La Venerable y Muy Piadosa Cofradía del Santísimo Cristo de la Paz y de la Soledad de Nuestra Señora afronta la recta final hacia la Semana Santa con una preparación marcada por la experiencia, la organización interna y la implicación de sus miembros.
Así lo explica su hermano mayor, Francisco Javier Calderón, quien detalla que, a diferencia de otras hermandades, no realizan ensayos de salida como tal. La razón es sencilla. La mayoría de los portadores repiten cada año, lo que permite que todo esté “totalmente asumido” y que el funcionamiento del trono se desarrolle con precisión casi automática.
En lugar de ensayos, la cofradía centra sus esfuerzos en el tallaje de los portadores y en la distribución de los puestos. Este proceso resulta fundamental para garantizar que cada integrante conozca su ubicación exacta tanto en el trono del Cristo como en el de la Virgen.
En cuanto a la participación, la hermandad no atraviesa dificultades. El Cristo de la Paz cuenta con sus 110 portadores completamente cubiertos, mientras que el paso de la Virgen de la Soledad incluso supera la demanda disponible. Según el hermano mayor, existen muchísimas más solicitudes que plazas, lo que demuestra el arraigo y la devoción que despierta la titular.
El cortejo, por su parte, mantiene una estructura sobria en cuanto a nazarenos de túnica, aunque se complementa con distintos elementos tradicionales como estandartes, insignias y antorchas. Calderón reconoce que es difícil cuantificar con exactitud el número total de participantes, ya que muchos hermanos poseen su propia túnica y se incorporan directamente el día de la procesión. A ello se suma la presencia de numerosos fieles que acompañan especialmente a la Virgen con velas durante todo el recorrido, generando una estampa de recogimiento y devoción.
El ambiente interno de la cofradía es especialmente positivo este año. Tras la celebración del 75 aniversario, los cofrades continúan inmersos en una especie de “éxtasis” emocional que se traduce en ilusión y compromiso. La respuesta a las convocatorias ha sido rápida y sin incidencias, lo que evidencia el alto grado de implicación de los portadores y del conjunto de la hermandad.
En el apartado de novedades, la principal se centra en la Virgen de la Soledad, que lucirá por primera vez en su estación de penitencia el manto y la saya recuperados, estrenados previamente en una procesión extraordinaria. También portará el fajín entregado por el comandante general.
No obstante, no todo son certezas. La cofradía deberá modificar nuevamente su recorrido al no poder transitar por la tradicional escalera de la calle López Moreno debido al estado del edificio colindante. Esta situación, que ya se repite por segundo año, obliga a rediseñar el itinerario del recorrido.
Con todo preparado, la única preocupación real sigue siendo el tiempo. Calderón admite la inquietud que genera la previsión meteorológica, aunque confía en que las condiciones permitan realizar la estación de penitencia con normalidad. Mientras tanto, la cofradía mantiene intactas sus ganas, su organización y su fe, a la espera de que llegue el momento más esperado del año.
El inicio de la procesión estará marcado por el tradicional aldabonazo, que este año correrá a cargo del comandante general Luis Cortés Delgado. Este gesto simbólico supone la apertura oficial del desfile penitencial. La designación responde al reconocimiento por su colaboración con la cofradía durante el 75 aniversario, reforzando los vínculos institucionales y el carácter solemne del momento.
Francisco Javier Calderón, hermano mayor, representa la memoria viva de la cofradía. Nacido en 1951, el mismo año de su fundación, ha crecido vinculado a ella desde la infancia, en un entorno familiar profundamente cofrade. Hijo de antiguo hermano mayor y capataz, recuerda una niñez marcada por túnicas, preparativos y devoción.
Fue pieza clave en la reorganización de 1980 tras la inactividad de los años setenta, participando activamente en el resurgir de la Semana Santa melillense. Con más de 38 años de dedicación, ha ocupado distintas responsabilidades, consolidando un liderazgo basado en la experiencia. En la actualidad afronta esta etapa con emoción, destacando la implicación de los portadores y el compromiso colectivo.
El desagravio se mantiene como una tradición reservada hasta el último momento. Este año recaerá en una persona joven, muy vinculada a la cofradía, en una clara apuesta por el relevo generacional.
El cartel de este año muestra una imagen de la Virgen de la Soledad captada por Mercedes Benítez, conocida como ‘Merche Melilla’. La fotografía, tomada desde un ángulo inferior, resalta el rostro de la titular bajo la corona. La elección se realizó por consenso de la Junta de Gobierno, sin concurso. La autora, emocionada, destacó que buscaba una perspectiva distinta, logrando una imagen cargada de pena y luz.
El Cristo de la Paz es una imagen anónima que representa a Cristo muerto en la cruz. Restaurado en 1992, procesiona sobre un trono histórico de madera tallada.
La Virgen de la Soledad, obra de José Noguera Valverde en 1951, es una imagen de candelero de gran devoción. Su trono, réplica del original, destaca por su elegancia y proporciones.
Fundada en 1951 en el Sagrado Corazón de Jesús, la cofradía vivió una etapa inicial hasta 1974, cuando se suspendieron las procesiones. En 1980 protagonizó el resurgir de la Semana Santa melillense, impulsando la reorganización del resto de hermandades. Desde entonces mantiene su salida en la noche del Viernes Santo, consolidándose como una de las corporaciones más emblemáticas y constantes de la ciudad.
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