Imagen del coche encendido y con las luces puestas en plena calle. / M. A. R.
A los amigos de lo ajeno cuanto más difícil les pongamos las cosas, mucho mejor. Conviene no dar facilidades hasta el punto de colocarles en bandeja un hecho que hasta podría no considerarse como robo sino como un hurto. En la noche de este sábado, pasadas las 23.00 horas, agentes de la Policía Nacional le hicieron un buen favor a una despistada ciudadana para quien una noche que se presume de alegría pudo haberse transformado en otra más gris que no olvidará en mucho tiempo. Por suerte, todo quedó en un susto. La mujer se había olvidado el coche encendido, en marcha y con las luces iluminando el lugar donde estaba aparcado su vehículo. Toda una invitación para que algún desalmado haga de las suyas.
Los agentes se percataron de la extraña situación, esperaron unos minutos para corroborar que la soledad del coche era solo momentánea, cuestionando a los viandantes si eran su propietario, pero al darse cuenta de que el tiempo transcurría y allí no aparecía nadie investigaron y localizaron a la dueña, la llamaron y poco después, con las manos en la cabeza y apresurada, acudió para poner fin al mencionado susto y a la extrañeza de los policías.
Sucedió poco después de las 23.00 horas en la noche del sábado. El vehículo, un Dacia Duster Híbrido (un modelo SUV bastante moderno y apetecible para los cacos), estaba estacionado en la calle General Marina, junto al Parque Hernández, cerca de la confluencia de la calle General Pareja. Es una zona bastante transitada pese a esa hora por la cercanía de los bares y restaurantes del centro. Por eso, los agentes de la Policía Nacional pensaron que en cuestión de segundos se personaría allí el dueño o dueña del coche para marcharse o bien dejarlo estacionado. Un pensamiento que quedó en vano y los policías comenzaron a cuestionarse todo.
Pasaban los minutos, fueron varios los ciudadanos que caminaban por esa zona a quienes se les preguntó si el coche era suyo pero el verdadero propietario no daba señales de vida. Así que los agentes decidieron poner remedio. Llamaron a la central para que les identificasen tanto coche como dueño y acto seguido se pusieron en contacto con ella. Por suerte, aunque estuviera despistada, atendió rápida la llamada de la Policía, eso sí, con el típico susto inicial como después recordó.
A la carrera, acompañada por una amiga, la mujer se acercó al coche llevándose las manos a la cabeza y perjurando sobre el ajetreo de la vida diaria. “Si es que tengo la cabeza no sé donde”, espetaba a los incrédulos agentes. Se había dejado el coche encendido al igual que las luces, abierto, pero aseguraba que la llave sí la portaba, no estaban puestas en el Dacia Duster. Da igual. De haber entrado alguien y habérselo llevado agradeciendo el regalo lo podría haber conducido sin problemas pese a que no tuviera la llave de contacto. Eso sí, el ladrón no podría pararlo pues una vez hecha esa acción ya no podría arrancarlo de nuevo sin la llave.
Esta historia tuvo final feliz por la rápida intervención de los agentes de la Policía Nacional que custodiaban esa zona, pero recuerda lo fácil que es cometer un error que nos puede costar caro.
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