Comprar por internet se ha convertido en una práctica cotidiana para millones de personas. Con apenas unos 'clics', es posible adquirir ropa, tecnología, libros o juguetes desde cualquier rincón del mundo.
Sin embargo, para los habitantes de Melilla, esta experiencia está lejos de ser tan sencilla y cómoda. Aduanas, retrasos interminables y una doble frontera fiscal convierten cada pedido en una apuesta incierta. Ante esta situación, muchos melillenses se preguntan: ¿es posible modernizar el comercio local y adaptar la ciudad a la era digital?
En una serie de entrevistas realizadas por El Faro de Melilla, numerosos ciudadanos han compartido sus experiencias comprando online. Lo que debería ser una acción rutinaria y sin complicaciones se convierte, en muchos casos, en una auténtica odisea.
Una joven melillense confiesa que, cuando vivía en la península, compraba habitualmente en la plataforma de moda Shein. "Era adicta, literalmente. Hacía pedidos todas las semanas. Me encantaba porque era rápido, barato y llegaba sin problemas", explica. Sin embargo, su experiencia cambió radicalmente al venir a Melilla a vivir.
"Hace unos meses pedí ropa por valor de casi 200 euros. A los días, me llegó una carta diciendo que el paquete estaba en Madrid y que debía contratar un servicio de aduanas para traerlo a la ciudad. Me pareció tan complicado que cancelé el pedido. Después de dos meses, por suerte, me devolvieron el dinero. Pero ya perdí toda la ilusión. No pienso volver a pedir desde aquí, ni siquiera en Zara, que se con certeza que llega".
Su historia es el reflejo de una queja común entre los melillenses: la complejidad aduanera. Al estar fuera del territorio aduanero común de la Unión Europea y del régimen del IVA, todos los pedidos que llegan a Melilla deben pasar por trámites adicionales, lo que se traduce en retrasos, gestiones complicadas y en ocasiones costes imprevistos.
Otra usuaria habitual de plataformas online, especialmente AliExpress, asegura que solía utilizarla para comprar juegos educativos y libros infantiles para sus hijos. "Siempre me había ido bien, hasta que pedí un uniforme gris para una entrega. Me llegó una camiseta de leopardo, con un corte en el pecho. No me lo podía creer", recuerda entre risas.
Intentó buscar el producto en el historial del pedido, pero ni siquiera aparecía. "No sabía ni cómo reclamarlo. Al final lo asumí como una pérdida. Desde entonces, lo que hago es pedir a casa de familiares en la península y cuando vienen me lo traen. Así evito complicaciones".
Este método de enviar pedidos a la península para luego traerlos a Melilla personalmente o mediante familiares es cada vez más frecuentes entre los ciudadanos que encuentran en él una forma más segura - aunque indirecta - de acceder al comercio electrónico.
En los últimos meses, plataformas emergentes como Temu han ganado popularidad entre los consumidores melillenses. Una usuaria explica que, pese a los plazos de entrega largos, los pedidos terminan llegando. "Con Temu tarda, sí, a veces hasta dos meses. Pero al menos se que va a llegar y que lo que pido coincide con lo que recibo", señala.
Sin embargo, su peor experiencia fue también con AliExpress. "Perdí unas gafas de ver que me encantaban y contacté directamente con una empresa china para volver a comprarlas. Me dijero que sí, que podían enviármelas. Al final lo hice por AliExpress, pero seis meses después, lo que llegó fue una sortija. Y ni siquiera a mi casa: le llegó a la abuela de mi hijo", relata. "Pagué más de 200 euros. ¿A quién reclamas eso desde Melilla? Imposible".
Las declaraciones de los usuarios coinciden en un punto clave: la doble aduana y la falta de infraestructuras logísticas hacen que comprar online desde Melilla sea, en muchos casos, inviable.
"Me encantaría que el comercio local se modernizara, pero aquí todo depende del barco, del avión, de la aduana... Es complicado. Todo lo que llega tiene que pasar por demasiados filtros. No creo que se pueda mejorar fácilmente", lamenta una joven.
Otros, sin embargo, ven con optimismo algunas iniciativas recientes. "He oído hablar de Rapidsur, que trabaja con Amazon y promete entregas en 48 horas aproximadamente. Me parece bonito para ser cierto, pero si llega a funcionar, sería un alivio para los que compramos online", comenta otra de las entrevistadas.
Mientras los melillenses sortean las barreras del e-commerce global, el comercio local también enfrenta un reto evidente: adaptarse al nuevo consumidor digital. Aunque muchas tiendas aún no han dado el salto al mundo online, algunos vecinos ven en ello una oportunidad.
"Melilla debería tener su propio centro logístico, como hace Amazon con sus almacenes. Esto ayudaría a reducir tiempos y costes. Incluso se podrían crear 'marketplaces' locales, donde los negocios de aquí puedan vender por internet sin depender tanto de operadores externos", sugiere una joven.
Propuestas como crear una plataforma común para comercios melillenses, establecer acuerdos con empresas de transporte, o fomentar la formación en e-commerce para emprendedores son algunas de las alternativas que expertos y asociaciones empresariales plantean modernizar el tejido comercial de la ciudad.
En definitiva, Melilla vive una paradoja: sus ciudadanos quieren comprar online, las plataformas existen y la demanda es real, pero el marco logístico y aduanero impone unas barreras que generan frustración y desigualdad frente a otras regiones del país.
Modernizar el comercio local no pasa solo por abrir tiendas online, sino por transformar la estructura logística de la ciudad. Un sistema aduanero más ágil, acuerdos con plataformas digitales, centros de distribución propios y apoyo institucional pueden marcar la diferencia.
Mientras tanto, los melillenses seguirán adaptándose, entre envíos que nunca llegan, plataformas que fallan, y la esperanza de que algún día, comprar por internet desde la ciudad autónoma deje de ser una aventura incierta.
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