblema de solidaridad popular en la ciudad. Su origen se remonta a la iniciativa de la Asociación General de Caridad tras la suspensión de la tradicional Tómbola de Caridad en 1921. El general García Aldave, recién incorporado a la presidencia de la Junta, impulsó esta nueva fórmula de recaudación con el doble objetivo de sostener los servicios asistenciales y combatir la mendicidad mediante la inserción de vendedores ambulantes.

Tal y como explican Salvador Gallego Aranda y María Rosa Marqués Leiva en el libro Centro Asistencial de Melilla. Cien años de caridad (1905–2005), la Rifa comenzó a funcionar el 6 de enero de 1923 con la emisión diaria de 20.800 papeletas a 10 céntimos cada una, repartiendo cien premios de diez pesetas mediante sorteos públicos realizados con bombo y bolas. Desde sus inicios, se concibió como una iniciativa abierta a todas las clases sociales. Los vendedores, en su mayoría personas mayores, discapacitadas o en riesgo de exclusión, recibían una comisión del 25 %, convirtiendo la venta en una fuente de empleo solidario.

Durante las décadas de 1920 y 1930, la Rifa alcanzó su auge, generando beneficios de hasta mil pesetas diarias, que se destinaron a servicios fundamentales como la “Gota de Leche”, los comedores populares, las casas-cuna y los asilos. En los años 50 fue reconocida oficialmente como actividad benéfica, obteniendo exención fiscal, aunque el auge de rifas clandestinas comenzó a afectar sus ingresos. Esta tensión se agravó en los años 80 con la aparición de nuevas loterías y los conflictos laborales entre la institución y los vendedores, que reclamaban derechos como trabajadores.

En 1988, en un intento por renovar su imagen, se rediseñaron los cupones con un logotipo de manos entrelazadas creado por el artista Carlos Baeza, símbolo de la ayuda mutua. Posteriormente, en los años 2000, se incorporó la propuesta artística del pintor Eduardo Morillas, quien diseñó nuevos cupones ilustrados, dotando a la Rifa de un lenguaje gráfico más contemporáneo y humanista. Estos cupones fueron impresos por la histórica imprenta melillense “La Hispana”, que llevaba décadas colaborando con el Centro Asistencial.

Una de las particularidades más entrañables de la Rifa fue la tradición de asociar apodos o motes a los números. Esta costumbre proviene del Levante español, y fue heredada por los vendedores melillenses. Se trata de una forma distinta a la habitual en otras zonas de la península, donde los números se voceaban simplemente por su terminación. En Melilla, en cambio, cada número tenía su apodo, por ejemplo, el 00 era “la muerte”, el 99 “la agonía”, y así hasta construir una jerga propia que los clientes reconocían y esperaban con complicidad.

En la actualidad, los boletos de la rifa pueden adquirirse en los puntos habituales de venta repartidos por la ciudad. Cada cupón supone una colaboración directa con los fines asistenciales del centro, además de la posibilidad de resultar premiado. Los sorteos se celebran de lunes a viernes a las 15:00 horas y los números premiados pueden consultarse en la fachada del Centro Asistencial, a través de los vendedores o por el canal oficial de WhatsApp de la Ciudad Autónoma.

Octubre es, gracias a esta campaña que involucra a los jóvenes artistas locales, un mes para mirar hacia quienes dedican su vida a los demás. Una oportunidad para recordar que la solidaridad no entiende de edades ni de profesiones, y que todos podemos, de alguna manera, ser mensajeros de la paz.

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