La restauración de las fachadas del casco histórico de Melilla la Vieja, anunciada en marzo como inminente, no comenzará finalmente hasta el último trimestre del año. El presidente de la Fundación Melilla Ciudad Monumental, Francisco Díaz, ha confirmado esta mañana que el proceso de adjudicación sigue en curso y que, si no surgen contratiempos, las primeras obras podrán empezar “en octubre o noviembre”.
Este retraso contrasta con las previsiones ofrecidas hace cuatro meses, cuando el Gobierno de la Ciudad Autónoma firmó los primeros convenios con vecinos del recinto amurallado. El 12 de marzo se formalizaron los seis primeros acuerdos con propietarios de inmuebles ubicados dentro del entorno protegido. Entonces, la propia Fundación estimó que las obras comenzarían “en un plazo máximo de dos meses”.
Desde entonces, el calendario se ha ido ampliando. El pliego técnico para las actuaciones sigue en concurso y, según Díaz, se adjudicará “en ocho o diez días”. A partir de ahí, se podrá comenzar la redacción de las memorias técnicas necesarias para intervenir en cada edificio.
“Si todo va bien, podremos cerrar el año con varias fachadas recuperadas”, ha señalado Díaz, que insiste en la necesidad de llegar al año 2026 con el recinto en buen estado. La ciudad espera para entonces un repunte del turismo, especialmente por la llegada de cruceros promovida a través de un acuerdo con una empresa mexicana. “Nuestro objetivo es que el pueblo se vea mejor, más cuidado”, ha añadido.
Las intervenciones tendrán una duración de entre 14 y 30 días por edificio, en función del estado de conservación. Se actuará sobre elementos como revestimientos, carpintería exterior, balcones, cornisas o zócalos. También se incluirán mejoras en la señalización, con criterios estéticos comunes y la instalación de placas con los nombres de las calles.
La inversión estimada para el conjunto de las actuaciones oscila entre 1,3 y 1,5 millones de euros. La cifra final dependerá de los resultados de los concursos públicos.
Según Díaz, el proceso no ha encontrado resistencia por parte de los vecinos. “Los propietarios han estado disponibles desde el principio. Lo que ha retrasado la puesta en marcha ha sido la burocracia”, explicó. Para permitir la ejecución del plan fue necesario desarrollar un protocolo específico que definiera cómo se interviene en bienes protegidos dentro de un conjunto declarado Bien de Interés Cultural (BIC).
En paralelo a la restauración de fachadas, el Gobierno de la Ciudad Autónoma ha puesto en marcha un proyecto para intervenir las murallas. El plan, que cuenta con un presupuesto global de 1,5 millones de euros, comenzará a ejecutarse en diciembre si se cumplen los plazos administrativos. "Esto se restauró en el siglo pasado, prácticamente. Ya llevan 25 años, un cuarto de siglo sin tocarse y el mantenimiento dentro de un recinto histórico es importante".
El proyecto se encuentra también en fase de licitación. La primera parte será la adjudicación de un estudio técnico, con un coste de 71.000 euros. Este estudio analizará el estado estructural de todos los lienzos y definirá qué zonas necesitan una intervención urgente. El arquitecto adjudicatario tendrá dos meses para presentar el informe y redactar el proyecto de obra.
"Es cierto que es un dineral lo que cuesta y cuando hay otras prioridades, pues se puede esperar. Parece ser que ya ha llegado nuestro turno".
Francisco Díaz ha señalado que todavía queda un tramo de muralla sin restaurar. El trozo que va desde el faro hasta el Museo Militar. “Es el único que no se tocó cuando se hicieron las intervenciones anteriores”, explicó. También advirtió sobre la necesidad de intervenir en la Ensenada de los Galápagos, donde hay mallas de seguridad colocadas para evitar desprendimientos. “La idea es reparar esos lienzos y poder retirar las mallas”, apuntó.
Tanto la rehabilitación de las fachadas como la restauración de las murallas están pensadas con un horizonte claro: el año 2026. La ciudad espera entonces un repunte turístico, impulsado en parte por la nueva conexión con rutas de cruceros.
“Queremos que Melilla la Vieja esté lista para recibir a los visitantes. Es la zona más visitada de la ciudad”, ha dicho Díaz. Desde la Fundación insisten en que no se trata solo de una operación estética, sino de una actuación necesaria para conservar el patrimonio histórico. “Todo es con la previsión de que en el 2026 el pueblo se vea de otro color”, concluyó.
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