Acto de inauguración del monumento funerario en la Purísima
Los marinos de la Armada caídos en Melilla desde 1497 ya tienen un lugar propio en el Cementerio de la Purísima Concepción, junto al Panteón del Ejército del Aire. El monumento funerario honra la memoria de los marinos españoles que perecieron en la defensa de Melilla durante las campañas del norte de África. Campañas con siglos de historia que evidencian el vínculo que une a esta rama del Ejército con la ciudad.
La inauguración ha sido el 20 de octubre en presencia de autoridades civiles y militares. Entre ellas, el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, la delegada del Gobierno, Sabrina Moh y el almirante de la Flota, José Enrique Delgado Roig. En primera instancia, Delgado Roig abrió el acto junto al comandante del Buque Auxiliar “Mar Caribe”. Sonó entonces la “Marcha de Infantes”, a cargo de la Banda de Música. Con la llegada del resto de autoridades, y tras el toque de oración que suele despedir cada jornada en la Armada, dio comienzo de forma oficial el homenaje.
“La Armada ha estado siempre en Melilla”. Han sido las primeras palabras del discurso del relator, sobre las campañas militares acaecidas en el territorio. El punto de partida se remonta a 1497, cuando una flota del duque de Medina Sidonia, sufragada por la Reina Isabel la Católica, tomó posesión de la ciudad. En el siglo XVI, el enemigo se encarnó en la figura de los piratas berberiscos. La Armada protegió las vías de comunicación marítima en el Mediterráneo occidental para garantizar la libre navegación entre Melilla y la Península.
Fueron incontables las bajas. Desde el siglo XVIII se sucedieron los asedios, como el de los Cien Días, que contó con la ayuda de la Real Armada de Carlos III. De las galeras a los navíos y jabeques, una mejor organización les permitió llevar fuerzas, cañones y alimentos a tierra. “Todas estas misiones se llevaron a cabo a costa de la pérdida de marinos que generosamente entregaron su vida en la defensa de esta gran ciudad”, recogió el relator.
En el siglo XX, especialmente en las primeras cuatro décadas, las pérdidas se multiplicaron y dejaron una “huella física” en el camposanto. De aquella época, están enterrados en la Purísima marinos de los buques: cruceros Reina Regente, Princesa de Asturias, Extremadura y Cataluña, cañoneros Lauria, General Concha, Canalejas y Laya, acorazados Alfonso XIII y España, aljibe Triana, vapores Dédalo y España y lancha Cartagenera.
Justo después, el almirante de la Flota y el presidente de la Ciudad han descubierto la placa del monumento. El reconocimiento se ha dirigido a los marineros y soldados de los ejércitos españoles de todos los tiempos, “que un día lucharon con valor, sirvieron con lealtad y murieron con honor”. La Banda de Música entonó “La muerte no es el final” mientras los portacoronas desfilaban hacia el sepulcro, para que las autoridades tomasen el relevo y la colocasen bajo su sombra.
Entonces, el capellán recitó la oración pertinente: “Que el Señor de la vida y la esperanza, fuente de salvación y paz eterna, les otorgue la vida que no acaba, en feliz recompensa por su entrega”. Volvió a escucharse el toque de oración, con descarga de salvas y posterior descarga de fusilería. Por último, el almirante de la Flota pronunció su discurso, en el que subrayó el profundo vínculo que une a Melilla con los marinos.
Una unión que se ha construido entre murallas, fuertes, playas y el mar Mediterráneo “que ha sido al mismo tiempo camino, frontera y escenario de tantas batallas y sacrificios”. Ha resaltado que este año se conmemora el 500 aniversario de “nuestro marino más ilustre”, el almirante Don Álvaro de Bazán y Guzmán, que fue decisivo para poner fin a la piratería berberisca y en la recuperación del Peñón de Vélez de la Gomera en 1564.
Del asedio de los Cien Días, hubo navíos de la Armada, marinos e infantes que fueron fundamentales, con muchos nombres que se han perdido con el transcurrir de los años. La “Guerra de Margallo” no se queda atrás, una batalla cruda contra las posiciones rifeñas. “Aquellos cañones navales fueron entonces la expresión visible de una misma voluntad, que Melilla resistiera”, ha resaltado Delgado Roig.
Y el Desastre de Annual, con buques que evacuaron y protegieron posiciones costeras facilitando la retirada de las fuerzas del Ejército español. El almirante de la Flota ha nombrado al alférez Pedro Pérez de Guzmán y Urzáiz y al alférez de navío José María Lazaga Ruiz, herido durante una operación de socorro que lo llevó a la muerte. Está, igualmente, enterrado en el cementerio, en el Panteón de Marinos Ilustres. Cuatro años después, con más de cien embarcaciones, Alhucemas reescribió la historia militar moderna.
Un monumento que se convierte en “lugar de honor, honra y memoria” de los tantos marineros que fueron y serán ejemplo. Un símbolo de la gratitud de Melilla y España por su sacrificio. El Himno de la Armada, entonado por los militares, y los vivas a España y al Rey, coreados por el resto, pusieron el broche al acto. Con un guiño a la Virgen del Carmen, patrona de la Armada, se ha constatado que “Melilla ha vivido siglos mirando al mar y defendiendo su lugar en España”. Son, en definitiva, más de cinco siglos de historia compartida.
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