Equipo de trabajo de Feafes Melilla. -Cedida por la entidad-
El duelo, la dificultad para expresar cómo nos sentimos y el paso de reconocer el malestar a pedir ayuda son los temas que atraviesan los tres relatos finalistas del IV Concurso Literario “Amparo Pérez Alamino”, organizado por Feafes Melilla Salud Mental bajo el lema “Haz Match con la Salud Mental”. La iniciativa, que busca acercar la salud mental a la población joven a través de la escritura, ha alcanzado este año una participación récord, con cerca de 170 trabajos recibidos desde distintos puntos de España. Una cifra que refleja el interés que despierta la convocatoria y que, al mismo tiempo, ofrece una mirada a las preocupaciones emocionales de las nuevas generaciones.
Belén Barceiro, trabajadora social de Feafes Melilla Salud Mental, explica que el propósito del certamen va más allá de la creación literaria. La organización pretende invitar a los jóvenes a detenerse, reflexionar sobre su bienestar emocional y encontrar en las palabras una vía para expresar experiencias, pensamientos y propuestas. En esta cuarta edición, el concurso ha puesto el foco especialmente en la salud mental infantojuvenil, en línea con la campaña impulsada con motivo del Día Mundial de la Salud Mental. Los textos presentados han abordado tanto vivencias personales como ideas para mejorar el bienestar en el entorno educativo, con iniciativas y planteamientos diversos que muestran distintas formas de entender y afrontar el malestar psicológico.
El primer premio ha recaído en Tomás Daniel Cuesta Cuesta por “El último audio de Marcos”, un relato que conecta dos cuestiones de plena actualidad: el proceso de duelo tras la muerte de un amigo y el uso de la inteligencia artificial como herramienta de acompañamiento emocional. La historia parte de un mensaje de voz que el protagonista recibe de Marcos antes de su fallecimiento. Incapaz de escuchar lo que podría ser el último recuerdo de su amigo, el joven queda atrapado entre la angustia y el temor a enfrentarse a una despedida definitiva. La resistencia a pulsar el botón de reproducción se convierte así en el centro de un duelo que todavía no encuentra la manera de afrontar.
La salida que encuentra el protagonista llega a través de una aplicación capaz de utilizar antiguas conversaciones de WhatsApp y correos electrónicos para generar una interacción que imita la manera de comunicarse de una persona. Al volcar los mensajes que había intercambiado con Marcos, comienza a conversar con una recreación digital de su amigo. Durante un tiempo, ese intercambio le proporciona una forma de alivio, una posibilidad de mantener el vínculo y aplazar el dolor de la pérdida. Sin embargo, lo que empieza como un recurso para sobrellevar el duelo termina convirtiéndose en una forma de dependencia. El joven se refugia cada vez más en esas conversaciones, entra en una dinámica de negación y comienza a aislarse de su entorno.
Según el resumen que hace Barceiro, el relato muestra el momento en que el protagonista empieza a comprender que aquellas interacciones lo están alejando de la realidad y que la inteligencia artificial no puede devolverle a su amigo. Ese reconocimiento le permite avanzar hacia la aceptación de la pérdida y, finalmente, escuchar el audio que había mantenido pendiente. El mensaje, lejos de ofrecer una respuesta extraordinaria, conserva la sencillez de una conversación cotidiana: Marcos le pide que baje y salga, porque lo está esperando. La escena adquiere un significado especial después del recorrido emocional del protagonista, que debe enfrentarse a la ausencia y recuperar el contacto con el mundo que había dejado en suspenso.
Para Barceiro, uno de los aspectos más interesantes del relato es precisamente la manera en que aborda una realidad que ya forma parte de la vida de los jóvenes. La trabajadora social señala que varios textos de esta edición reflexionan sobre el uso de la inteligencia artificial para expresar sentimientos, buscar apoyo o mantener conversaciones de carácter emocional, tanto a través de herramientas como ChatGPT como de servicios integrados en aplicaciones de mensajería. La tecnología aparece así no solo como un recurso narrativo, sino también como un fenómeno social que plantea preguntas sobre la soledad, los vínculos y las formas de afrontar el sufrimiento. Aunque el relato ganador explora esa posibilidad de acompañamiento, también advierte de los riesgos de convertir una simulación en sustituto de una relación humana y de utilizarla como refugio permanente frente a una pérdida.
El segundo reconocimiento ha sido para Rosa María Salido Peral, estudiante en Melilla, por “Haz Match con la Salud Mental”, un relato centrado en la importancia de reconocer y compartir las emociones dentro del aula. La historia presenta a una profesora que introduce una dinámica sencilla: cada día, los alumnos deben indicar cómo se sienten mediante tarjetas de distintos colores. La propuesta parte de una situación habitual en los centros educativos, donde a la pregunta de cómo están, muchos estudiantes responden automáticamente que bien, sin detenerse a explicar qué les ocurre. La rutina comienza a cambiar cuando una de las personas del grupo se atreve a señalar que ese día se siente regular.
