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La generación Z marroquí exige reformas y marca distancia con el poder

Ya se han reportado tres muertos por las fuerzas policiales mientras continúan las protestas por todo el país

Las calles de Marruecos han sido tomadas en los últimos días por una oleada de protestas protagonizadas por jóvenes que pertenecen a la llamada “generación Z”. Bajo el lema de reformas sociales urgentes y con un profundo rechazo al Gobierno de Aziz Ajanuch, el movimiento ha sacado a miles de personas a manifestarse en distintas ciudades del país. Los jóvenes exigen, entre otros puntos, una mejora radical en los servicios públicos, especialmente en educación y sanidad, así como una mayor justicia social y transparencia en la gestión del Estado.

En estos últimos días, cientos de jóvenes se congregaron en el acomodado barrio de Agdal, en Rabat, para protagonizar una manifestación pacífica, la primera autorizada en la capital desde que comenzaron las movilizaciones el pasado sábado. Allí, en la calle Francia, se corearon consignas como "Queremos un buen hospital para jóvenes y ancianos", "Más escuelas y menos policías", o "Ajanuch, cobarde, el pueblo no se humilla".

La protesta fue convocada por el movimiento GENZ212, surgido recientemente en redes sociales y compuesto principalmente por jóvenes sin afiliación política conocida. A pesar de que la participación fue reducida, el acto atrajo la atención de medios nacionales e internacionales por su contenido simbólico: la juventud marroquí se expresa abiertamente contra el statu quo político y social, desafiando tanto al Ejecutivo como al aparato estatal.

"Queremos hospitales"

Uno de los puntos más repetidos en los cánticos de los manifestantes fue el rechazo a los proyectos millonarios destinados al Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal. “No queremos la copa del mundo, la salud primero”, repetían los jóvenes, en una clara crítica a la gestión de recursos del Gobierno, al que acusan de anteponer la imagen internacional del país a las necesidades reales de la ciudadanía.

Sufian Harhari, un estudiante universitario de 24 años, explicó a la agencia EFE que se trata de una movilización pacífica cuyo objetivo es "llamar la atención sobre el abandono que sufren sectores fundamentales como la educación y la sanidad, especialmente en zonas marginadas". Harhari, que nunca ha militado en partidos ni organizaciones políticas, aseguró que el movimiento no responde a consignas ideológicas sino a una frustración generacional acumulada.

Los datos oficiales apoyan esta denuncia. Según cifras del organismo de estadísticas marroquí, el país cuenta con apenas 15.000 médicos en el sistema público para una población de 37 millones de habitantes. La ratio, que se sitúa en cuatro médicos por cada 10.000 personas, está muy por debajo de los estándares recomendados por la OMS.

En el ámbito educativo, los jóvenes denuncian una paralización estructural con planes de estudio desfasados, falta de inversión en nuevas tecnologías y abandono escolar temprano, especialmente en áreas rurales.

Generación sin futuro

El fenómeno de las protestas ha tenido una rápida expansión. Además de Rabat, este pasado jueves se registraron manifestaciones similares en al menos otras doce ciudades, incluyendo Casablanca, Tetuán y Marrakech. Aunque no se reportaron incidentes graves en esta última jornada, los días previos estuvieron marcados por un preocupante nivel de violencia.

Según los datos del Ministerio del Interior marroquí, al menos 354 personas resultaron heridas, 326 de ellas agentes de seguridad, en enfrentamientos ocurridos en 23 provincias. En Laqliaa, al sur del país, tres jóvenes murieron el miércoles cuando efectivos de la Gendarmería abrieron fuego contra un grupo que intentaba asaltar un puesto y apoderarse de armas y municiones.

Los disturbios también provocaron daños materiales de consideración: 446 vehículos destruidos, entre ellos 271 patrullas policiales, además de 80 instalaciones públicas y privadas. El Ministerio subrayó que cerca del 70% de los implicados en los disturbios eran menores de edad.

Frente a la presión creciente, el presidente del Gobierno, Aziz Ajanuch, rompió el silencio durante la reunión semanal del Consejo de Gobierno. En su declaración, lamentó la “escalada de violencia” y afirmó que su Ejecutivo está “dispuesto a responder a las demandas de la sociedad”, además de abrirse al “diálogo y al debate dentro de las instituciones y los espacios públicos”.

Sin embargo, su intervención fue percibida como ambigua por parte de los manifestantes. Mientras el presidente llamaba al diálogo, alababa también la actuación de las fuerzas del orden, responsables de una represión que ya ha dejado tres muertos, según datos oficiales.

Crisis de legitimidad

El contexto político en el que se producen estas protestas no es menor. Tal como señalaba esta semana el diario ABC, Marruecos vive una creciente crisis de confianza entre la juventud y las instituciones del reinado de Mohamed VI, alimentada por el desempleo estructural, la falta de oportunidades y la percepción de una clase política alejada de los problemas reales de la sociedad. En ese sentido, las protestas de GENZ212 no solo cuestionan al Gobierno, sino al sistema en su conjunto.

Con un paro juvenil que ronda el 30%, un mercado laboral informal y un poder central que no logra conectar con las demandas sociales, el país se enfrenta a un desafío mayúsculo. La juventud marroquí ha dejado claro que no está dispuesta a permanecer en silencio.

La incógnita ahora es si las autoridades escucharán el grito que resuena en las calles o si, por el contrario, optarán por mantener el rumbo actual, agravando aún más la desconexión entre el Estado y sus ciudadanos más jóvenes.

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