Melilla tiene dos nuevos espacios para recordar su pasado. Uno está junto a la Plaza de España y mira a uno de los episodios más difíciles de la historia de la ciudad. El otro se encuentra en el Cementerio de la Purísima Concepción y rinde homenaje a los marinos de la Armada que perdieron la vida en su defensa y en las campañas del norte de África. Son dos monumentos distintos, pero comparten una misma idea. Conservar la memoria de quienes participaron en acontecimientos que marcaron el rumbo de Melilla.
La importancia de estas obras va más allá de su presencia en las calles o en el camposanto. También permite acercar la historia a los ciudadanos y recordar que detrás de cada fecha hay personas, familias y vidas que quedaron ligadas al pasado de la ciudad.
La escultura El Socorro a Melilla, obra del artista Jesús García Ligero, se inauguró el 9 de octubre. El conjunto rinde homenaje a las tropas que acudieron en auxilio de la ciudad el 24 de julio de 1921, después del desastre de Annual.
El episodio forma parte de uno de los capítulos más duros de la historia militar española en el norte de África. Tras la derrota de Annual, Melilla quedó amenazada y la llegada de refuerzos fue decisiva para su defensa. Por eso, la obra no recuerda únicamente una operación militar. También representa el temor y la incertidumbre que vivió la población durante aquellos días.
El monumento está compuesto por una columna de estilo modernista y cuatro figuras protectoras que sostienen cadenas cuyos eslabones representan a soldados. El conjunto simboliza la protección que recibieron los habitantes de Melilla con la llegada de las tropas.
La escultura representa la certidumbre y la esperanza que aquellos refuerzos llevaron a miles de familias en el verano de 1921.
Situada en las inmediaciones de la Plaza de España, frente a la Delegación del Gobierno, la escultura incorpora este episodio al paisaje cotidiano de la ciudad. Quienes pasen por la zona podrán encontrarse con una parte de la historia local sin necesidad de acudir a un museo o consultar un libro.
Y ahí reside parte de su valor. Un monumento puede servir como punto de partida para explicar a las nuevas generaciones qué ocurrió en 1921 y por qué aquel verano ocupa un lugar destacado en la memoria melillense.
El segundo monumento se inauguró el 20 de octubre en el Cementerio de la Purísima Concepción. La Comandancia Naval de Melilla impulsó este homenaje a los marinos españoles fallecidos en la defensa de la ciudad y en las campañas del norte de África desde 1497. La placa recuerda a quienes perdieron la vida en estas operaciones, incluidos aquellos cuyos nombres se han perdido con el paso del tiempo.
Su ubicación también tiene significado. El nuevo espacio funerario se encuentra junto al Panteón del Ejército del Aire y permite dar un lugar propio a los marinos que murieron durante siglos de operaciones militares y de apoyo a Melilla.
La relación entre la Armada y la ciudad se remonta a la llegada de Pedro de Estopiñán en 1497. Desde entonces, los barcos han participado en la defensa de las costas, el transporte de refuerzos y el suministro de alimentos y municiones. También tuvieron un papel destacado durante episodios como la Guerra de Margallo, el desastre de Annual y el desembarco de Alhucemas de 1925.
El mar Mediterráneo ha sido durante siglos una vía de comunicación, una frontera y un escenario de enfrentamientos. El monumento quiere reconocer tanto a los marinos identificados como a aquellos cuya historia quedó sin registrar.
Porque no todos los que murieron dejaron un nombre que pueda leerse hoy en una placa. Algunos desaparecieron en el mar o quedaron en archivos que no han llegado hasta nuestros días. El homenaje pretende incluirlos a todos.
Aunque representan momentos diferentes, ambos monumentos ayudan a comprender la historia de Melilla desde dos escenarios muy ligados a su pasado: las calles y el mar. Uno recuerda la llegada de las tropas que acudieron a socorrer la ciudad en 1921. El otro amplía la mirada hasta cinco siglos de relación con la Armada.
También plantean un reto. No basta con inaugurar una escultura o descubrir una placa. Para que estos espacios cumplan una función cultural, es importante que los ciudadanos conozcan su significado y que las nuevas generaciones puedan acercarse a los acontecimientos que representan.
La historia local no se conserva únicamente en los libros ni en los archivos. También permanece en los lugares por los que pasan a diario los melillenses. Estos dos monumentos incorporan nuevos puntos de referencia a ese patrimonio y abren una oportunidad para explicar el pasado de la ciudad.
Su valor dependerá, en buena medida, de que el recuerdo no se quede en el día de la inauguración. Que quienes se detengan ante ellos sepan qué ocurrió, a quiénes homenajean y por qué forman parte de la historia de Melilla. Porque recordar también es una forma de conocer la ciudad en la que vivimos.
El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) aprobó ayer viernes el proyecto de…
La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y…
Los melillenses hablan. El Faro salió a las calles a preguntar a los habitantes qué…
La ministra de Defensa, Margarita Robles, estuvo ayer en Melilla para asistir a la toma…
Para hoy en Melilla, se esperan cielos poco nubosos o despejados. Las temperaturas presentarán pocos…