A partir de ese gesto se abre un espacio compartido en el que los colores dejan de ser una actividad más para convertirse en una forma de expresar el estado de ánimo. Hay días verdes, en los que todo parece estar bien; otros naranjas, en los que el ánimo no acompaña, y también rojos, cuando el malestar es mayor. La dinámica permite comprender que no todas las personas necesitan lo mismo ni encuentran la misma manera de expresar lo que sienten. En ocasiones, alguien puede necesitar apoyo; en otras, basta con que otra persona permanezca cerca, escuche o acompañe en silencio. El relato pone el acento en la importancia de crear entornos educativos donde hablar de emociones no sea una excepción y donde admitir que uno no se encuentra bien no provoque vergüenza ni rechazo.
Barceiro destaca el valor de esta propuesta porque traslada la salud mental a un espacio cotidiano para la infancia y la adolescencia. En el aula, recuerda, las emociones pueden quedar relegadas frente a otras prioridades académicas, como si lo importante fuera continuar con la actividad habitual independientemente de cómo se encuentre cada estudiante. Frente a esa dinámica, el relato plantea una forma accesible de abrir conversaciones, detectar el malestar y respetar las distintas necesidades emocionales. No se trata de que todos los alumnos estén bien todos los días, sino de que puedan expresar cómo se encuentran y sepan que hacerlo es legítimo.
La tercera finalista es Abril Marín, autora de “Póngame con alguien”, una obra más breve que se construye a través de una conversación. Su protagonista va dejando entrever cómo se encuentra hasta llegar a una petición que concentra el sentido del relato: “Bueno, póngame con alguien, que sí que necesito ayuda”. El título funciona como una llamada que va tomando forma a medida que avanza el intercambio, hasta que la persona reconoce que no puede continuar sin apoyo. La historia aborda así una dificultad que, según Barceiro, sigue muy presente: el estigma asociado a pedir ayuda y la resistencia que muchas personas sienten a la hora de reconocer que están pasando por un momento complicado.
Los tres trabajos ofrecen enfoques distintos, pero comparten una misma preocupación: la necesidad de encontrar vías para expresar el malestar y afrontar las dificultades emocionales sin quedarse a solas con ellas. En uno, la tecnología se convierte en un refugio que termina mostrando sus límites; en otro, una dinámica colectiva facilita que los estudiantes hablen de sus emociones; en el tercero, la petición de ayuda aparece como el desenlace de una conversación que permite reconocer una necesidad. La variedad de planteamientos es, precisamente, uno de los elementos que la organización valora en el concurso.
Barceiro explica que la selección tiene en cuenta la relación de cada obra con el lema de la convocatoria, la originalidad y la calidad de la escritura, además de aspectos formales como la ortografía. El jurado está compuesto por dos profesionales técnicas y una integrante de la junta de la entidad, que realizan una primera lectura y selección de los trabajos. Durante ese proceso, señala, algunos temas tienden a repetirse, con relatos centrados en la depresión, el aislamiento o la dificultad para salir de casa. Por eso, las historias que aportan una perspectiva diferente o desarrollan de manera singular una cuestión conocida consiguen destacar.
La evolución de los temas también permite observar cómo cambian las preocupaciones sociales que encuentran espacio en la literatura. En ediciones anteriores, recuerda la trabajadora social, tuvieron presencia los trastornos de la conducta alimentaria y la conducta suicida. En el certamen del año pasado, uno de los relatos reconocidos abordaba el duelo de un padre tras la muerte de un hijo por suicidio, a través de una carta dirigida a la persona fallecida. Este año, la inteligencia artificial ha aparecido en varios textos, en consonancia con la extensión de estas herramientas y su incorporación a la vida cotidiana. Los relatos, de este modo, no solo recogen experiencias individuales, sino que también dejan ver las cuestiones que empiezan a ocupar un lugar destacado en las conversaciones sobre salud mental.
La convocatoria se dirige a jóvenes a partir de los 14 años, una franja de edad que coincide con una etapa especialmente relevante para la detección y la atención de los problemas de salud mental. Barceiro apunta que la mayor presencia de estas cuestiones en el debate público no significa necesariamente que antes no existieran, sino que hoy se habla más de bienestar emocional, gestión de las emociones y señales de malestar. También existe una mayor atención por parte de las familias, que buscan comprender cómo se encuentran sus hijos y reaccionan cuando detectan cambios o dificultades. La visibilidad creciente puede contribuir a identificar situaciones que antes permanecían silenciadas, aunque la realidad responde a múltiples factores y no a una única explicación.
Entre ellos, la trabajadora social señala también las circunstancias sociales y económicas que rodean a la infancia y la juventud. La precariedad laboral, las dificultades para iniciar un proyecto de vida y los obstáculos para alcanzar la emancipación forman parte de un contexto que puede afectar al bienestar emocional. Aunque estas situaciones se manifiesten de distintas maneras, sus consecuencias no se limitan a quienes las experimentan directamente: las dificultades de los adultos repercuten también en los niños y adolescentes, mientras que la sucesión de crisis sociales y políticas y las secuelas de la pandemia se añaden a un escenario de incertidumbre. En ese contexto, el concurso literario se presenta como una herramienta de sensibilización que permite acercarse a la salud mental desde la creatividad y la reflexión.
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