Bajo un sol cada vez más intenso y con la paciencia al límite, miles de personas han aguardado durante horas en la frontera entre Melilla y Marruecos con motivo del puente de mayo. Lo que debería ser una jornada de tránsito “normal", se ha convertido en una odisea que muchos califican de “inhumana”. Gritos de “¡basta ya!” han resonado entre los coches mientras que las cámaras de El Faro de Melilla pasaban entre ellos. Tanto a pie como en vehículo, familias enteras, incluyendo niños, ancianos y personas enfermas, esperaban para cruzar al país vecino.
El Faro de Melilla ha llegado a la frontera pasadas las 12:30 horas y, según los testimonios de las personas que allí se encontraban, los primeros vehículos empezaron a llegar a las cinco de la madrugada, muchos de ellos procedentes de lugares tan lejanos como Mallorca o Almería. “Yo viajo desde Mallorca, salí ayer a las dos de la tarde, cogí un barco, luego cuatro horas por carretera hasta Almería, de ahí a Melilla... y ahora estoy aquí desde las seis y media esperando”, ha contado un viajero, visiblemente agotado.
Las colas, que se extendían por varios kilómetros, avanzaban con una lentitud desesperante. “Aquí llevamos desde las cinco y media de la mañana. Y la gente que está más atrás lleva el mismo tiempo. Imagínate cuándo van a llegar”, se quejaba un hombre que viajaba con un amigo. Muchos compartían la misma escena: niños llorando hartos de esperar, ancianos sentados a la sombra de los coches y mujeres buscando intimidad entre los árboles para poder hacer sus necesidades ante la absoluta falta de servicios básicos.
La situación no es nueva, denuncian los afectados. Cada año, especialmente en fechas señaladas como Semana Santa, verano o puentes festivos, el caos se repite. “Esto pasa todos los años. Nunca hay una solución. Siempre lo mismo”, ha dicho una mujer que esperaba desde las siete de la mañana y que suele pasar con frecuencia la frontera.
Al preguntarles qué es lo que habría que hacer para que el tránsito fronterizo mejorase la respuesta que más se repetía era: “No sé, yo no voy a saber mejor que los Gobiernos qué es lo que hay que hacer. Que ellos lo organicen, pero esto cada vez es más lento”.
Para la mayoría, el viaje tenía el fin de visitar a familiares, atender emergencias médicas o simplemente regresar a casa. “Yo resido en España desde hace décadas, pero aprovecho los festivos para visitar a mis familiares”, ha comentado un hombre sentado en su coche con la puerta abierta para que entrase el aire.
Sin embargo, en la cola de las personas que querían pasar la frontera a pie destacaban más los viajeros cuyo objetivo era ir de turismo al país vecino. “Llevamos una hora esperando a pleno sol y lo que nos queda…”, se temían un grupo de chicas. “Queríamos aprovechar el día y salir de Melilla para hacer turismo, pero esto es frustrante y desesperante”, confesaron.
Pero lo que más indigna a los usuarios es la falta total de planificación y recursos. “El problema no es España, es Marruecos”, comentó uno. Sin embargo, en general coincidían en que hay una responsabilidad compartida que debe afrontarse de forma coordinada. “Por lo menos tendrían que poner tres o cuatro filas. Eso es lo mínimo”, pidió otro viajero. “El barco de Almería ha traído hoy más de mil personas y más de cuatrocientos coches. ¿Y cuántos policías hay sellando los pasaportes? Dos. Sólo dos. Eso no puede ser”.
La falta de infraestructuras básicas agrava aún más el problema. La caseta de aseos no estaba disponible, sin puntos de agua, ni sombra suficiente para cubrir a los cientos de vehículos y de personas a pie que permanecen parados durante horas. “Las mujeres se están yendo a los árboles para hacer sus necesidades. Esto es inhumano”, aseguró otro afectado.
A medida que se acerca el verano, la preocupación crece. Muchos de los presentes aseguran que lo peor está por venir. “Si ahora es así, imagina en julio. Ahí es un desastre total. Ni un día entero te da para cruzar”, explicaron. La imagen de familias pasando tantas horas atrapadas en sus vehículos, sin poder moverse, sin asistencia y sin un solo responsable que les informe, se repite con demasiada frecuencia en la ciudad autónoma.
Lo que debería ser una operación coordinada para facilitar el tránsito entre dos países vecinos, se ha convertido en una pesadilla para miles de ciudadanos que solo buscan reencontrarse con sus seres queridos o disfrutar de unos días de descanso y turismo. El malestar es generalizado y las protestas espontáneas como los gritos de “¡basta ya!” reflejan la indignación acumulada tras años de desatención desde la pandemia.
Los testimonios recopilados durante esta jornada en la frontera de Melilla han evidenciado una necesidad urgente de reformas estructurales y humanas. Más personal en los puestos de control, infraestructuras mínimas para el bienestar de los viajeros, señalización adecuada y, sobre todo, voluntad política para evitar que escenas como estas sigan siendo la norma cada vez que miles de personas deciden ejercer su derecho a viajar.
La Operación Paso del Estrecho (OPE), que comienza oficialmente en junio, ya asoma como telón de fondo de esta situación. La OPE es uno de los mayores movimientos migratorios del mundo, con más de tres millones de personas cruzando desde Europa hacia Marruecos durante los meses de verano. Muchos de estos desplazamientos pasan por Melilla, Ceuta o los puertos del sur de España como Algeciras o Almería. Si bien la OPE está diseñada para facilitar el tránsito con medidas de refuerzo y planificación, lo vivido este puente de mayo deja en evidencia que el sistema sigue teniendo graves carencias.
Con el verano a la vuelta de la esquina, la pregunta que todos se hacen es la misma: ¿se tomará alguna medida antes de que vuelva el colapso total?
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