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La magia de la salsa de Jorge Luis Sánchez

Dicen los entendidos que el flamenco nació entre Rumanía y España, que desde la piel de toro se exportó a Hispanoamérica y que allí –por eso se llaman algunos palos de ida y vuelta– regresó a bordo de las carabelas enriquecido. Pero allí, en el cono sur americano se quedó lo mejor de la fusión: la salsa, el merengue y la bachata.
Tras siglos de opacidad, en la década de los 70 revienta el fenómeno salsero gracias a figuras como Celia Cruz, Elvis Crespo, los Hermanos Rosario y tanta otra gente. Pues aquí, en Melilla hay un señor procedente de Cuba que vino a jugar al voleibol, le gustó este pueblo, se enamoró, se casó con Gloria y enseña a los melillenses a bailar salsa. Es Jorge Luis Sánchez.
Imparte su magisterio en diferentes rincones. En la actualidad lo hace en ‘Los Cabales’. Unas decenas de socios y amigos aprenden el noble arte de la salsa para así manejarse mejor en saraos, fiestas y locales de ambiente. Están aprendiendo admirablemente, claro, tienen un maestro de mucha categoría, el ‘negro’ Jorge Luis, el chico que llegó del Malecón para quedarse en la vieja Rusadir.
No es tan difícil como parece. Y es que hay gente que se fija en la armonía, en la belleza de los movimientos, en la sincronía… y piensa que la cosa tiene más complicación. Nada de eso: es cuestión de asumir el ritmo, ser disciplinado en los movimientos y dejarse llevar. La pareja es cuestión fundamental porque la salsa es un baile cómplice. Hay que llevarse bien a la fuerza y, si hay un poco de amor caliente, mejor.
El contoneo –dice Jorge Luis– no ha de ser exagerado, basta con llevar el ritmo y estar atentos a la cadencia de los bongos, sin perder de oreja el guión que marca la parte musical. No es lo mismo bailar ‘Usted abusó’ que ‘Lágrimas negras’, pieza que también tiene su versión salsera. Lo más recomendable es tener el cuerpo muy relajado, extremo que se consigue con un calentamiento previo, como los corredores de carrera continua.
Hay que escuchar atentamente a Jorge Luis Sánchez y fijarse en su cuerpo. Ese es el secreto para triunfar en la noche melillense. Juan Marcos Manjón lo entendió así desde el principio y decidió abrir las puertas de Los Cabales a todos los melillenses. Que no decaiga, ¡asúcar’.

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